Maestros del Caos

"En medio del caos, también reside la oportunidad": Sun Tzu.

Por Edgardo Pérez Alvelais

El jueves 11 de junio comienza el Mundial de Futbol 2026 y a Claudia Sheinbaum se le acumulan las crisis. Los diversos actores saben que los ojos del mundo están puestos en el país y mueven sus piezas en el tablero del Ajedrez Político para cobrar facturas, sacar raja y llevar agua a sus respectivos molinos.

Es tan grave la coyuntura que desde hace meses la presidenta y su War Room visualizaron que las encuestas, con todo y números positivos de popularidad presumidas en las Mañaneras, no eran suficientes para acudir al Estadio Azteca al juego inaugural de México vs Sudáfrica y optó por rifar, regalar sus boletos y luego irse a un evento controlado en el Zócalo. 

Saben que el Azteca es un escaparate en donde la gente va a gritar y desahogar sus inconformidades y frustraciones con el actual régimen, así como pasó el 31 de mayo de 1986 con el entonces presidente Miguel de la Madrid, quien fue recibido con una histórica silbatina, abucheos masivos y mentadas de madre por parte de los casi 100,000 asistentes al Coloso de Santa Úrsula durante la ceremonia de inicio la máxima justa deportiva del mundo.

La inconformidad social acumulada provocó que el mandatario apenas pudiera pronunciar su discurso de apertura debido al ensordecedor ruido de la tribuna. Había un gran descontento de la sociedad civil por la incompetencia de las autoridades ante el terremoto de 1985, se padecía una grave crisis económica con una inflación anual galopante que alcanzó el 159%, un desplome severo del poder adquisitivo, la rampante corrupción y el despilfarro en el gasto público.

San Luis Potosí era gobernada por Carlos Jonguitud Barrios que luego sostuvo un pleito con su sucesor Florencio Salazar Martínez, al que le tenía una celada, y cayó del poder por las consecuencias mediáticas de la represión a navistas del primero de enero de 1986 que fue videograbada por el periodista Juan José Rodríguez, alias ‘el tigre’, director de Hoy Informativo de Canal 13. Gobernación estuvo a punto de quitarle su concesión al Ing. José Morales Reyes que gracias a su amistad con Fausto Zapata Loredo pudo salvar la posesión de la televisora.

Hoy México enfrenta una compleja crisis estructural que entrelaza la violencia del crimen organizado, deficiencias en los servicios públicos esenciales y fuertes presiones de Donald Trump aunque digan que no es él. Aunque no lo admita la presidenta Sheinbaum, persisten la inseguridad, los asesinatos, hay más de 115,000 personas desaparecidas, una violencia extrema por pugnas territoriales de los diferentes cárteles que hacen que comunidades enteras tengan que dejar sus viviendas.

Aunque lo quieren minimizar, el tejido social está roto por lo que prometieron y no cumplieron. La misma Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), un Frankenstein que el mismo AMLO resucitó, ahora nos asfixia con sus protestas reclamando como cuervos que sacan los ojos lo que se les ofreció en campaña, y al final no les dieron, para que ganara Morena.

En los hospitales públicos del país -un botón de muestra es lo que diariamente padecen en el Central de SLP-, hay un persistente desabasto de medicamentos, falta de instrumental y personal que atienda a los enfermos, además de las constantes fallas en la cadena de distribución. Aunado a ello, hay una constante presión de los Estados Unidos para que se den resultados y sanciones por el tráfico de fentanilo -considerada arma de destrucción masiva-, que cada año mata a sus ciudadanos por decenas de miles, con una estructura que no sería posible sin la aquiescencia y complicidad de autoridades de todos los niveles de gobierno que por su tajada lo permiten.

México se encuentra en uno de los momentos más complejos de su vida política reciente. La Espada de Damocles pende sobre actores políticos mexicanos, las investigaciones relacionadas con narcotráfico y huachicol transnacional, la persistencia de la inseguridad, la escalada del conflicto magisterial, de transportistas y campesinos; las tensiones internas dentro de Morena rumbo a las elecciones de 2027 -ayer Coahuila no fue la excepción-, y los desafíos económicos que enfrenta el país. Todo ello conforma una cóctel problemas que pocas veces se habían presentado de manera simultánea en un mismo gobierno.

Por separado, cualquiera de estos asuntos tendría la capacidad de absorber buena parte de la atención de una administración federal. Juntos, forman un escenario que pone a prueba la capacidad de conducción política, negociación, operación institucional y estabilidad de la presidenta Sheinbaum. Y precisamente ahí radica la verdadera dimensión del problema. No estamos frente a una sola crisis. Estamos frente a la convergencia de varias crisis que comienzan a cruzarse y estallar entre sí.

El frente más delicado probablemente sea el internacional. Durante décadas, la relación entre México y Estados Unidos en materia de seguridad se concentró principalmente en la persecución de organizaciones criminales. Sin embargo, Washington ha comenzado a ampliar su interés hacia presuntas redes de protección política, financiamiento y vínculos institucionales que podrían facilitar la operación de los diversos grupos criminales.

Más allá de las investigaciones específicas o de cuál sea su desenlace jurídico, el simple hecho de que funcionarios y gobernadores mexicanos aparezcan bajo el escrutinio de autoridades estadounidenses representa un cambio significativo en la relación bilateral. La presión ya no se dirige exclusivamente hacia los cárteles. Ahora también apunta hacia las estructuras de poder que eventualmente podrían permitirles operar.

Para el gobierno mexicano, este escenario es particularmente incómodo. Por un lado, debe defender la soberanía nacional y rechazar cualquier percepción de intervención extranjera. Por otro, necesita mantener una relación funcional con el principal socio comercial de México en vísperas de la negociación del T-MEC, especialmente en un contexto internacional cada vez más complejo.

Al mismo tiempo, México enfrenta una transformación silenciosa de la criminalidad organizada. El huachicol dejó hace tiempo de ser únicamente el robo de combustible en ductos clandestinos. Las investigaciones recientes describen una actividad mucho más sofisticada que involucra empresas de transporte, operaciones aduanales, movimientos marítimos, redes financieras y esquemas internacionales de comercialización. En otras palabras, el huachicol evolucionó de un delito local a una industria criminal transnacional.

Lo preocupante es que esta actividad se ha convertido en una fuente multimillonaria de financiamiento para organizaciones criminales que también participan en narcotráfico, extorsión, tráfico de personas y lavado de dinero. Y mientras estos fenómenos evolucionan, el problema histórico de la seguridad continúa sin resolverse por completo.

Las organizaciones criminales mantienen presencia en amplias regiones del país, disputan corredores estratégicos, controlan rutas logísticas y continúan representando uno de los principales desafíos para el Estado mexicano. La violencia visible es apenas una parte del problema.

La otra parte, mucho más compleja, es la capacidad que estas estructuras han desarrollado para infiltrarse en actividades económicas, sociales e incluso políticas. Pero los desafíos de la presidenta Sheinbaum no terminan ahí. A la presión internacional y a la inseguridad se suma ahora un conflicto social de gran magnitud.

La CNTE mantiene una confrontación abierta con el gobierno federal por temas relacionados con salarios, pensiones, jubilaciones y reformas laborales. La importancia de este conflicto radica no sólo en sus demandas, sino en el momento elegido para ejercer presión incluso en aeropuertos.

La visibilidad internacional que ya tiene el país multiplica automáticamente el impacto político de cualquier protesta social, movilización o confrontación con las autoridades. Para el gobierno federal no existen soluciones sencillas. Conceder ampliamente genera presión fiscal. Negarse genera tensión política. Confrontar genera costos de imagen.

Mientras todo esto ocurre, otro problema comienza a desarrollarse dentro de las propias filas del partido gobernante. Morena sigue siendo la principal fuerza política nacional. Sin embargo, conforme se acerca el proceso electoral de 2027, empiezan a surgir disputas internas por posiciones de poder, candidaturas, liderazgos regionales y control territorial, además de la decepción cada vez mayor de quienes creyeron en sus preceptos que han sido violados sistemáticamente: “No robar, no mentir y no traicionar”. 

La salida de AMLO de la Presidencia modificó inevitablemente los equilibrios internos del movimiento. Hoy existen gobernadores con poder propio, liderazgos legislativos relevantes, grupos regionales consolidados y una presidenta que busca construir una identidad política propia sin romper con el legado del cada vez más cuestionado fundador de la 4T y sus hijos.

Hasta ahora esas tensiones permanecen bajo control. Pero su existencia es innegable. Finalmente, aparece el elemento que conecta todos los demás problemas: la economía. Cada conflicto tiene un costo. La seguridad, las demandas laborales, la infraestructura, los programas sociales y la estabilidad política cuestan. La capacidad del gobierno para responder a todos esos desafíos depende, en gran medida, de la fortaleza económica del país.

Por eso las finanzas públicas no pueden analizarse como un tema separado. Es el factor que determina cuánto margen de maniobra tiene realmente el Estado mexicano. La fotografía actual muestra a una presidenta cada vez más mermada en su respaldo popular. También muestra a una administración obligada a enfrentar simultáneamente presiones internas y externas de enorme magnitud. 

La pregunta ya no es si alguno de estos problemas puede convertirse en una crisis. Ya lo son. La cuestión es qué ocurrirá si todos evolucionan y le truenan al mismo tiempo. Si la presión de Washington aumenta. Si las investigaciones continúan escalando. Si el conflicto magisterial y de otros sectores se radicalizan. Si las tensiones internas de Morena crecen. Si la inseguridad continúa afectando regiones estratégicas. Si “vienen por unos y luego por otros” como ella misma manifestó preocupada y enojada en el Monumento a la Revolución.

Simultáneas:

– La cartita de AMLO. La reaparición del expresidente López Obrador con su carta titulada “Por el bien de todos, que regrese el otro Trump, solo es un control de daños que el presidente de Estados Unidos se va a pasar por el ‘Arco del Triunfo’. Tan lo saben que existe la versión que el Peje ya dejó Palenque para esconderse en algún lugar de la CDMX rodeado de militares para protegerlo por si al republicano se lo ocurre ir por él como lo hizo con Nicolás Maduro. El horno no está para bollos. Por eso Sheinbaum resiste la campaña de presión del Tío Sam. La presidenta decidió responder con una palabra que en México siempre pesa: soberanía. Su postura es que ninguna investigación contra autoridades mexicanas debe ser dictada desde la Casa Blanca, filtrada a medios extranjeros o utilizada como instrumento de presión política. En otras palabras: si hay pruebas, que se presenten; si hay delitos, que se investiguen; si hay culpables, que paguen. Pero no bajo amenaza, no por consigna y no por imposición. La realidad es que no se lo van a cumplir y seguirán bombardeándola.

– En la cuerda floja. El dilema es enorme, porque Sheinbaum camina sobre una cuerda muy delgada. Si protege a los señalados sin investigarlos a fondo, cargará con el costo político de la impunidad. Si acepta sin resistencia la narrativa de Washington, concederá que Estados Unidos puede marcar la agenda judicial y política de México. En ambos extremos hay riesgo. La diferencia es que ahora la presidenta parece haber entendido que ceder siempre no evita la presión: la alimenta. Durante meses, Trump elevó el tono contra México. Amenazó con aranceles, insinuó acciones militares contra los cárteles, exigió mayor cooperación en seguridad y trató el tema del narcotráfico como si México fuera una extensión fallida de la frontera estadounidense. La respuesta mexicana había sido prudente, casi defensiva. Pero el caso Rocha y su extensión con Durazo, Villarreal, y los que vengan, cambió la escala del conflicto. Ya no se trata solo de fentanilo, migración o cooperación bilateral; se trata de si Washington puede convertir una acusación penal en un mecanismo de intervención política. La verdadera prueba para Sheinbaum es saber resistir a Trump pero eso no basta. Tendrá que demostrar que la defensa de la soberanía no será usada para proteger a nadie. Porque si México quiere decir “hasta aquí” frente a Washington, primero debe tener autoridad moral para decir “hasta aquí” frente a sus propios esqueletos en el armario.

– Galindo abre la Caja de Pandora. El pasado sábado, un inusual Enrique Galindo sacó el hacha de guerra y, ¡fuera máscaras!, ante panistas que le gritaban “¡gobernador…gobernador!”, lanzó, como nunca antes, a los cuatro vientos: “Hoy vengo a decirles: Unidos, de verdad, no hay quién nos gane. El miedo es a que salga Acción Nacional desde hoy a tocar corazones, a tocar puertas, a tocar a nuestros amigos, a nuestros aliados. Y yo hoy los invito a ir juntos a hacer ese camino por el rescate a San Luis Potosí. Mi pregunta es: ¿Estamos listos?”, a lo que la militancia respondió al unísono: “¡Síííí…!”. Ahí estaban panistas de viejo cuño como el exgobernador Marcelo de los Santos, la secretaria general del Comité Ejecutivo Nacional (CEN), Karen Michel González Márquez y la dirigente estatal del blanquiazul, la senadora Verónica Rodríguez Hernández. Lejos quedó el alcalde diplomático para decir en forma retadora al oficialismo: “Yo no voy a dejar ese San Luis para mi nieto ni para sus hijos, ni para nadie. Hemos sacrificado democracia, calidad de vida y díganme si no: Muchos tuvieron miedo de venir hoy, ¿verdad?”, a lo que los presentes respondieron, con un largo y estruendoso, “¡Síííí…!”. El edil capitalino remató su sorprendente discurso diciendo: “Primero San Luis” pidiendo “unidad, organización y trabajo en equipo” pues -aseguró- “juntos somos invencibles, divididos somos vulnerables”. ¿Cómo será leído este disruptivo mensaje por el grupo gobernante en San Luis Potosí y cuáles serán sus efectos? Pronto lo veremos. 

¡Hasta el próximo lunes!

Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Astrolabio.

Es Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UASLP. Comenzó como reportero en Canal 13 y para la revista Jaque. Dirigió Canal 9 de SLP y conoció de cerca el modelo de Radio Canadá en Montreal. Ocupó cargos de producción audiovisual, monitoreo, síntesis y análisis en Comunicación Social de Gobierno del Estado y del Ayuntamiento de la capital. Fue ejecutivo de Proyectos Técnicos y Especiales del Centro Nacional de Supercómputo del IPICYT y en la iniciativa privada participó en Seguros ING y AXA. Actualmente se desempeña en el sector inmobiliario y es director de Ajedrez Político SLP. Twitter: @AlvelaisPerez.