13 años buscando a Perla Padrón: “No puedo dejar de buscarla, con ella se llevaron una parte de mi corazón”

Marcela Del Muro

El calor sofocante del verano comenzaba a sentirse en la carpa. Eran las primeras horas del 9 de agosto de 2019, Teresa Castillo se preparaba para iniciar la jornada de búsqueda mientras platicaba de los hallazgos de las primeras semana de exploración en ese inmenso campo de exterminio, tapizado de restos óseos calcinados, localizado en el ejido Matanzas, en Moctezuma. “Nos ponían la tierra en la criba y mejor íbamos sacando las piedritas y ramas porque todo lo demás eran dientes y huesitos bien quemados, que todavía olían a diesel”, contaba la madre buscadora.

La plática era un vaivén entre la aplastante angustia de la ausencia, la dolorosa realidad de encontrar todos esos huesitos maltratados y la luminosa esperanza de hallar a su hija Perla y a los hijos del colectivo de búsqueda al que pertenece, Voz y Dignidad por los Nuestros.

La menuda mujer, de rasgos finos y ojos tristes, guardó silencio, tomó aire y recordó que cuando Perla era una bebé no quería ni podía alejarse de ella, se sentía inquieta cuando su hija estaba lejos. Ahora sabe que son los temores normales de una mamá primeriza.“Pienso que llegué a ser un poco sobreprotectora”, dijo la madre mientras sonreía tímidamente, aunque esa sonrisa no se reflejó en su mirada. 

Tere Castillo, madre Perla Guadalupe Padrón, se prepara para un día de búsqueda durante la tercera jornada de búsqueda en la zona de exploración en el Ejido Matanzas, Moctezuma. Fotografía: Mauricio Palos

Desde hace 13 años, Teresa no ha parado de buscar a su hija Perla Guadalupe Padrón Castillo, quien fue desaparecida la madrugada del 14 de junio de 2013 junto a su esposo, José Alberto Gallegos, cuando un grupo de encapuchados con armas largas irrumpió en la casa donde vivía el matrimonio con sus dos hijos, un niño de siete años y una bebita de seis meses, en el municipio de Ciudad Fernández.

La suegra de Perla fue testigo del hecho. Unas horas después, su hijo menor fue detenido por supuestamente colaborar en un robo. El joven, que era menor de edad, fue torturado por la policía y posteriormente liberado. Las investigaciones apuntan a que ambos incidentes están relacionados y, quizá, hubo una confusión entre los hermanos; pero José Alberto y Perla siguen sin aparecer.

Buscar sola a una hija

Los vecinos de Perla comentaron haber visto, días antes de la desaparición, a integrantes del Mando Único Policial en la Zona Media inspeccionando los alrededores de la casa de los Gallegos. Las investigaciones los señalan como uno de los presuntos involucrados en la desaparición forzada de Perla y José Alberto.

Desde el primer día sin saber de Perla, Teresa salió a buscarla. Hizo fichas de búsqueda con la foto de su hija, de entonces 26 años; las fotocopió y las pegó por distintos puntos de Ciudad Fernández y Rioverde. Recorrió las calles de ambos municipios preguntando por ella, pero nadie sabía nada, nadie la había visto.

Casi a diario visitaba las oficinas de la Procuraduría, preguntando si había alguna novedad. La dejaban esperando durante horas para decirle que, como ella no había levantado la denuncia, no podía conocer los detalles. Tiempo después se enteró de que, en realidad, ningún policía ni ministerio público los buscó durante los primeros años de ausencia.

“Fue un tiempo muy difícil, muy doloroso. El único motivo que tenía para levantarme era buscarla, encontrarla. Pero, yo estaba muy deprimida, lloraba todo el día. Me despertaba, agarraba a mi niña (su nieta, la hija de Perla, que tenía meses de nacida) y nos íbamos en camión o caminando hasta donde fuera, a preguntar, a buscarla”, recuerda Teresa.

El esposo, el hijo mayor y las hermanas de Teresa estaban muy preocupados por su salud. Las semanas se volvieron meses y los meses, años; nada se sabía de Perla ni de José Alberto. Mientras tanto, veían cómo Teresa se iba apagando por el dolor y la desesperación de no saber nada de su única hija.

“En una decisión desesperada me fui al Distrito Federal para buscar ayuda del gobierno federal. Me habían dicho que era una de las maneras para encontrarla porque ni en Rioverde ni en San Luis hacían nada por nosotros. Pero, tampoco logramos nada allá”, relata la madre.

Varios años después, mientras recorría las calles de Rioverde preguntando por su hija, una persona le aseguró que hacía tiempo la había visto en un bar del pueblo. Teresa acudió a la policía a buscar ayuda, pero nadie le hizo caso. Se fue sola a buscar el lugar, pese a la advertencia de quien le dio la información.

Cuando lo encontró, ya no había bar, el sitio estaba abandonado. Preguntó a los vecinos por la persona que manejaba aquella cantina donde, supuestamente, también se explotaba a mujeres. La dueña se había ido del municipio un par de años atrás; se creía que estaba en Estados Unidos, pero en realidad nadie sabía nada de ella.

Perla Padrón, siempre presente

Perla Padrón posa en una motocicleta de policía en un parque de diversiones en el Distrito Federal, hoy Ciudad de México. Ella siempre soñó con ser policía. Fotografía: Archivo familiar.

Era un domingo de abril de 2024. La mesa del comedor de Teresa se encontraba tapizada de fotografías: una pequeña niña de ojos grandes y carita redonda sonríe, viste un traje típico con falda ampona blanca y un pañuelo bordado a la cintura. En otra imagen, una joven con uniforme de taekwondo lanza una patada muy alta en una exhibición. En otra, una mujer de sonrisa amplia posa sobre una motocicleta de policía. También aparece una joven pareja que sonríe y se abraza mientras parte el pastel de su baby shower.

Teresa explica que a Perla le gustaba mucho practicar artes marciales, eso le fue forjando el carácter y la disciplina. Con el tiempo, comenzó a soñar con ser policía, quería entrar a la academia y proteger a la gente de su pueblo. Pero, el sueño se fue postergando, tuvo familia muy joven y se dedicó de lleno a sus hijos.

La madre platica de su única hija y acomoda varias veces la foto de su graduación de preparatoria, donde salen juntas, abrazadas. Todo el recorrido de la vida de Perla está sobre la mesa del comedor de su mamá: desde que era bebé hasta la foto con su esposo y termina con la primera ficha de búsqueda que realizó su familia.

“Es muy difícil que las personas entiendan el dolor que provoca no saber dónde está tu hijo. Yo no puedo dejar de buscarla. Con ella se llevaron una parte de mi corazón. Desde que la perdí, empecé a perder muchas otras cosas valiosas que no me percataba que las tenía: perdí mi paz, tranquilidad, mi sueño, mi alegría y perdí mi hogar”, dice Teresa.

La desaparición de Perla cambió la dinámica familiar de los Padrón Castillo. Teresa ha centrado su vida al cuidado de sus hijos, sus dos nietos y a la búsqueda de su hija. Dividir el tiempo entre su familia y la búsqueda, que es tan desgastante y absorbente, le ha traído muchas culpas. “Yo quisiera dedicarme a ellos (a su familia) al 100 por ciento, para que ya no se preocupen cada que salgo, pero no puedo dejar esto, no puedo quedarme sin encontrar a Perla. No puedo”.

Si tienes alguna información sobre el paradero de Perla Guadalupe Padrón Castillo o de su esposo, José Alberto Gallegos, puedes escribir de forma anónima a las redes sociales del colectivo Voz y Dignidad por los Nuestros SLP.

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