Estela Ambriz Delgado
El presidente del Consejo Hídrico Estatal (CHE), Jonathan Quintero García, estimó que la posibilidad de un nuevo corredor industrial al norte de la ciudad generaría mayor presión sobre el acuífero, y podría dejar a la mancha urbana expuesta a emisiones provenientes de ambos extremos del valle, aumentando la degradación ambiental y los efectos sobre la población que ya padece una deficiente calidad del aire, además de ocasionar un incremento de la especulación inmobiliaria en el área.
En relación al análisis de la creación de una zona industrial de bajo impacto en el norte de la capital, que realiza el Instituto Municipal de Planeación (Implan) dentro de la actualización del Programa de Desarrollo Urbano, el investigador especialista en Ciencias del Hábitat y en Diseño Urbano y del Paisaje, subrayó que este debe hacerse con una visión integral de largo plazo, basada en evidencia científica y en los principios del ordenamiento territorial integral.
Asimismo, puntualizó que si bien en los primeros planteamientos de crecimiento urbano se llegó a considerar esa zona como una alternativa para la ubicación del corredor industrial, las condiciones ambientales, sociales y territoriales actuales son muy distintas a las de hace varias décadas, por lo que la decisión no debe analizarse únicamente desde una perspectiva de crecimiento económico.
Quintero García expresó que impulsar una nueva expansión industrial hacia el norte no representa una opción conveniente ni sostenible para el futuro de la metrópoli, pues esta zona ya enfrenta una fuerte presión sobre sus recursos naturales, especialmente sobre el agua.
“El acuífero del que depende la mayor parte del abastecimiento de la zona metropolitana presenta un importante déficit, mientras que diversas comunidades y fraccionamientos han manifestado desde hace años afectaciones relacionadas con la disponibilidad del agua, la contaminación del aire, del suelo y de las escorrentías, muchas de ellas relacionadas con las actividades de algunas industrias ya establecidas en aquella zona”.
A esto se suma la pérdida constante de áreas naturales que permiten la infiltración del agua de lluvia, lo que incrementa tanto el riesgo de inundaciones como el deterioro de los ecosistemas.
Agregó que también es importante considerar el comportamiento natural del valle, ya que debido a su configuración geográfica y a la dinámica de los vientos dominantes, los contaminantes emitidos por una zona industrial no permanecen únicamente en el lugar donde se generan, sino que pueden desplazarse hacia distintas áreas de la ciudad donde habitan miles de personas.
El investigador explicó esto significa que los impactos potenciales sobre la calidad del aire y la salud pública trascienden más allá de los límites del parque industrial. Por lo cual, si además de la actual zona industrial ubicada al suroriente se promoviera un nuevo corredor industrial al norte de la ciudad, la mancha urbana podría quedar atrapada y expuesta a emisiones provenientes de ambos extremos del valle.
Este escenario aumentaría la degradación ambiental y su afectación sobre la población y reduciría la capacidad del territorio para mantener una adecuada calidad del aire.
Además advirtió que podrían sumarse procesos indirectos de transformación del suelo, como el incremento de la especulación inmobiliaria y la presión sobre comunidades y asentamientos vulnerables debido a conflictos por el uso del territorio, provocados por los despojos de tierras, desplazamientos forzados, contratos ventajosos, fraudes inmobiliarios, acosos y amedrentamientos, lo que ya ha sido documentado en otras zonas de crecimiento urbano de la ciudad, como las franjas sur y poniente colindantes a la Sierra de San Miguelito y la Zona Industrial ya existente.
El presidente del CHE subrayó que la planeación urbana contemporánea ya no evalúa este tipo de proyectos de manera aislada, y hoy se analizan los efectos acumulativos sobre el territorio, el agua, la calidad del aire, la biodiversidad, la salud pública, la movilidad y la capacidad de adaptación frente al cambio climático.
“Bajo esta visión, la prioridad no debería ser abrir nuevas zonas industriales que detrás tienen intereses económicos industriales, inmobiliarios y políticos, sino mejorar y reconvertir las que ya existen mediante procesos de innovación tecnológica, eficiencia energética, reducción de emisiones, reúso del agua, tratamiento adecuado de residuos, monitoreo ambiental permanente y una protección mucho más estricta de las áreas estratégicas para la recarga del acuífero y la regulación del ciclo hidrológico”.
En este sentido, señaló que el estado necesita generar inversión y empleo, pero el desarrollo económico no puede construirse a costa del deterioro ambiental ni del bienestar de la población. Por ello, el desafío consiste en demostrar que es posible impulsar una economía circular y competitiva que respete los límites ecológicos del territorio.
Concluyó que, más que crecer sin control y de manera desigual, se debe aprender a planear mejor la ciudad de manera sostenible e integral, aprovechar de manera más eficiente los espacios industriales existentes, así como construir un modelo de desarrollo que garantice una movilidad segura y eficiente; equipamientos con buena calidad; áreas verdes de manera equitativa; equipamientos e infraestructuras sostenibles e igualitarias; agua, aire limpio y una mejor calidad de vida de manera equitativa y justa para las generaciones presentes y futuras.





