Foro sobre adicciones plantea profesionalizar atención y fortalecer acompañamiento familiar

Fernanda Durán

El Foro Nacional de Salud Mental y Adicciones realizado este fin de semana colocó entre sus principales planteamientos la necesidad de profesionalizar los centros de tratamiento, ofrecer atención individualizada, involucrar a las familias y acompañar a las personas más allá de la suspensión del consumo, hasta su recuperación emocional y reinserción social.

En medio de la discusión que existe en el Congreso del Estado sobre distintas propuestas para regular los llamados anexos, el encuentro impulsado por Movimiento Ciudadano reunió a especialistas, consejeros, personas en recuperación, responsables de centros de atención y familiares. Sus operadores han buscado acercamientos con diversas bancadas para insistir en que cualquier reforma considere la experiencia de quienes atienden las adicciones y de las familias que recurren a estos espacios.

Moisés Sánchez, conocido como “Admin Mochis”, señaló que abandonar el consumo representa apenas el comienzo de un proceso más amplio, en el que la persona debe reconocer sus necesidades emocionales, aceptar ayuda profesional y reconstruir un propósito de vida.

“La sobriedad no es la meta; es el inicio de nuestra vida”, expresó.

Desde su experiencia como consejero en adicciones e intervencionista familiar, explicó que el tratamiento también debe considerar la estabilidad emocional, el acompañamiento psicológico y la reparación de las relaciones afectadas durante el periodo de consumo.

Además, llamó a madres y padres de familia a observar los cambios emocionales y conductuales de niñas, niños y adolescentes, pues la atención temprana puede evitar que los problemas de salud mental o el consumo de sustancias avancen sin acompañamiento.

La doctora Alejandra Sierra advirtió que no existe un tratamiento único para todas las personas, debido a que las condiciones cambian según la sustancia consumida, la historia personal, el entorno familiar y los problemas emocionales asociados.

Por ello, planteó la necesidad de profesionalizar la atención y diseñar procesos individualizados, con participación de especialistas en psicología y psiquiatría, centros de tratamiento, instituciones educativas y autoridades.

La recuperación, explicó, no debe reducirse al abandono de una sustancia, sino que debe incluir el fortalecimiento de la autoestima, el aprendizaje de nuevas conductas y la capacidad de establecer relaciones saludables.

Este enfoque también implica atender las causas y consecuencias emocionales del consumo, así como preparar a las personas para regresar a entornos en los que podrían encontrarse nuevamente con conflictos familiares, falta de empleo, rechazo social o acceso a sustancias.

Óscar Hernández Muriel, “Padrino Barney”, quien compartió su experiencia de más de tres décadas en recuperación, señaló que los grupos, clínicas y centros de tratamiento pueden ofrecer estructura, contención y comunidad, pero el proceso requiere constancia, autoconocimiento y responsabilidad personal.

Indicó que la rehabilitación implica aprender a vivir sin recurrir al consumo y trabajar los problemas mentales y emocionales que pueden encontrarse detrás de una adicción.

También pidió combatir los prejuicios hacia quienes atraviesan estos procesos, pues el estigma puede dificultar su reinserción y limitar sus posibilidades de encontrar empleo, retomar sus estudios o reconstruir sus relaciones.

La afectación, añadió, no recae únicamente en quien consume, sino también en madres, padres, parejas, hijas, hijos y otras personas cercanas, quienes frecuentemente enfrentan desgaste emocional, incertidumbre y dificultades para saber cómo intervenir.

Las participaciones coincidieron en que una eventual regulación de los centros de rehabilitación no debería limitarse a establecer requisitos administrativos, sino contemplar la profesionalización de la atención, el acompañamiento familiar y la continuidad de los procesos una vez que las personas egresan de estos espacios.