Comité de Defensa de Cerro Gordo presenta informe independiente con una propuesta de investigación arqueológica

Estela Ambriz Delgado

El Comité de Defensa de Cerro Gordo presentó una solicitud al Centro San Luis Potosí del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) para que se les entregue copia del informe sobre la inspección que se llevó a cabo en el sitio, se discuta y confronte con un análisis preliminar independiente, así como la fundamentación para afirmar que el sitio es propiedad privada.

Luego de que el día de ayer no pudieron ser recibidos en las oficinas de la institución debido a que no se encontraba nadie más que el personal de seguridad, integrantes del comité entregaron el documento este miércoles 26 de agosto, en el que anexan un informe preliminar sobre el potencial arqueológico y territorial en Cerro Gordo del municipio de Zaragoza, elaborado por el maestro en Ciencias del Hábitat Adolfo Rojano Guido.

Al respecto puntualizan al Centro INAH que solicitan que este análisis sea discutido en una mesa de trabajo donde participe la comunidad y los integrantes del colectivo Guardianes de la Sierra de San Miguelito que los apoyan.

Asimismo, piden se informe de manera fundada y motivada, las causales para suspender o no las actividades consistentes en el uso de explosivos en el Cerro Gordo, en el sentido de que el INAH ha planteado que la totalidad de dicha superficie es de propiedad privada sin acreditar su dicho.

El comité también adjunta a su solicitud un archivo con documentos que han sido gestionados ante el Registro Agrario Nacional (RAN), sin que a la fecha puedan ser considerados como documentos de cambio de destino de las tierras donde se ubica el cerro, ni total ni parcialmente.

Análisis del potencial arqueológico

En el informe elaborado por Rojano Guido, se establece que Cerro Gordo presenta evidencias arqueológicas que indican una utilización humana antigua más compleja de lo que inicialmente podía suponerse.

Por ello, apunta a que el objetivo del documento es reunir de manera breve las observaciones realizadas en campo, la información proporcionada por el Centro INAH, el contexto geológico y una serie de nuevas imágenes obtenidas mediante dron, con el fin de explicar, conservar y estudiar integralmente el cerro antes de que nuevas modificaciones destruyan información que todavía no ha sido investigada.

De igual forma, en los antecedentes se señala que, ante lo establecido por la dependencia tras la inspección que realizaron el 11 de agosto, que confirma que existe evidencia correspondiente al menos a un campamento de recolectores-cazadores de mediano tamaño, la discusión se centra en conocer la extensión del sitio, el tiempo que fue utilizado, las actividades que se desarrollaron y cómo se relacionaban éstas con el relieve y el territorio.

Respecto al posible uso de este, el investigador puntualiza que la información disponible indica que Cerro Gordo pudo ser utilizado para diversas actividades, entre estas como un lugar funerario, pues además de las evidencias halladas por el propio Centro INAH como puntas de proyectil, lascas y piezas en proceso de elaboración, se suman otros elementos observados en diferentes sectores del cerro: puntas de proyectil y otros materiales líticos, una vasija cerámica, concentraciones de piedra en las faldas (algunas de posible interés funerario), círculos y otros arreglos pétreos, puntos elevados con amplia visibilidad del territorio, una estructura en roca en la parte alta del cerro y otros sectores que todavía requieren prospección.

Se precisa que, las puntas de proyectil pueden estar relacionadas con actividades como la cacería, aunque su antigüedad, función y sistema de arma deberán establecerse mediante estudios tecnológicos y tipológicos.

Su presencia, junto con las lascas y piezas en proceso de manufactura registradas por el INAH, así como una vasija cerámica encontrada por habitantes de la comunidad (que requiere registro y análisis cerámico especializado antes de establecer su cronología o filiación cultural), amplía el conjunto de evidencias conocidas y hace necesario estudiar si Cerro Gordo fue utilizado durante un solo periodo o si conserva vestigios correspondientes a diferentes momentos de ocupación.

El informe establece también que se han localizado piedras acomodadas formando círculos y otros arreglos pétreos, lo que lleva a plantear la hipótesis de que algunas de estas estructuras hayan sido utilizadas para contener o controlar fuego, como fogones o áreas de calentamiento.

Algunos de estos lugares se encuentran además en puntos desde los cuales existe una amplia visibilidad de las laderas, accesos y territorio circundante, lo que permite al investigador plantear como hipótesis que determinados sectores pudieron funcionar como puntos de observación, útiles para la cacería, la vigilancia de recursos, la orientación o para reconocer el movimiento de personas y animales en los alrededores.

Por otra parte, plantea una posible función funeraria de las concentraciones pétreas identificadas mediante fotografía de dron en las faldas, que presentan características diferentes de los círculos antes mencionados. Algunas poseen formas circulares u ovales y una concentración de piedras mayor que el terreno inmediato.

“En conjunto, las evidencias observadas permiten plantear que Cerro Gordo pudo ser utilizado para distintas actividades, como campamento, manufactura lítica, cacería, tránsito, observación del territorio, uso del fuego y posiblemente, prácticas funerarias, quizá en diferentes momentos. Esta forma de estudiar conjuntamente los vestigios y su relación con el territorio corresponde a los enfoques de arqueología del paisaje y arqueología contextual”.

Asimismo, el informe preliminar destaca una estructura localizada en la parte alta del Cerro Gordo, de la que existe memoria local acerca de un entierro y de objetos encontrados antiguamente en este punto, antes de que el lugar fuera saqueado.

El también geólogo detalla que, aunque derivado de la inspección el 11 de agosto el INAH dijo no haber identificado restos humanos, tumbas ni estructuras excavadas y consideró que la oquedad correspondía a una formación natural relacionada con la geología del cerro, la observación realizada para el informe lleva a una interpretación diferente que debe investigarse antes de considerar resuelto el problema.

“La estructura parece aprovechar fracturas naturales de la roca, pero presenta características que hacen razonable considerar que una discontinuidad originalmente natural pudo haber sido posteriormente ampliada, acondicionada o tallada por seres humanos. Esta posibilidad es geológicamente coherente”, apunta.

Por lo tanto, considera que es viable investigar la posibilidad de una estructura geológica natural cuyas fracturas fueron aprovechadas posteriormente para retirar bloques y acondicionar una cavidad. Además de que indica el estudio concreto que requiere, y hace un análisis de la ubicación de la estructura y sus posibles ventajas.

En cuanto a las fotografías obtenidas con dron, se puntualiza que permiten distinguir concentraciones pétreas y otros rasgos superficiales que se diferencian visualmente del terreno inmediato, las cuales deben considerarse concentraciones pétreas de posible origen antrópico y función indeterminada, aunque algunas presentan semejanzas superficiales con estructuras funerarias conocidas arqueológicamente.

Al respecto se subraya que, en un contexto regional cercano, el Cerro de Silva en el ejido El Mezquital del municipio de Villa de Arriaga, cuenta con entierros arqueológicamente documentados, y en el mismo se han observado además concentraciones pétreas cuya función todavía requiere investigación.

En este sentido, Rojano Guido expresa que la presencia de contextos funerarios en Cerro de Silva y los indicios observados en Cerro Gordo permiten cuestionar si en la región existió algún patrón de selección de cerros, laderas o afloramientos rocosos para prácticas funerarias y otras actividades territoriales en esta región del estado, para lo que se requiere comparar los sitios, su distribución, topografía y contextos arqueológicos.

En el documento se enlistan 11 acciones concretas con base en el análisis realizado, a fin de comprobar las diversas hipótesis que surgen, así como conservar y resguardar los diversos vestigios. Además de que se concluye que la importancia arqueológica de Cerro Gordo no reside únicamente en las piezas recuperadas, sino también en la relación que los vestigios mantienen con el lugar donde se encuentran.

“La evidencia disponible permite plantear, como hipótesis de trabajo, un territorio utilizado para diferentes actividades y posiblemente en distintos momentos, entre ellas campamento, manufactura lítica, cacería, circulación, uso del fuego, observación del entorno y posibles prácticas funerarias. Su importancia reside también en las relaciones espaciales entre los vestigios, la roca, las laderas, los caminos, la topografía y la visibilidad. Estas relaciones forman parte de la información necesaria para comprender cómo fue utilizado el cerro”.

Por ello el investigador considera que es fundamental investigar y documentar este sitio antes de que nuevas transformaciones alteren de manera irreversible su contexto, pues lo que todavía no ha sido identificado o excavado forma parte de su potencial arqueológico, el cual no puede recuperarse una vez destruida su relación con el territorio.

“Sólo mediante una investigación sistemática, interdisciplinaria y territorial será posible determinar la naturaleza de las estructuras observadas, establecer su cronología y función, y comprender adecuadamente la historia arqueológica de Cerro Gordo como un conjunto”.