Por Victoriano Martínez

Como acción afirmativa, indudablemente el ajuste a la convocatoria de Morena para elegir candidata, y no candidato, a la gubernatura resultó valioso. El alto número de precandidatas que se inscribieron muestra, independientemente de la motivación de cada una de ellas, el ánimo participativo favorecido por la cuota de género.

Lo lamentable es que tal apertura se da en una época en la que la crisis en el sistema de partidos los ha convertido, más que nunca, en agencias de colocaciones abiertas a cualquiera, sin importar afiliación, porque se privilegia la utilidad del personaje –sea hombre o mujer– a los intereses de grupo –sea por impunidad del rebaño o impunidad propia o ambas– por encima de la convicción de un programa ideológico de gobierno que pretenda servir al interés general.

El 4 de diciembre, cuando la convocatoria de Morena aún era mixta, trece aspirantes parecieron muchos y que, de entre todos, sólo se registraran tres mujeres tenía la apariencia de una anotación al margen que sólo hacía notar que ellas también podían participar.

María del Consuelo Jonguitud Munguía, Marcelina Oviedo Oviedo y Francisca Reséndiz Lara fueron las tres mujeres que en ese primer momento creyeron en condiciones para competir con los varones, en tanto que –en sentido opuesto– las 15 registradas este lunes tras el ajuste a la convocatoria, habrían descartado la posibilidad ante una potencial primacía masculina.

Limitada la competencia sólo para mujeres, claramente reactivó un ánimo participativo sin precedentes que incluso podría considerarse excesivo pero que, en todo caso, no deja de ser la expresión de la voluntad –previamente frustrada por las razones que hayan sido– de las nuevas participantes. Ellas son:

Alejandra Adams Gallegos, Paloma Rachel Aguilar Correa, María Josefina Banda Zermeño, Teresa Carrizales Hernández, Adriana Domínguez, Margarita Domínguez López, Luz María Lastras Martínez, Blanca Rosa López Gallegos, Angélica Mendoza Camacho, Marisela Oliva Espinosa, Mónica Liliana Rangel Martínez, Blanca Leticia Rocha Velázquez, Yeraldi Rodríguez Alonso, Pilar Valdez Martínez y Norma Valles.

Aunque el cambio en las reglas amplió la lista a 18 mujeres aspirantes, las jugadas politiqueras tras bambalinas muestran que para los intereses de grupo –sea por impunidad del rebaño o impunidad propia o ambas– la prioridad es prevalecer, con equidad de género o sin ella. Por ello sobresalen de la lista dos aspirantes: Paloma Rachel Aguilar Correa y Mónica Liliana Rangel Martínez.

Aguilar Correa y Rangel Martínez destacan por ser identificadas, cual piezas desplegadas en un tablero electorero, con los intereses de los grupos a los que pertenecen. La primera como representación de genuina morenista en defensa de la Cuarta Transformación, y la segunda como emisaria del grupo del gobernador Juan Manuel Carreras López para su tranquilidad transexenal.

Tan descompuesto está el sistema de partidos, que una genuina morenista podría sucumbir ante los arreglos que pudieran darse en la verdadera encuesta que definirá la candidatura que –todo indica– no se levanta entre la ciudadanía, sino que sopesa los acuerdos cupulares que desdibujan la existencia de partidos políticos para seleccionar a quien mejor sirva a sus objetivos.

Unos objetivos que pueden ir desde la intención del presidente Andrés Manuel López Obrador de contar con quien verdaderamente encabece aquí su 4T, los de Mario Delgado y su interés personal y político de impulsar a su amigo Ricardo Gallardo Cardona, o los de Carreras López y su urgencia de transitar sin problema su séptimo año.

De acuerdo con el ajuste a la convocatoria de Morena, a más tardar el 26 de enero se publicará la relación de solicitudes de registro aprobadas y a más tardar el 31 de enero se publicará la candidata a Gobernadora. Plazos suficientes para ligar la visita de López Obrador el próximo fin de semana con esas definiciones.

Sin duda el ajuste a la convocatoria de Morena es una acción afirmativa en materia de equidad de género, pero también no hay duda de que la politiquería de los partidos, en su afán por prevalecer, salpica la voluntad participativa femenina.