Adiós, CEGAIP, no te extrañaremos

Alejandro Rubio

Aunque la Comisión Estatal de Garantía de Acceso a la Información Pública lleve años siendo un fantasma que solo ronda el presupuesto estatal, es lamentable la extinción del organismo causada por decenas de funcionarios que tan solo lo vieron como una oficina más para saldar favores y cuentas políticas, mediante la contratación de personas sin experiencia; un mal que se extiende en la mayoría de las oficinas de transparencia de los sujetos obligados en todo el estado y, muy seguramente, seguirá prevaleciendo después de que se extinga la CEGAIP.

Así como las elecciones, la transparencia también es un mecanismo de participación ciudadana, el cual permite involucrarse en la rendición de cuentas de los sujetos obligados. Si el voto ha sido un derecho menospreciado por gran parte de los electores y funcionarios públicos, ni hablar de la transparencia, una herramienta casi desaparecida de la conversación pública.

He ahí el primer fallo de organismos como la CEGAIP y que justifica su desaparición. En años de existencia no hubo interés en la difusión y el aprendizaje del derecho de acceso a la información pública. En los últimos seis meses, en la página de Facebook del organismo, no hay ni una sola publicación alusiva a cómo ejercer este derecho. Ni si quiera a través de redes sociales, plataformas masivas de uso gratuito, la Comisión hace el intento de decirle a los ciudadanos: “Oye, para esto sirve que se gasten tus impuestos en mí”.

Pero el problema no está en las leyes, es más, en el papel local hay 363 obligaciones que deben cumplir los sujetos obligados en materia de transparencia, incluso son 109 más de las que prevé la Ley General de Transparencia.

Si se cumplieran a cabalidad, conoceríamos de principio a fin lo que el gobernador Ricardo Gallardo Cardona trató en sus últimas reuniones con el alcalde Enrique Galindo Ceballos, la presidenta estatal de Morena Rita Ozalia Rodríguez Velázquez o la presidenta del Poder Judicial, Lourdes Zarazúa Martínez, por nombrar algunas de las más recientes.

Valdría la pena saber, tan si quiera para la anécdota, cuántos comisionados de la CEGAIP llegaron al cargo sin si quiera haber presentado una solicitud de información en su vida. Estoy seguro que más de uno debe de haber.

Esto se extiende hacia las oficinas de transparencia de los sujetos obligados.

En una ocasión, mientras llevábamos un curso de Transparencia para Tod@s, encabezado por Samuel Bonilla, un participante externó que se encontraba ahí porque había sido recién nombrado titular del área de transparencia de una dependencia de Gobierno del Estado, pero nunca había estado relacionado con la materia, hasta el punto de nunca haber presentado una solicitud de información.

Y aunque se aplaude su interés en aprender, resultó increíble lo que en ese momento escuchamos. Era el equivalente a un jugador de fútbol que nunca había tocado un balón.

Los últimos años de la CEGAIP se resumieron en polémicas innecesarias sobre viáticos sin comprobar, viajes al extranjero, deudas, cuantiosos finiquitos, entre otras cuestiones, cuyo actor principal fue el ex comisionado presidente, David Menchaca Zúñiga.

El hoy comisionado presidente Gerardo Navarro Alviso ha sido más discreto, hasta el punto de que su gestión ha pasado totalmente desapercibida, como si tan solo hubiera asumido el cargo para llenar un espacio.

No nos equivoquemos, la CEGAIP no desaparece por aprobación de la Cámara de Diputados o el Congreso del Estado, desapareció desde muchos años atrás cuando personajes sin el mínimo interés moverse de su silla, se apoderaron de ella.

Así se le hubieran puesto 20 candados o mil reformas a la Ley de Transparencia, la situación nunca iba a cambiar mientras los mismos personajes siguieran llegando.

La buena noticia es que la transparencia no depende de la CEGAIP. Nunca lo hizo en realidad. Simplemente fue un organismo más que llevaron al fracaso. El día de mañana fallará en modelo que está por implementarse y crearán otro y crearán otro y crearán otro… pero el verdadero poder de esta herramienta siempre estará en los ciudadanos a los que les interese lograr un cambio.

Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Astrolabio.

Es Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Actualmente director editorial de Astrolabio Diario Digital, con interés y experiencia en Transparencia y el Derecho de Acceso a la Información Pública. Formó parte de la tercera generación del MásterLab en edición de investigaciones organizado por Quinto Elemento Lab.