Astrolabio

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Ciudad de México (17 de febrero de 2016).- El avión en el que el Papa Francisco viajó a Ciudad Juárez, Chihuahua, despegó de la Ciudad de México ante miradas alegres y otras nostálgicas de los capitalinos, que estaban en el aeropuerto capitalino para despedir al jerarca católico, en su último día de visita al país.

Sobre una cuadra de la Avenida Santos Dumont (de Lebrija a Villasaña) el número de policías capitalinos, oficiales de la Gendarmería federal y de las Fuerzas Armadas compitió con el de feligreses, que eran cientos, y fueron más conforme se acercó la hora del paso del pontífice.

Casi no había niños, sólo adultos, los de más avanzada edad llegaron más temprano, antes de las 6:00 de la mañana, quienes vieron el amanecer envueltos en cobijas a la espera del instante en que Francisco pasaría frente a ellos.

“Pobrecitos”, se compadecieron unas señoras bien abrigadas, que miraron a los policías al otro lado de la avenida, “quién sabe a qué hora llegaron”. “Al menos ya les está dando el solecito”, agregó otra.

Los feligreses y curiosos compraron atoles a 11 pesos y dos fotos del “mensajero de paz” por 10 pesos.

En la colonia Guadalupe Inn, donde se ubica la nunciatura apostólica y donde el jerarca católico durmió cinco noches, los banderines costaban 20 pesos, pero en la colonia Aviación Civil y en el Metro Pantitlán valían 10 pesos.

Hubo un silencio inusual a lo largo de las avenidas que rodean la zona de Hangares del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, la Terminal Dos estuvo abierta, algunas personas llegaron a pie arrastrando sus maletas rodeando las vallas hasta encontrar una abertura para cruzar la calle.

De repente, unos motores a lo lejos quebraron el silencio e hicieron vibrar el pavimento, la gente se emocionó pero no era el Papa, se trataba de camionetas blancas de algún otro personaje escoltadas por motopatrullas.

“Todavía no sale”, informó una señora que siguió por la radio la ruta del jerarca de la Iglesia Católica.

Los rumores llegaron a Pantitlán, que si va a pie, que si ya salió, que si va en papamóvil, que si saludó a un enfermo, que si ya se cambió de auto.

Un grupo de mormones con destino a Bolivia no sabía si caminar o esperar a que pasara la comitiva papal. “Faltan cinco minutos para que pase” dijo un policía, y decidieron esperar pues traían mucho equipaje.

A las 8:25 pasó el fugaz convoy papal, la gente agitó sus banderines, y no pudieron evitar exclamar “ah” con desencanto una vez que pasó.

“Pasó muy rápido” fue la opinión general. “Queríamos que pasara en papamóvil y nos diera su bendición, pero entendemos que lo entretuvieron y que ya se le hacía tarde, sabíamos que iba a pasar rápido”, aseguró la señora Leticia Hurtado a nombre de sus amigas, todas habitantes de Ciudad Nezahualcóyotl, en el Estado de México.

Por lo demás se sintieron satisfechas y consideraron que la visita fue maravillosa, pues lo vieron llegar y también en el Zócalo. “Es el Papa del pueblo, su mensaje no es sólo para los obispos y monjas, es para el pueblo” aseguró.

Así, casi con la misma brevedad del paso del convoy papal, la gente se fue, los policías retiraron las vallas y en menos de cinco minutos la circulación se restableció, así como la ciudad volvió a la vida habitual.

Entusiasta despedida.

De manera alegre despidieron al Papa Francisco quienes se dieron cita en los diferentes tramos de Circuito Interior en espera de recibir una última bendición y desearle un buen viaje de regreso.

A diferencia de la nunciatura y parte de avenida de los Insurgentes, la población que acudió a los puntos en los que se veía pasar al Papa, en Churubusco, fue moderada pero bastante entusiasta pues al lugar llegaron desde las 6:30 horas a bordo de taxis y autos particulares.

La circulación por esta vía fue un tanto difícil si lo que se quiere es saludar al Papa Francisco, ya que existen muchos puentes que cruzan diversas avenidas, pero la policía impidió el acceso a estas zonas y solo se podían colocar en los descensos de los puentes.

Si a eso se le agrega que el paso del Papa fue relativamente rápido, ya que apenas fueron cinco segundos los que la gente tuvo para ver pasar al Pontífice en el papamovil, la experiencia fue inolvidable para quienes le dijeron a Francisco “¡Hasta pronto!”.

En el caso particular del tramo entre los puentes de Universidad y Avenida Centenario muchas personas llegaron de último momento pues aprovechando que no había manera de pasar por el cierre de vialidades, hicieron tiempo antes de ir rumbo a sus trabajos.

Asimismo, los uniformados que participaron para mantener el orden llegaron desde las 3:30 de la mañana a pesar de que la temperatura llegó a ser de hasta 5 grados Celsius, y que la circulación no se cerró sino hasta las 6:30 horas.

Aún así, los elementos de seguridad permanecieron en distintos puntos hasta que el paso del Pontíficie. En el caso de los feligreses arribaron al lugar desde las 6:30 y hasta las 7:45, hora en la que el Papa todavía no salía de la nunciatura apostólica.

Aún así, entre los asistentes no faltó el ambiente como el caso de Lorena Vidal, Guadalupe Octavo, y Oliva Medina quienes sin conocerse iniciaron una charla amena como si se conocieran de toda la vida.

“Y es que eso es lo que deja verdaderamente el Papa, que la gente se abra y sin juzgar reconozca a los demás como sus hermanos sin importar clase social o incluso credo”, aseguró Lorena.

En las oportunidades que tuvieron todas de participar en diferentes actividades, haciendo vallas, o echando porras, pudieron vivir esa experiencia en donde todos conviven sin prejuicios y sin fingir o pretender algo diferente.

A su vez, Margarita Reyes reconoció que la visita del Papa le ha dejado enseñanza más que experiencia y aunque no tuvo oportunidad de verlo a su llegada, ahora acudió a despedirlo y escuchar todos sus discursos por televisión.

Pero no sólo los mexicanos aprovecharon la ocasión, ya que entre los asistentes se encontraba una venezolana, Cuca, quien antes de viajar a su país quiso llevar la bendición papal a través de su persona.

En Venezuela tenemos muchos problemas por ello hoy más que nunca requieren de esa bendición especial que les vuelva a dar fortaleza, ya que también los venezolanos “somos guadalupanos, así que esperamos que Santa María de Guadalupe nos cubra con su manto hasta allá”, subrayó.

Pero también están los que sin proponérselo terminaron por llevarse una bendición, como Claudia Flores, quien llegó a los Viveros de Coyoacán a hacer ejercicio, “y resulta que no pude estacionarme porque me dijeron que cerrarían de momento por el paso del Papa”.

Pero lejos de enojarse recorrió unas cuadras atrás en Coyoacán y se encaminó rumbo a Churubusco por la calle de Mina “para aprovechar la oportunidad, después de todo no todos los días viene un Papa a bendecirte”, comentó entusiasmada.

Sin importar la espera, los feligreses que se encontraban frente al Hospital San Ángel Inn, echaron porras y despidieron con alegría al pontífice, sintiéndose dichosos de haberlo visto un momento.

Fuente: Noticias Terra.

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