Eduardo Delgado

“En uno se culpó al cordón de una cortina, en otro a un cable de teléfono y en este a un vidrio”, explicó de manera resumida esta mañana a un periodista de la Ciudad de México el abogado Marco Barrera, uno de los representantes legales de la familia de Karla del Carmen Pontigo Lucciotto, quien se habría ocasionado heridas mortales al chocar con una puerta de cristal en octubre de 2017 en su centro de trabajo.

Irinea Buendía, madre de Mariana Lima, quien en junio de 2010 se habría suicidado en su casa colgada del cordón de una cortina, versión del esposo dada por hecho por la policía investigadora. 

Aracely Osorio, mamá de la joven Lesvy Berlín, hallada muerta en una caseta telefónica en Ciudad Universitaria en mayo de 2017, en cuyo caso se culpó al cable telefónico. 

Faltan unos minutos para las nueve de la mañana cuando se encuentran Esperanza Lucciotto e Irinea frente a la puerta principal del supremo tribunal de justicia. Al poco rato llega Aracely. Las tres ofrecieron entrevistas acerca del estatus de sus respectivos casos.

Ello tres horas después de que a unos metros, frente a uno de los balcones del Palacio Nacional el mariachi “Oro Solido” le ha venido a ofrecer “Las Mañanitas” al presidente Andrés Manuel López Obrador. El ambiente es festivo frente a la sede del Poder Ejecutivo.

“A seguir luchando, porque no nos queda de otra”, le dice Esperanza a Irinea al tiempo que estrechan sus manos y cruzan sus miradas con especial afecto. Se han venido acompañando desde hace tiempo y hoy no es la excepción.

Después de cinco años Irinea logró que la Suprema Corte de Justicia de la Nación dictase como falso el supuesto suicidio de su hija y se calificara como feminicidio perpetrado por su yerno, Julio César Hernández Ballinas, comandante de la Policía Judicial. 

En su bolsa de manta en color negro trae inscrito en letras blancas y en distintas tipografías el primer artículo de la Declaración de los Derechos Humanos: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos, y dotados como están de razón y conciencia deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”.

Aracely también bregó para que en el caso de su hija no quedase impune, con la versión que en principio ofreció el novio, quien aseveró que Lesvy se había suicidado.

Esperanza, Irinea y Aracely conversan antes de que comienzan a llegar los primeros periodistas. 

Coinciden, entre otras cosas, en lo inútil de las recomendaciones de los organismos de derechos humanos que en todos los casos recomiendan la capacitación en materia de derechos humanos de los servidores públicos. “¿Cuántas veces toman las capacitaciones y siguen igual?”, pregunta una. Entre ellas la respuesta es al unísono.

Luego de las entrevistas, a desayunar para volver más tarde a la sede del Supremo Tribunal de Justicia. La madre de Karla Pontigo vuelve acompañada por Irinea, quien dice andar en una edad próxima al “séptimo piso”, pero dispuesta a no desistir en su lucha contra los feminicidios.

Los ministros Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena, José Luis González Alcántara Carrancá, Luis María Aguilar Morales y Jorge Mario Pardo Rebolledo, aprobaron por unanimidad “dejar insubsistente” la consignación por homicidio culposo de Jorge Vasilakos, dueño del antro donde Karla “se accidentó” al chocar con un cristal.

Ordenaron reponer las indagatorias con perspectiva de género y decretaron que hubo violaciones a los derechos fundamentales de la mamá de Karla y de su hijo, porque se les impidió participar de manera activa en las averiguaciones.

“No fueron informados del estado procesal de las pruebas recabadas, ni de las diligencias que se llevaron a cabo para realizar la consignación, y la autoridad ministerial omitió recabar pruebas o llevar a cabo las diligencias que permitieran esclarecer satisfactoria y fundamentalmente la causa de la muerte”, se informó en boletín de prensa.

Determinaron que la investigación “concluyó con una hipótesis acusatoria endeble y poco apegada a sus aspiraciones de justicia, pues no fue conducida con perspectiva de género, a pesar de la presencia de indicios que hacían necesario incursionar en esa línea indagatoria”.

La sesión no ha durado más de 30 minutos. Al salir el abogado Marco Barrera suelta lágrimas de emoción. Esperanza Lucciotto y sus hijos, Pedro y Fernando, se funden felices en un abrazo. La versión del cristal criminal quedó destrozada.