Ante la degradación de ecosistemas en SLP, urge una restauración ecológica activa

Foto: Estela Ambriz Delgado

Estela Ambriz Delgado

El doctor Jorge Alberto Flores Cano, profesor de la Facultad de Agronomía y Veterinaria de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP) y especialista en ecología de comunidades vegetales, destacó la creciente degradación de los ecosistemas en el estado y propuso estrategias de restauración ecológica para combatir este fenómeno.

En el marco del IV Festival del Área de Protección de Flora y Fauna (APFF) Sierra de San Miguelito, el catedrático dio una ponencia sobre los resultados de su trabajo, centrado en bosques templados, bosque mesófilo de montaña y matorral xerófilo, en la que enfatizó que la pérdida de cobertura vegetal es generalizada a nivel nacional y estatal.

Explicó que, los ecosistemas compuestos por elementos bióticos, es decir, seres vivos, y abióticos, como suelo, clima y agua, proveen vitales servicios ecosistémicos de aprovisionamiento de alimentos, agua, regulación de clima, control de contaminación, y soporte de suelo. Sin embargo, todos están en declive.

Se estima una pérdida significativa de ecosistemas en el país: alrededor de 13 por ciento de matorrales, 48 por ciento de selvas húmedas, 50 por ciento del bosque de neblina, un ecosistema que está desapareciendo a causa del cambio climático, y 26 por ciento de bosques templados.

Flores Cano indicó que la causa principal de la deforestación es el cambio de uso de suelo para sistemas de producción de ganadería y agricultura no reguladas, así como la expansión de asentamientos humanos. Solo entre 2001 y 2021, se perdieron 208 mil hectáreas a causa de ello.

Sobre el impacto en San Luis Potosí, expuso mapas históricos que muestran una significativa pérdida de zonas boscosas y matorrales en favor de áreas agrícolas y pastizales.

Para abordar las consecuencias de la degradación, el investigador utilizó la metáfora de la liga para explicar la resiliencia de los ecosistemas, es decir, la capacidad de recuperarse solos. Si la perturbación es muy fuerte y prolongada, la “liga se rompe” y el daño se vuelve irreversible sin intervención humana.

De igual forma, se dio a conocer que existe ya una alteración hidrológica que afecta la capacidad natural de absorción de agua. Un bosque conservado puede captar e infiltrar hasta el 80 por ciento de la lluvia, sin embargo, la deforestación y la construcción de viviendas alteran este ciclo, provocando escurrimientos y aumentando el riesgo de inundaciones en zonas urbanas.

El catedrático alertó que, de superar el daño umbral, con pérdida de suelo por erosión, el costo de recuperación se vuelve muy alto y puede tomar entre 50 y 100 años, y en el peor de los casos, la restauración se vuelve casi imposible.

En la ponencia se puntualizó que la restauración ecológica busca ayudar al ecosistema a recuperar un estado lo más parecido al original, enfocándose en la composición de especies y las funciones ecológicas. Este proceso es de largo aliento, pudiendo tomar un mínimo de 20 años.

Quedó de manifiesto que la restauración activa se recomienda cuando el ecosistema ha perdido su capacidad de recuperarse por sí mismo, ya sea por falta de semillas, la recurrencia de perturbaciones como incendios, o la invasión de especies agresivas.

Entre los mecanismos de que se pueden implementar para ello, Flores Cano mencionó que uno de los mejores métodos es la agroforestería, que combina sistemas agrícolas o pecuarios con árboles.

La reforestación con plantas nativas, que se utilizan exclusivamente y se evitan las exóticas que puedan desplazar a las locales, con una plantación en la época adecuada. Especificó que la técnica recomendada es el diseño “tres bolillo” a una densidad de 3 por 3 metros, aproximadamente mil 100 plantas por hectárea.

Otro de los mecanismos es la traslocación, que consiste en mover plantas sanas y suprimidas de un lugar bien conservado, a zonas desprovistas de vegetación.

Estrategias frente a afectaciones a la SSM

Respecto a los incendios de 2019 en la Sierra de San Miguelito, que afectaron aproximadamente 12 mil hectáreas, el doctor Flores Cano propuso una estrategia integral que sigue vigente, con acciones de conservación del suelo, evaluación de recuperación, y restauración activa.

Para la conservación de suelo, inmediatamente después del fuego es necesario realizar obras de conservación para evitar la pérdida del suelo ante las primeras lluvias. Además de una evaluación en la que se monitoree la recuperación autónoma, por rebrote o banco de semillas, como la recuperación observada en los pinos después de cinco años.

En cuanto a la restauración activa, indicó que se produce la planta endémica del lugar y se aplican acciones de restauración con capacitación y monitoreo constante.

El especialista subrayó la importancia de la participación social y el seguimiento continuo. Criticó la tendencia a ir a reforestar solo “para la foto” sin garantizar el monitoreo, pues ecológicamente se considera que hasta después de tres años de sobrevivencia, una planta ya forma parte del sistema.

Finalmente, recomendó no encender fogatas, no dejar basura, no usar vehículos pesados como racers en áreas sensibles, e implementar programas de alerta temprana y monitoreo.