Por Victoriano Martínez

Auditar 113 entes públicos fiscalizables requiere tal esfuerzo y por tantas horas que, para quienes forman parte de la Auditoría Superior del Estado (ASE), los horarios burocráticos de ocho a tres o de nueve a cuatro a lo largo de siete meses resultan insuficientes.

Un esfuerzo que necesariamente merece todo tipo de estímulos adicionales, como ya ha dado a conocer Ciudadanos Observando y el resultado de sus indagaciones sobre las compensaciones por 3 millones 703 mil 669.51 pesos, entre los que sobresale la auto asignada por parte de la titular, Rocío Elizabeth Cervantes Salgado, por 156 mil 882.37 pesos.

Todo indica que de poco sirve que desde el 11 de enero se cuente con el Programa Anual de Auditorías 2019 –y se incluyan sólo dos modificaciones (el 25 de marzo y el 3 de septiembre)– si tales planes parecen tener poco efecto en aprovechar el tiempo, y de cualquier modo se tenga que recurrir a “jornadas extraordinarias”.

Peor aún. ¿Cómo es posible que requieran “jornadas extraordinarias” este año si en 2018 el mismo trabajo lo alcanzaron a terminar desde el mes de agosto? ¿Acaso el año pasado fueron muy efectivos a la hora de hacer su plan de trabajo y ahora se descuidaron?

Y si se trató de un descuido por el que se requirió un esfuerzo adicional, ¿los hace merecedores a compensaciones? Claro, en el supuesto de que el año pasado no hubiesen existido las compensaciones, porque la opacidad de la ASE no da para conocer esa información.

¿Tan mal planearon este año que entregar resultados les tomó dos meses más? Por ley tienen como plazo máximo el 31 de octubre para entregar los informes, pero lo pueden hacer antes conforme los terminen. Ese fue el argumento con el que los entregaron en agosto en 2018, pero este año lo hicieron a un lado.

Toda una cadena de ineficiencias que desemboca en una mala simulación de fiscalización a la que poco le falta para emitir certificados de beatificación en lugar dictámenes de auditoría. Una ineficiencia que le sale cara al erario formado por la cooperación de todos los ciudadanos.

Y no sólo sale cara por los 286 millones 428 mil 43 pesos que le autorizaron para gastar en este 2019, sino porque tal gasto sólo ha servido para recuperaciones de recursos aplicados irregularmente por 2 millones 400 mil pesos. ¡Una cifra que no alcanza ni para pagar las compensaciones a su ineficiencia!

Pero eso sí, los responsables de tan magros resultados con jugosas compensaciones, también se merecen alimentos con cargo al erario porque su mala programación los hace incapaces de cumplir sus planes dentro del horario laboral, de tal suerte que se gastaron (sólo en octubre) 120 mil 813.48 pesos en “consumos por jornadas extraordinarias”.

La cifra parece menor, pero alcanza para que a diario 19 personas consumieran una comida buffete dominical en La Parroquia.

De esos 120 mil 813.48 pesos para comidas por jornadas extraordinarias, 10 mil 551.60 se le entregaron en dos cheques a Rocío Elizabeth Cervantes Salgado. El 8 de octubre 5 mil 472 pesos y el 21 de octubre 5 mil 79 pesos. Cosas de tener el presupuesto a disposición.