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¿Quién no ha soñado alguna vez con ser inmortal? Pocos aspectos han sido más ansiados y perseguidos, o servido como justificación para cometer verdaderos actos de crueldad contra nuestros semejantes o contra uno mismo.

La literatura y los mitos -como el vampirismo- nos han enseñado que lejos de ser una bendición, la inmotalidad deriva en una auténtica maldición la mayoría de las veces. El día de hoy, te presentamos el caso de Aleksandr Bogdánov, quien se une a la lista de intentos de alcanzar la vida eterna, aunque el desenlace sea una auténtica tragedia.

A_A_Bogdanov

Bogdánov era la presencia viva de un “erudito”; este ruso nacido en 1873 abarcaba una gran lista de áreas de conocimiento. Era médico, político, economista, ideólogo marxista, escritor de novelas de ciencia-ficción, pionero de la cibernética y sobre todo, un científico que buscó la inmortalidad y la juventud eterna a través de la sangre, específicamente de las transfusiones.

Amigo íntimo de Vladimir Lenin (político, revolucionario y comunista ruso) aprovechó su amistad y sus cargos dentro de la cúpula marxista para iniciar sus experimentaciones sin limitación; buscaba rejuvenecerse a través de la sangre de otros jóvenes, y para ello, cada cierto tiempo se le enviaban muchachos a su laboratorio. La mayoría de las veces, en contra de su voluntad; como es de esperarse, quedaban debilitados, enfermaban y al poco tiempo eran reemplazados por otros.

Hoy en día se suele definir el trabajo de Bogdánov como una especie de “utopía vampírica marxista” donde incluso participó María Ulíanova, hermana de Lenin; de ella se dice que después de unas cuantas transfusiones, su vista mejoró en incluso aparentaba 10 años menos. Mientras tanto, Aleksandr Bogdánov comenzó a obsesionarse más, y en el momento en que tuvo la sensación de que su calvicie estaba desapareciendo no dudó en pedir más sangre de muchachos jóvenes.

Sin embargo, su castigo no tardó en llegar cuando en una transfusión recibió la sangre de un muchacho que estaba enfermo de malaria y tuberculosis; el científico falleció a las pocas semanas, mientras que el joven se recuperó por completo al poco tiempo.

¿Qué te parece? ¿Podremos alcanzar la inmortalidad algún día?

 

Fuente: Supercurioso

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