Un mes sin Diego y sin Justicia

Hoy es diecisiete de agosto y se cumple un mes de que Diego murió. Hoy hace un mes, nadie (voluntariamente) se ha hecho cargo de la responsabilidad de esa tragedia y la autoridad, que debiera definir tal responsabilidad, tampoco lo ha hecho. Desde hace un mes investigan, bueno eso dicen que hacen.

 

En San Luis Potosí la justicia es pronta y expedita cuando se es poderoso, influyente o adinerado. En sentido contrario, la justicia también puede ser tan rápida como fulminante, pero para quienes ni son poderosos, ni tienen influencias ni son adinerados.

 

No deberíamos llamarnos a sorpresa por el hecho de que a un mes de ocurrida la muerte de Diego y a un mes de que se abriera una investigación al respecto, no exista nada que permita aproximar la presunción de responsables.

 

Un mes después, la Procuraduría General de Justicia y el Ministerio Público caminan con suma y acostumbrada lentitud el eterno sendero de la ineptitud, de la incapacidad, de la falta de responsabilidad y profesionalismo que debieran dotar a una institución que supone procura justicia a quienes la exigen.

 

Hace unos días, después de seis años, se giraron órdenes de aprehensión por el caso de los niños de la Guardería ABC en Hermosillo Sonora. Seis años después y los presuntos responsables de la muerte de los niños son empleados que salvaron la vida cuando se derrumbaba el lugar con el incendio.

 

Es una vergüenza , pero esos son los hechos: las ordenes de aprehensión son contra maestras que salvaron a niños de morir quemados.

 

Así funciona la procuración y la administración de justicia en México y en San Luis Potosí no es la excepción.

 

Un mes después de la muerte de Diego no se ha citado a declarar a nadie como indiciado. El parque acuático “WOOW” ya abrió sus puertas, la Universidad Autónomas de San Luis Potosí ha ganado en desfachatez y hace como si no hubiese ocurrido nada.

 

La madre de Diego, pide ayuda a la gente, pide solidaridad, pide apoyo ante un gobierno cuya prioridad es hacer maletas y dejar los muertos atrás. La madre de Diego exige a las autoridades universitarias y éstas, responden con la misma negligencia con la que actuaron el pasado diecisiete de julio.

 

En espectaculares promocionales del último informe del gobernador Toranzo, se puede apreciar el dicho no confirmado de que se abatió, fue eliminado en su totalidad el rezago de averiguaciones previas. Dicen que han resuelto ciento, miles, desvenas de miles, pero el caso de Diego no tiene respuesta, es averiguación no solo está abierta, sino al parecer, intocada.

 

Los que lo saben porque lo han sentido, dicen que no hay nada más doloroso que perder a un hijo, que ninguna pena supera la tristeza de perder a un hijo. Eso no lo sabe Manuel Fermín Villar Rubio, que acusó a la familia de Diego de lucrar con su muerte.

 

Qué lástima que las cosas sean así: un gobierno y una autoridad universitaria tan semejantes de tan indolentes.

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