Los Mil trescientos un millones, novecientos treinta y un mil trescientos quince pesos de sospechosas lámparas de Mario.

 

Con la ciudad en franca ruina presupuestaria y con adeudos asfixiantes; con la ciudad despedazada y una casi ausencia total de obra pública sobresaliente, el gobierno municipal de Mario García actuó como un alcalde millonario y compró lámparas con un sobreprecio que triplicaría el costo real. Actúa como si fuera el alcalde de San Nicolás de los Garza pero no es más que el frustrado alcalde de una ciudad despojada y sin dinero como lo es San Luis Potosí.

La tendencia de las autoridades municipales de apartarse de sus responsabilidades y obligaciones, les ha llevado en todo el país a deshacerse de la prestación de los servicios públicos elementales. Ya privatizaron el servicio de recolección de basura, el bacheo lo realizan empresas privadas, en un sector de la ciudad, ya se ha privatizado el agua, las calles ya son propiedad de una empresa y hay que pagar para estacionarse.

Tocaba el turno al alumbrado y también ya se ha consecionado el servicio: hicieron bien su tarea, igual que con el servicio de limpia, lo dejaron en el abandono y lo dejaron caer de manera lastimosa, bajo el perene pretexto de la carencia de recursos.

Permitieron que zonas de la ciudad fueran auténticas cuevas de ladrones, bocas de lobo, penumbra incierta para luego justificar el plan privatizador.

Si una autoridad municipal no es capaz de recoger la basura y tener alumbradas las calles de la ciudad ¿Entonces para que sirve? Para nada, salvo para estar en oportunidad de hacer negocio con los servicios que no quiere brindar.

Mala inversión de la sociedad: elegir autoridades municipales para que éstas, con recursos públicos, pongan a otros a trabajar y, lo más grave, que lo hagan dejando una estela de dudas.

El contrato para la adjudicación del programa para el cambio y mantenimiento de luminarias LED se entregó a una empresa que no tuvo competencia, fue prácticamente una asignación directa, de esas que despiertan suspicacias y que ponen a pensar a cualquiera. Quien se lo va a creer: en una convocatoria nacional, solo se inscribe una empresa y otra que se aventura, es descalificada.

El ayuntamiento favorece a la empresa Panavi S. A., de C. V., que se asocia con dos más: Lámparas Ahorradoras de Estado Sólido y Centro de Distribución Energético, misma que al momento se la firma del contrato, apenas estaba en proceso de escriturarse como sociedad mercantil.

Se trata de 47 mil lámparas que serán instaladas en la ciudad y cuyo mantenimiento y operación tendrá una concesión de quince años. Por mantener la ciudad iluminada, el ayuntamiento de la capital pagará Mil trescientos un millones novecientos treinta y un mil trescientos quince pesos.

En esta actualidad de competencia, en un mundo de tiburones para los negocios donde se pelea cualquier propuesta de inversión, en San Luis solo se registró una empresa y aceptaron lo que ofreció. ¿Se puede creer con honestidad en eso?

Apenas meses antes y muy cerca de la capital, el mismo servicio fue contratado por el ayuntamiento de Soledad de Graciano Sánchez con un costo muy inferior al capitalino, pues el plan de 16 mil lámparas fue por 160 millones de pesos.

Se estima que el costo por lámpara en Soledad de Graciano Sánchez es de diez mil pesos, mientras que en la capital es de 27 mil 680 pesos.

Como cualquier gobierno que hace de la simulación su carta de presentación, el alcalde Mario García inundo de bondades al proyecto, señaló ahorros millonarios y especialmente que, con las lámparas, San Luis Potosí estará en la vanguardia nacional como la ciudad mejor y más iluminada.

Con tales patrañas, el Cabildo autorizó la concesión que obliga al pago de 180 ministraciones mensuales que deberán quedar anticipadamente registradas en las leyes de egresos del municipio para los próximos quince años.

Es decir, lo que está haciendo Mario García es pasar a la posteridad como el alcalde que endeudó (aunque él jure que no es deuda) al ayuntamiento para las próximas cinco administraciones. Dice que por ser un programa de prestación de servicios, no se califica como deuda, pero vale recordarle que al final, se trata de compromisos de pago ineludibles que, de no cumplirse, traen como resultado sanciones económicas a un gobierno municipal, por cierto, ya suficientemente endeudado.

 La prometida transformación de la ciudad ha quedado reducida a la sospecha de que se han hecho negocios de último momento con las arcas municipales. A esa tentación sucumben buena parte de los servidores públicos en México, lo cual no deja de ser indignante.

Hace tres años, Victoria Labastida y su equipo se fueron del ayuntamiento y lo dejaron en un profundo quebranto financiero. Se sabe qué paso, quiénes tienen responsabilidad por el daño al erario, pero no se actúa porque goza de respaldo cercano a la presidencia de la república. Esta protegida contra todo.

El contexto y circunstancia de Mario García ni por asomo es el mismo, de hecho, desde hace meses que se ha quedado solo. Es un desamparado, un damnificado de la sucesión gubernamental; no tiene a nadie ni en San Luis ni en la ciudad de México. Pronto, sentirá esa soledad tan incierta de quien no siente que alguien con peso e influencia está de su lado.

Ese es el problema y Mario García y su cauda de oficiosos parece que no se lo pensaron más de dos veces antes de comprar lámpara a tres veces su precio.

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