Para los bomberos no hay dinero municipal pero si para pagar las sospechosas lámparas LED.

Mientras que el ayuntamiento tiene al Honorable Cuerpo de Bomberos en actitud permanente de limosneros, estará pagando entre cinco y ocho millones de pesos durante 180 meses a una empresa para que haga lo que a la autoridad le correspondería hacer con eficiencia: alumbrar la vía pública.

Hace ya unos años, cuando el municipio capitalino decidió concesionar las calles a una empresa privada mediante el cobro por estacionar un vehículo, se justificó que parte importante de ese ingreso iba a entregarse de manera íntegra a los bomberos.

El afán privatizador se hizo pasar como un acto de bondad infinita, un acto de filantropía sin límites. Se vendió esa idea y aunque a regañadientes, la sociedad lo aceptó aunque para ello fue necesario superar juicios de amparo. El ayuntamiento se salió con la suya.

Luego, pensaron que la multa electrónica sería una buena idea para meterse dinero en la bolsa y vendieron la idea de que el proyecto tenía la noble causa de disminuir el número de accidentes automovilísticos ocasionados por conducir exceso de velocidad.

De nuevo, la sociedad a regañadientes ha aceptado esa imposición recaudatoria.

El ayuntamiento ha visto que prácticamente puede hacer lo que quiera y que todo está en convencer a la sociedad de que lo que hace, está bien.

Pero resulta que no es así. No siempre lo que el gobierno dice que está bien es básicamente lo correcto y tampoco resulta ser lo mejor para la ciudad.

El caso de los bomberos es más que ilustrativo: el dinero que ingresa por concepto de los parquímetros se va a una empresa privada, lo mismo que el de las multas electrónicas. El municipio hace negocio para los demás con lo público. Eso deja mucho que desear y no deja alternativa sino a la duda y a la desconfianza.

Mario García le adeuda cuatro millones de pesos a los bomberos, y les da un abono chiquito de 360 mil pesos, pero a la empresa que cambia las lámparas de la ciudad, le ha empezado a pagar un ritmo de 5 millones 600 mil pesos.

Pero eso no importa, si los bomberos padecen penurias, eso ha sido siempre y por tanto, a nadie le interesa; lo trascendente, relevante e histórico es que la capital será una ciudad de vanguardia de lo luminosa que estará.

San Luis Potosí en adelante será la París mexicana y se le reconocerá como la ciudad luz: 47 mil lámparas y mil 301 millones de pesos valen la pena.

Tanto derroche en temporada de vacas flacas y arcas vacías no solo indigna sino que mueve a sospecha, aunque un funcionario de piel sensible como el Oficial Mayor, Pedro Mario Hidalgo se moleste: Ya en serio ¿Por qué usted no firmó el convenio?

Ya en serio: ¿Por qué solo una empresa?

Ya en serio: ¿Tanto cuesta una lámpara, acaso una de las 47 mil es la de Aladino?

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