San Luis Potosí.- El debate de los candidatos a gobernador ha obtenido la desaprobación generalizada de quienes se atrevieron a verlo. No se puede objetar lo que estuvo a la vista: un ejercicio de simulación y encubrimiento de lo que es y ha sido la clase política potosina.

 

Sería un error dejar pasar lo ocurrido la noche del pasado viernes como si fuera un apunte más del anecdotario de campaña.

 

En primer término, debemos reflexionar sobre el gasto de recursos públicos que representó la transmisión en vivo en medios de comunicación electrónicos. Si bien es probable que el tiempo de transmisión corresponda a los espacios que por ley de destinan al Estado, habría que recordar que esos tiempos están agotados con la transmisión local de la Hora Nacional.

 

Después de todo, dos horas de transmisión representa a los concesionarios de medios, una enorme pérdida comercial. A menos que existan acuerdos ocultos bajo la mesa, de lo cual, entre partidos y órganos electorales hay que ponerse a dudar.

 

También, el gasto aplicado en la preparación y producción del programa tristemente transmitido por esas ruinas que tienen el logo del canal nueve de televisión.

 

También los recursos aplicados por los equipos de campaña para contratar grupos profesionales de asesoría, living mediático y tal para que el candidato se viera bien en las pantallas.

 

También, los recursos que se tragaron los grupos de asesoría con los que cada candidato ensayó el guión de su participación en el debate.

 

Incluso, también, cuantos de los siete candidatos se compraron trapos nuevos para lucir bien, cuánto pagaron por el estilista.

 

Parecerían ser asuntos baladíes pero no lo son.

 

Al final, las campañas y los partidos se mueven con recursos públicos, con dinero de lo que paga la gente al gobierno por la tan variada y extensa carga de impuestos. Es dinero de todos.

 

Eso es lo más decepcionante. Los candidatos hacen el ridículo, pero los ciudadanos pagamos el show. El financiamiento para los partidos políticos en este año de campañas es superior a los 128 millones de pesos.

 

El arzobispo, el investigador universitario, el empresario, el analista, el periodista, la gente ha expresado que el debate fue decepcionante. Frente a esa actitud generalizada de reprobación, los candidatos y partidos actuaron en contraposición y se dijeron ganadores o, en su caso, a través de comunicados, pretendieron convencer que fueron los mejores.

 

A nadie gustó el debate y pese a eso, piensan amargarnos la vida con otro remedo de debate político.

 

No es posible que siete candidatos debatan sobre temas tan etéreos, subjetivos y generales como los que se han planteado. La ausencia de preguntas directas, basadas en la realidad, complica y hace imposible una auténtica revisión a los conocimientos de los candidatos.

 

Si con preguntas tan superficiales como las planteadas los candidatos no fueron capaces de decir algo interesante, entonces habría que llevarlos a la pregunta individual, planteada de acuerdo con su trayectoria.

 

Responder que haría en materia de seguridad no solo lo puede responder un candidato a gobernador sino a cualquiera que se le ocurra contestar.

 

Es decir, el debate fue erróneamente concebido, mal planeado, peor organizado y mucho peor producido. Fue como pretender lograr un programa exitoso de televisión con una mala historia, un mal guión y con los peores actores que se podría haber conseguido.

 

Con todo el dinero que reciben los candidatos lo menos que podríamos esperar es que actúen de manera profesional y que si se van a presentar ante una audiencia, lo hagan con responsabilidad. No es posible que en el debate hayamos visto a un grupo de políticos incultos, improvisados y sobre todo, falaces.

 

Que mientan en sus comunicados y discursos no es extraño, pero que lo hagan sin descaro en una transmisión en vivo, eso ya va más allá de lo políticamente correcto y permisible.

 

No estaría mal que candidatos y autoridad electoral, ofrezcan una muestra de transparencia y nos digan cuánto costó el frustrado debate, ya al menos de ese modo sabremos donde quedó el basurero a donde fueron a dar los recursos públicos.

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