San Luis Potosí, México (16 de mayo de 2015).- Ninguno de los candidatos a gobernador ha pronunciado algo relevante o más o menos destacado acerca del más grave problema de San Luis Potosí: la pobreza.

Sí, ha habido múltiples pronunciamientos en cientos de discursos y cientos de boletines y declaraciones de prensa con relación a lo obvio: vamos a trabajar por los que menos tienen.

Esa ha sido la norma, hablar de algo sin tocar el fondo del tema, en este caso, de un problema ancestral que le duele mucho a San Luis Potosí.

Hoy, a tres semanas de las elecciones para gobernador, conviene recordar para que a nadie se le olvide que San Luis Potosí tiene un millón 354 mil 200 personas en condiciones de pobreza y 349 mil 900 más en situación de extrema pobreza.

Más de la mitad de la población es pobre.

Por decirlo con claridad cinematográfica: el padrón electoral para los comicios del siete de junio es de poco más de un millón 818 mil personas, mientras que la suma de pobres y extremadamente pobres es de un millón 694 mil.

Patético y decepcionante.

 

La inequidad social ha ido creciendo aunque los números oficiales digan que San Luis tuvo una disminución de la pobreza de un pobre 1.5 por ciento en los últimos tres años, pues ese porcentaje palidece ante el crecimiento demográfico que en ese período duplicó la pretendida disminución de la pobreza.

Mientras que los candidatos hacen profusión de ofertas de un ilusorio futuro prometedor, en San Luis Potosí hay más de 600 mil personas que hoy no saben si contarán con ingresos suficientes para poder comer.

La extrema pobreza en la que viven más de 349 mil potosinos representa una situación insostenible. No es posible que aún muera gente de hambre crónica, de desnutrición sostenida. Para esos rezagos inocultables, los candidatos no han hecho propuestas serias.

Lo más grotesco, es que los candidatos y todos los partidos lucran con la pobreza de la gente, la explotan y la ven como un voto potencial. Por eso, en los mítines regalan comida y despensas, por eso, para el día de las elecciones les ofrecen más comida y dinero.

Es algo ofensivo: la gente termina por votar por el que le da un mendrugo de pan, un puñado de dulces o un trozo de pastel con refresco.

Todos los partidos lo hacen, tratan a la gente sin sensibilidad, como si le dieran limosna, como quien le lanza un hueso al perro.

Todos los candidatos se toman fotos con la gente humilde, la abrazan, le tocan la mejilla o el hombre y le ofrecen que “mi gobierno será para ustedes, para los pobres, para los que nunca han tenido nada”. Y lo pobres lo aceptan y dicen que si, que van a ir a votar, pero que antes, si se puede, que les echen la mano, que les den una ayuda y los candidatos dicen que si y le hablan a alguno de sus ayudantes y le dicen, a ver , dale unos cien pesos al compa y ya está.

O los ayuntamientos doblan sus cargas de despensas y sus operadores andan de casa en casa con el padrón de los programas sociales para invitar a la gente: si quieren más, hay que votar por nuestro candidato.

Vaya desgracia en nuestra democracia bananera: los pobres van a decir quien gana y es probable que ese, haya sido el que pudo repartir más.