Astrolabio

Mario García prometió muchas cosas y en pocas cumplió

El gobierno del doctor Fernando Toranzo Fernández es ya catalogado como el sexenio perdido, pero la administración de Mario García no se queda tan atrás. Tan mediocres y olvidables él uno como el otro; ambos tan de cortas miras y de tan limitadas capacidades que uno no sabría cual de los dos lo hizo peor.

 

El sábado al mediodía, cerca de la explanada Ponciano Arriaga, don Federico Olvera, un modesto joyero de esa zona de mercado, con su silencio, ofreció la crítica más punzante, agria y avasalladora por necesidad en contra del presidente municipal.

 

Al paso de decenas, cientos y miles de transeúntes que a esa hora pico pasaban por esa zona que une a los mercados Hidalgo y República, don Federico con su silencio, juzgó a los gobiernos estatal y municipal. Con su mutismo los sentenció a yacer en el panteón de los políticos mediocres.

 

A su manera, el edil capitalino y el gobernador ofrecieron y se comprometieron en su momento a atender y resolver el problema ancestral del comercio informal. Los dos como candidatos, se reunieron en varias ocasiones con los comerciantes establecidos de la zona y con los locatarios de los dos mercados.

 

Por supuesto, dieron su palabra de que el problema sería atendido y luego resuelto.

 

Seis años después, el doctor Toranzo no cumplió y tres años después Mario García también les falló a los comerciantes.

 

Don Federico con los bazos en alto, mostró una cartulina en color verde fosforescente, en donde escribió: “Por favor apague su ruido”. Hacía alusión al endemoniado ruido que a diario asuela la zona, toneladas de decibles taladran los sentidos en una zona gobernada por grupos de poder, grupos tolerados e incluso, apadrinados desde los gobiernos estatal y municipal.

 

No muy lejos de ese lugar, en la calle de Pedro Montoya, entre 16 de Septiembre y Moctezuma, hace tres años, Mario García sostuvo su primera reunión como precandidato del PEVM y PRI a presidente municipal con locatarios del mercado República. Se reunieron en la sede de la Unión de Locatarios.

 

Huelga decir que García, que andaba con los bonos por las nubes, dijo que le cambiaría la vida al mercado y de paso a la zona y a los comerciantes, que se atenderían todos los problemas y se pondría orden en la zona, o sea, acabaría con el comercio informal.

 

La protesta de don Federico quiere decir que el alcalde no cumplió y que antes que él, el gobernador que había ofrecido idem al alcalde, tampoco lo hizo. No era necesario en esa solitaria manifestación recitar nombres ni recordar y desempolvar compromisos políticos que valen tanto como la credibilidad del presidente Enrique Peña Nieto.

 

El silencio de don Federico debió ser aplastante, asfixiante para un par de servidores públicos que, tratándose de hacer promesas, resultaron peor que los merolicos que engañan a la gente en la explanada.

 

Cuando don Federico pedía que le “apague a su ruido”, se refería también a todos los problemas que el alcalde y el gobernador dejan pendientes: la inseguridad, la prostitución, el comercio informal, el abandono de la zona como área habitacional, el olvido sobre los servicios fundamentales, la falta de competitividad y otros.

 

La verdad es que resulta patético: un sexenio perdido y un trienio municipal extraviado en su inagotable mediocridad.

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