Astrolabio

Por Antonio González Vázquez

Han pasado ya cincuenta días desde la exhibición del video en el que el diputado Enrique Flores describió minuciosamente algo hasta entonces desconocido: la Ecuación de Corrupción.

Ya son cincuenta días desde que se destapó la cloaca. Van cincuenta días y el escándalo ha devenido en circo.

Hace cincuenta días Enrique Flores se elevó a la cúspide de la fama y probablemente desde entonces, su nombre es sinónimo de corrupción. Hace cincuenta días que en vez de justicia hay impunidad, divertimento, chanza, chascarrillos, chismes, simulación, grilla. Todo, menos justicia.

Ni asomo de justicia.

Desde el 12 de junio cuando se removió el estercolero han sucedido muchas cosas, pero nada de fondo. Puro artificio, mucho ruido y pocas nueces. Cincuenta días después el circo está en todo su apogeo.

Y los corruptos, bien, gracias.

Cincuenta días son tiempo suficiente para entender el mensaje: en San Luis las cosas no cambian. Unos corruptos de licencia y otros en la banca y bien finiquitados para que no sufran lejos del presupuesto público.

Medio centenar de días después, el alcalde de Ébano, Crispín Ordaz, el edil que grabó en video a Enrique Flores, tampoco ha sido investigado. Fueron 40 millones de pesos los observados a su cuenta pública y eso pareciera ser lo que menos importa.

Es el circo, el puro espectáculo, que todos se diviertan y entretengan sin que nadie sea consignado ante un juez.

Los catorce funcionarios corruptos cesados de la Auditoría Superior del Estado han sido el único saldo posible pese a la magnitud del caso, aunque ninguno de ellos corre peligro alguno.

Cincuenta días han sido insuficientes para que la Procuraduría General de Justicia concluya una investigación que no va más allá del artificio. Cincuenta días no han bastado para confirmar que Flores, Barrera, Bautista y Torres forman un team de extorsionadores de presidentes municipales.

Si la Procuraduría no ha logrado en cincuenta días reunir pruebas de que esos diputados son extorsionadores y hay una demanda de un alcalde que así lo denuncia, ¿entonces qué puede y qué no puede el Procurador?

Desde el 12 de junio pasado, las instituciones públicas y la clase gobernante del estado, está en el ojo de todo el país, del que San Luis ha sido burla por el lodazal salpicado por la Ecuación de Corrupción.

Y el circo pasa a ser carpa de pueblo con pésimos actores: los diputados se oponen al regreso de Enrique Flores porque “daría mala imagen” del Congreso. Vaya bodrio legislativo puesto que la sola palabra diputado ya es como una mentada de madre.

El problema de fondo no son las estupideces de los diputados ausentes y presentes, lo grave es que han pasado cincuenta días y la Procuraduría General de Justicia no da muestra de su existencia.

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