Cuando el poder público dice que consultará a la sociedad para conocer su voz y atender sus propuestas, siempre hay que dudar. Al gobernante suele gustarle mucho decir cuantas veces que sea necesario, que el suyo es un gobierno que escucha y está cercano a la gente. Juan Manuel Carreras no es la excepción.

En los hechos, escuchar a la gente y tomar ideas, sugerencias, recomendaciones o propuestas no va más allá de un acto más de simulación.

Es falso que el gobernante gobierne de acuerdo con lo que le dice la ciudadanía dado que el que gobierna es el partido que lo llevó al poder, seguido de todos los grupos fácticos que le acompañan.

El que gana las elecciones es el que define qué hacer en el gobierno y no hay otra manera. Es contundente, pero así es.

La Ley dice que al inicio de una nueva administración de gobierno electa por el voto de los ciudadanos, presentará su Plan Estatal de Desarrollo al Congreso del Estado. Para tal efecto, el gobernador en turno convoca “democráticamente” o debiera decirse, falsamente, a un proceso de consulta ciudadana.

Esa consulta debería dar como resultado la presentación de un conjunto de propuestas que permitir al gobernador armar su estrategia de gobierno para el sexenio.

A la luz de lo que se ha venido presentando en la consulta carrerista, dicha consulta parece haberse convertido en el mayor acto de simulación en lo que va de la naciente administración.

Así como Dios multiplicó los panes, el gobierno de Carreras ha multiplicado las propuestas para el Plan Estatal de Desarrollo. La nota que acompaña este portal es más que elocuente.

¿Cómo creer en un gobierno multiplica en unas horas propuestas como si fueran votos?

¿Cómo participar en una consulta que tiene toda la traza de ser manipulada?

Si así se va a gobernar, parece que para Ripley, pronto se podrá extrañar al doctor Toranzo.