Astrolabio

 

El Consejo Directivo Universitario es un clan, un club de tobi, una círculo de amigos, una junta de cuates que tienen en común actuar bajo la línea dictada por el rector de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, quien no está de más decirlo, es el hombre más poderoso de la institución, al que se obedece y se le rinde pleitesía. Manuel Fermín Villar Rubio se va a reelegir en el cargo y nadie puede ni debe decir que no.

La estructura jerárquica y de poder en la Universidad fue diseñada para que el rector sea omnipotente y omnipresente. Es como el dueño del changarro quien ordena qué se hace y cómo se hace.

 

Hace unas semanas Villar Rubio decía que analizaba la posibilidad de reelegirse por cuatro años más y decía con un dejo de sarcasmo que, quien sabe, hay otros que también quieren llegar al cargo. Bien sabía y sabe hoy que no es así, que él seguirá siendo rector por aclamación, no porque sea el mejor sino porque es el rector y puede decidir su reelección.

En ese contexto, llama la atención el anuncio de la Federación Universitaria Potosina de realizar una consulta a los 29 mil estudiantes universitarios para que digan si están de acuerdo con la reelección de Villar Rubio y en su caso, de directores de escuelas y facultades.

 

Sin duda, se trata de un ejercicio interesante por el hecho de que se pueda tomar en cuenta la voz de los estudiantes para que con base en eso, se defina la postura de la Federación Universitaria frente a la reelección de los burócratas universitarios.

Es además, un ejercicio democrático y de consulta necesarios en una época de cambios significativos en donde ya no parecen caber las decisiones grupales y/o unipersonales respecto de asuntos que le interesan a muchos.

 

Que lo anuncie la FUP es bueno, pero sus resultados serán muy limitados pues no alcanzan influir en la anquilosada estructura administrativa y de poder de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, en la que se reitera, el rector es el que ordena y todos obedecen.

Pero bien visto, la consulta estudiantil debiera entenderse como un mensaje al rector y su cúpula directiva en el sentido de que bien se haría en impulsar cambios significativos en el proceso de elecciones internas.

 

No puede ser posible que en el Consejo Directivo Universitario, reunidos en concilio un grupo de notables decidan quien es rector y lo peor, siguiendo sus instrucciones. El dedazo priísta palidece ante el dedazo universitario, eso está claro.

 

Lo deseable es que antes de que se reúna el Consejo para la reelección, Villar diera un paso adelante y dijera, me someto a consulta de todos los universitarios y que por la vía del voto secreto, definan si sigo o me voy, que los resultados sean vinculantes y que los acataré.

Eso es lo deseable, pero ni siquiera es lo posible. Villar habla con cada director y con cada consejero maestro por escuela y facultad y les dice me voy a reelegir, creo que lo prudente es que me apoyes, ¿lo harás, verdad?, esa es la realidad y es la más antidemocrática que puede existir en el ámbito de la educación superior.

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