Astrolabio

 

Cumplidas dos semanas de la crisis de la basura en la capital parece que solo hay una cosa cierta: no hay voluntad del gobierno municipal para arreglar un asunto que afecta a miles de capitalinos.

Gobernar bien y encabezar un gobierno de calidad no es cualquier cosa. Ricardo Gallardo Juárez ha dejado constancia en cuatro meses de gobierno que no ha hecho lo uno ni lo otro, es decir, no ha gobernado bien ni tiene un gobierno de calidad.

Quince días después, el conflicto del ayuntamiento con la empresa VIGUE en vez de encontrar cauces de solución ha encontrado muros de soberbia. En desplegado público hace unos días, la empresa deploró que pese a insistentes llamados a la autoridad para reunirse y buscar una salida al problema, no se ha tenido ninguna respuesta.

La empresa recurrió incluso a la denuncia pública en una carta dirigida al presidente de la república, Enrique Peña Nieto, así como a los titulares de SEGOB y SEMARNAT y al gobernador Juan Manuel Carreras López. Eso de poco sirvió, no ha habido intervención alguna de nadie.

 

Por alguna razón que nadie sabe, el alcalde ha decidido tomar la ruta más compleja y delicada frente al problema: lo ha politizado y quiere llegar al punto de la rescisión del contrato.

 

Es decir, ha construido un discurso agresivo en contra de la empresa para colocarla como irresponsable y abusiva, le ha acusado de incumplir el contrato y de alterar los cobros mediante pesajes indebidos de desechos. Al mismo tiempo, ha implementado una campaña para hacer notar que el ayuntamiento puede brindar el servicio sin ningún problema, lo cual, en estas dos semanas, se ha visto que es una falacia.

Se ha estimado que más del cincuenta por ciento de las entre 700 y mil toneladas diarias que se producen de basura en la ciudad no se recolectan con eficiencia y oportunidad, de modo que en las casas de los capitalinos existen ya basureros en potencia con los riesgos a la salud que ello implica.

 

Eso es un hecho. Nadie puede soportar que la basura se acumule en el patio de la casa y que las autoridades municipales no hagan nada al respecto.

De manera irresponsable, el ayuntamiento afirma que se recolecta el 80 por ciento de lo que se genera, lo cual es imposible pues no se cuenta con infraestructura para eso.

 

Quince días después, está claro que no ha habido sensibilidad política sino bravuconería y eso, en verdad, no lleva a ningún lado. Seguramente ya sea este lunes o martes, el alcalde ordenará que el Cabildo se reúna para que, ahora si, se logre rescindir el contrato a la empresa.

 

¿Y luego?

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