Carlos López Torres, más de medio siglo de historia política en San Luis Potosí

La represión al navismo en 1961 es un trauma colectivo que cancela el espacio público de discusión; en la década siguiente resurge en diversos procesos de lucha.

José de Jesús Ortiz

Segunda Parte, consulta aquí la primera parte de la entrevista.

Su memoria recorre diversas etapas de lucha social que forman parte de la historia contemporánea de San Luis. Movimientos que, pese a la represión y la derrota, dejan una impronta en la ampliación de un espacio público de discusión y participación, exiguo durante los años sesenta y setenta del siglo pasado, tras la represión al navismo en 1961. Aun así, quedan sembradas semillas y un descontento social que estallará en los años posteriores a 1968.

Se trata de un espacio, dice el profesor Carlos López Torres, que se amplió a contracorriente y en el que los ecos del ‘68 en la Ciudad de México llegan aquí hasta inicios de la década de 1970, con el surgimiento de un movimiento social que comienza a articular luchas del campo y la ciudad. “No hay ese espacio público porque se habían encargado de cancelarlo en 1961 con la gran represión contra el navismo, con la salida del Ejército… Es una especie de trauma colectivo”.

También, reconoce que, en esos años, entre la izquierda prevalecía un gran dogmatismo y sectarismo, además de que no había una elaboración teórica para las condiciones que se vivían en México. Es hasta después de 1968 que comienzan a hacerse diversos esfuerzos en ese sentido. 

“La gente de izquierda nos educamos básicamente a través de dogmas, de teorías que funcionaron para otro contexto y que tuvieron éxito. Porque esos comunistas tanto de la Unión Soviética con Lenin, como en China con el propio Mao, lograron ser muy creativos, es decir: leyeron a Marx, pero ajustaron todo a las condiciones propias de su país y lograron avanzar. Pienso que el esfuerzo intelectual aquí no se dio. En el Partido Comunista Mexicano hay gente que empieza a cuestionar todo eso, a leer a Daniel Cosío Villegas, otras lecturas que, aunque no eran típicamente marxistas son aportes para el conocimiento del sistema político mexicano que nosotros dividíamos automáticamente en burgueses y proletarios, opresores y oprimidos”.

En entrevista, dice que un contexto más amplio, la contracultura que irrumpe desde finales de la década de los años cincuenta con el rock o figuras como James Dean y Elvis Presley, impacta profundamente en la conducta de los jóvenes, en el comportamiento, la forma de vestir, en el lenguaje y el desafío a los valores dominantes. Es la época de las rebeliones juveniles en el mundo que estallan con el mayo francés.

“Refleja todo un hartazgo de los jóvenes también hacia cierta moral, ciertas costumbres, se va conformando una nueva actitud, una visión ante la vida y un deseo de renovación, en muchos casos llega a rupturas con la propia familia, pero básicamente es en contra de una serie de actitudes de la sociedad. Aquí, por ejemplo, recuerdo el caso del Grupo de Teatro Zopilote, casi una década después, el tema recurrente de mandar a la chingada el Manual de Carreño, era una especie de reto a la sociedad potosina, de La Lonja, del Club Deportivo Potosino, esa élite y esa sociedad potosina curra, muy conservadora. Zopilote juega un papel muy importante en la vida cultural en San Luis, sobre todo en ese periodo, va a estar presente después en la década de los 70”.  

Dice de su relación con el Grupo de Teatro Zopilote fundado en 1967 por los hermanos Fernando e Ignacio Betancourt y Mario Enrique Martínez: “Nosotros aprovechábamos sus presentaciones porque ellos juntaban gente, entonces nos servía un poco de cobertura, íbamos a entregar propaganda (del Partido Comunista, de la Guerra de Vietnam o la Revolución Cubana). En un principio como que se sacaron mucho de onda, como que llegaron a pensar que éramos un grupo de oportunistas, porque ellos juntaban a la gente y nos daban cobertura, hasta que platicamos con ellos y encontramos enormes coincidencias, sobre todo a partir de ‘68”.

Astrolabio: ¿En 1968 en San Luis no hay un eco importante de lo que estaba sucediendo en la Ciudad de México?

Carlos López Torres: No, creo que la parte que va de la derrota del navismo, con la represión en 1961 y la recuperación del campus universitario, hace que se vaya reconstruyendo otra vez la hegemonía del PRI dentro de la Universidad. Es la Universidad claustro la que prevalece. Cuando mucho se da la presencia de activistas que llegan de México, algunos a repartir volantes, pero no encuentran gran eco…Aquí no hay una reacción. No hay coordinación, ni hay una expresión así masiva, ni siquiera medianamente masiva con los estudiantes, pero hay una memoria. En San Luis se empieza a dar hasta 71, con la matanza del Jueves de Corpus, con Los halcones. Eso viene a remover la conciencia y entonces sí sale ya un buen número de estudiantes a la calle, ya hay una reacción”.

Preciso en su memoria, el profesor Carlos López señala que en 1973 el gobierno de Antonio Rocha Cordero utiliza nuevamente al Ejército para tratar de disuadir un movimiento social que crecía a partir del rechazo al aumento de las tarifas del transporte urbano. Al mismo tiempo, en la Huasteca se articulaba la lucha por la tierra, contra los cacicazgos y grandes latifundios, aglutinada por el Campamento Tierra y Libertad que encabezaba Eusebio García Ávalos.

“En 1973 Rocha manda sacar al Ejército para disuadir a los estudiantes de no continuar la lucha que se volvía muy grande en contra del aumento al transporte urbano. En su calidad de gobernador había autorizado un aumento de acuerdo a las facultades que tenía, pero la respuesta no se hace esperar. Se inicia un movimiento, en el que ya participan estudiantes de la Universidad, la gente ligada al Campamento Tierra y Libertad. Una serie de personas, incluso de escuelas privadas”.

A: ¿No hay en SLP un espacio público de participación política en esta época?

CLT: No había porque se habían encargado de cancelarlo en 1961 con la gran represión contra el navismo, con la salida del Ejército. No es gratuito, no pienso que hayan tenido la intención de usarlo en 1973, pero era revivir la imagen de la represión que había quedado y que había impactado mucho al navismo, porque allí sí hay muertos, heridos hay detenidos, hay la participación del Ejército abiertamente. Es una especie de trauma colectivo. Nosotros empezamos a ser catalizadores de todo eso que quedó, de ese descontento, de esas cosas que la gente se guarda, de esas facturas que tiene el pueblo y que en un momento determinado en una coyuntura se presentan. Siento que así fue el respaldo popular que se tuvo tanto en el ´73 como el ´75.

A: ¿Son semillas que quedan sembradas?

CLT: Sí, que quedaron ahí sembradas. Por eso digo que no es gratuito que Rocha haya optado por sacar al Ejército o que este haya actuado de motu proprio, pero no creo, yo siento que fue una acción concertada para disuadir, porque esto revivía la imagen del Ejército represor, que va contra el pueblo. Y tenía toda la intención de disuadir y de evitar que el mitin de Fundadores fuera lo que fue, pudo haber sido más grande, pudo haber un desbordamiento.

Los bombazos de 1975

En la imagen aparece con barba y el cabello negro, desordenado, camisa blanca. Mira de forma oblicua a la cámara, con expresión seria, como escudriñando la escena para consumo de la prensa de nota roja de la época. Tiene 34 años. Lo acompañan cuatro jóvenes, estudiantes universitarios: Ricardo Moreno Barajas, Julio Hernández López, Héctor González Charó y Jesús Mejía Lira. No hay sonrisas o dramatización. Comparten miradas directas, contenidas.

La fotografía es del 30 de enero de 1975 del periódico El Heraldo, luego de haber sido detenidos algunos de los principales dirigentes del Frente Popular Estudiantil y del Partido Comunista, acusados por el gobierno de Guillermo Fonseca Álvarez como responsables de la detonación de tres bombas en el centro de la ciudad la mañana del 27 de enero, que dejan como un saldo de cinco personas muertas y cerca de 30 heridos.

El atentado fue reivindicado por el grupo armado la Unión del Pueblo, como parte de una acción en al menos tres estados del país para conmemorar el primer aniversario de la muerte de Jorge Meléndez Luévano, uno de sus dirigentes históricos. Desde el primer día el gobierno federal, a través de sus organismos de inteligencia, sabía que los responsables eran militantes de ese grupo, no los activistas del Frente Popular Estudiantil movilizados desde un año atrás para rechazar el aumento a las tarifas del transporte. Un hecho que fue utilizado por el gobierno de Fonseca Álvarez para criminalizar y desactivar la lucha social que se libraba en San Luis.

Él es detenido la mañana misma de las explosiones, golpeado, torturado, antes de ser enviado a la penitenciaría, de donde es liberado semanas después; el resto había salido en los días posteriores a las explosiones.

Dice de aquellos hechos de los que este martes 27 de enero se cumplieron 51 años: “El movimiento había rebasado las expectativas que tenía, había logrado crear una situación política de cierto descontrol del gobierno de Fonseca. Es decir, las organizaciones gremiales que tradicionalmente venían apoyando al PRI y por lo tanto a Fonseca, no habían funcionado. Nosotros habíamos adelantado, habíamos hecho trabajo con ferrocarrileros, con mineros, con diversos grupos que tenían un peso político muy grande e importante”.

“Llegó un momento en que Fonseca se vio obligado a retroceder en lo del pasaje y esto obviamente lo mostraba como un gobernante débil. Por esa razón es que nosotros pasamos de alguna manera a la ofensiva, a organizar mítines en las colonias, empezamos en el Mercado Revolución como primer centro de colonias importantes, porque ahí sentíamos que había una base social…todo eso pesó mucho para que aprovechara el estallido de las bombas y culparnos a nosotros”.

A: ¿Por qué cree que el gobierno de Guillermo Fonseca insistió en implicar al Frente Popular Estudiantil, sabiendo que era falso?

CLT: Creo que en ese momento se impone el famoso principio de autoridad que fue sostenido por el Estado mexicano posrevolucionario, por los gobiernos priistas. No era tanto el estado de derecho, en ese caso ellos habían violado prácticamente todas las formas: no había presunción de inocencia, órdenes de aprehensión, de cateo, no había garantías individuales, nada. El principio de autoridad era muy propio del autoritarismo mexicano.  En el caso del gobierno de Fonseca tenía la presión de los grupos de derecha en la entidad, de los camioneros, para que ocupara la fuerza. Salen desplegados (en los periódicos) pidiendo nuestras cabezas, uno de ellos muy comentado fue el de Salomón H. Rangel, que nos acusaba de guevaristas; presiones del Centro Patronal. Pienso que había esa presión muy fuerte, pero no tenían elementos en contra nuestra como lo pudimos demostrar.

A: Con las detenciones que se dan tras el estallido de las bombas ¿el gobierno logra terminar con el movimiento popular?

CLT: Sí, logra desarticular, descabezarlo, parar las movilizaciones, vuelve las cosas como estaban mediante el uso de la fuerza. Entra en un impase muy grande el movimiento y ya no vuelve a tener otra válvula de escape sino hasta que reaparece el doctor Nava, una década después.

En su caso, tras el apoyo del Comité Ejecutivo del Partido Comunista a nivel nacional, que envía a Gilberto Rincón Gallardo para que lo asesorara jurídicamente y se entrevistara con el gobernador, además del apoyo de maestros a nivel nacional, logra obtener su libertad semanas después, sin cargo alguno.

Más de 50 años después de aquellos hechos, dice que la lucha social que se daba “fue un momento muy importante en la historia y en la vida política de San Luis. Se desactiva una movilización que era ya muy intensa, que podía tener un carácter estatal, estaba en las principales zonas del estado. No tenían posibilidad de cooptar el movimiento, no pudieron y recurrieron a la represión y al asesinato en el caso de la Huasteca (con el asesinato de Eusebio García, dirigente del Campamento Tierra y Libertad).

La estancia en la URSS

Carlos López Torres fue uno de los últimos dirigentes comunistas en realizar una estancia en la extinta Unión Soviética como parte de los programas de formación política, invitado por el Partido Comunista. En otra etapa, también estuvo Prisciliano Pérez.

En su caso, se da a partir de una invitación de la Federación Sindical Mundial al Partido Comunista para hacer un curso sobre la crisis y el papel del Estado, dirigido a sindicalistas, en una estancia de tres meses que lo lleva primero a Frankfurt, Alemania. Es 1979, una década antes de que se desplome el Muro de Berlín y con ello la utopía revolucionaria.

“Los compañeros del partido consideran que había que aceptar esa invitación y dicen ‘acéptala porque eso va a indicar que vayas, nosotros por nuestra cuenta haremos alguna gestión’.  Atendiendo a eso es que yo me traslado a la Unión Soviética, tengo que hacerlo de manera clandestina, viajar de aquí a la Ciudad de México y de ahí hacia Alemania. Ahí tengo que pernoctar para eludir la vigilancia, perderme y viajar luego hacia Moscú”.

En ese tiempo era coordinador del Consejo de Representantes de la Escuela Normal Superior de México y realizaba una maestría en historia. Como parte de la lucha sindical, había participado en diversos trabajos organizativos a nivel nacional, antecedente de lo que será la constitución de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, en diciembre de 1979.

 A “finales de 1978 me hablan de este proyecto para ir a la Unión Soviética, me voy en marzo del ‘79, llego primero a Frankfurt, allí había que perderse. Obviamente uno no sabía, pero había gente que te conducía. Tú llevabas el contacto, todo era a través del Partido Comunista”.

A: ¿Cuántas personas participan?

CLT: De México fuimos alrededor de seis personas. Tres viajamos juntos y los otros nos encontramos en Frankfurt, allí estuvimos más que dos días. Llegamos a la Unión Soviética y de ahí vamos a dar a una dacha que es una especie de casa de campo que se usaban mucho. Fuimos a dar un poco para aclimatarnos y recibir una serie de pláticas sobre a lo que íbamos, del curso que tomaríamos, etcétera. Nos dan una especie de  pasaporte especial, que ellos le llamaban propusk, que es el que te abre las puertas. Es decir, te da nivel de funcionario. Te lo dan con la recomendación de que no lo uses ni mucho menos abuses de él. Que lo tengas como una identificación.

Nos dan todas las instrucciones y luego ya nos llevan al Instituto de Ciencias Sociales de Moscú, en ese lugar estuvo Mijaíl Gorbachov (último presidente soviético, 1988-1991). Este Instituto fue durante un buen tiempo un centro de investigación. Por primera vez traté ahí a críticos del Partido Comunista de la Unión Soviética. Eran conferencistas, investigadores, maestros, académicos de ese centro de estudios, porque era un centro de investigaciones sociales muy avanzado, había doctorados, maestrías y diplomados. Nosotros llegamos a una especie de diplomado. Conocimos investigadores sobre América Latina, algunos mucho muy dogmáticos, pero conocimos gente que estaba muy abierta a la lucha de América Latina. Conocí uno que se llama Burlatski, que después apareció como asesor de Gorbachov cuando surge con la perestroika. Varios de ese tipo.

A: ¿Cuánto tiempo estuvo en la Unión Soviética?

CLT: Poco más de tres meses, estuve de marzo a finales de junio. Había gente de América Latina, gente de todo el mundo, estaban divididos por secciones, por el nivel de necesidades de conocimiento. Había los que estaban haciendo doctorados en economía, filosofía, historia, o cursando maestrías; y había los que éramos cuadros que íbamos a prepararnos políticamente, que éramos cuadros medios de los partidos comunistas de América Latina, de África, de Asia no tanto. Me tocó convivir con comandantes de Angola, del Congo, africanos, pero igual compartir con gente de Europa donde el capitalismo estaba muy avanzado. Dormíamos en unos inmensos como hoteles y establecíamos, por lo tanto, una serie de relaciones, intercambio de opiniones con mucha gente.

Dice que aquella estancia en Moscú conoce a Jorge Schafik Hándal, uno de los cinco comandantes históricos de la guerrilla en El Salvador, del Frente Farabundo Martí, que más de dos décadas después será candidato presidencial. “Fuimos a una entrevista a un instituto y luego nos fuimos a desayunar a un hotel para dirigentes extranjeros. Lo conocí, platicamos muy ampliamente y después yo estuve en El Salvador en el Noveno Congreso, donde el Partido Comunista decide pasar a la lucha armada plenamente, hasta entonces se mantenía en la lucha abierta, de masas, pero se había cancelado esa posibilidad. Cuando yo regreso de la Unión Soviética, enseguida se da ese Congreso. El Partido Comunista Mexicano me designa como su delegado a ese Congreso y en esa calidad me vuelvo a encontrar con Schafik Hándal”.

Estos años

Luego de la reforma política a nivel nacional que legaliza al Partido Comunista Mexicano y establece la creación de diputados de representación proporcional, Carlos López Torres fue el primer legislador de izquierda en llegar al Congreso del Estado (1981-1984), meses antes de que se acordara la disolución del Partido Comunista Mexicano y la creación del Partido Socialista Unificado de México. Desde ahí, impulsó la discusión y una agenda para el fortalecimiento municipal, en un contexto de asedio del gobierno de Carlos Jonguitud al ayuntamiento capitalino encabezado por el doctor Salvador Nava.

Años después, apoyó al Frente Democrático Nacional que impulsó la candidatura presidencial de Cuauhtémoc Cárdenas en 1988 y luego la fundación del PRD, en el que se mantuvo hasta la primera década del 2000, antes de que ese partido fuera corroído por la voracidad y el pragmatismo de sus dirigentes que terminaron firmando el llamado Pacto por México.

De forma paralela, en estos años ha seguido cerca de diversos movimientos sociales como fue el caso de la defensa de Cerro de San Pedro frente al proyecto depredador de la Minera San Xavier, en el que jugó un papel esencial en el periodo de Oscar Loredo como alcalde, frente a las presiones de la minera y el gobierno local y federal para otorgar los permisos de operación municipal que requería la empresa canadiense. También, ha estado cerca y ha apoyado otras luchas como la de trabajadores de la empresa Vidriera del Potosí.

Alejado de la política de partidos desde hace más de una década, su larga experiencia política la canaliza ahora al apoyo de maestros jubilados, así como en la atención de diversos asuntos vecinales y problemas sociales. 

Ve con simpatía el proyecto político de la llamada Cuarta Transformación, aunque con cierta distancia crítica. Cuestiona que el partido, ya en el gobierno, no haya creado una estructura organizativa desde abajo, un instrumento para que la gente participe y no solo espere dádivas.

También, reconoce como un acierto de este gobierno la política social, así como el aumento al salario mínimo en poco más de 150 por ciento en siete años (desde 2018 con la llegada de Andrés Manuel López Obrador), algo impensable en el periodo de gobiernos neoliberales.

Desde su larga trayectoria en la izquierda partidista, dice del gobierno de la llamada Cuarta Transformación: “Yo lo veo como un proyecto progresista, cercano a la socialdemocracia, que seguirá construyendo ciertas condiciones de bienestar para la población y eso me parece que es correcto. El problema consiste en cómo hacer que la cultura política de las masas, que están viendo que ‘este gobierno es bueno porque me da’, sea un gobierno bueno porque los toma en cuenta y aunque no me den yo sigo participando”.

A: ¿Y qué valoración hace de los gobiernos de la 4T?

CLT: Hasta ahora la 4T ha hecho parcialmente lo que en el discurso  se ha propuesto,  más que nada por el conocimiento que han tenido de lo que es el ejercicio del poder, por las fuerzas que hay que enfrentar, pero sobre todo por el contexto internacional y de una manera importantísima la relación con Estados Unidos y el gobierno de Trump. Pienso que han optado por hacer un proyecto que no choque totalmente, porque además hay acuerdos comerciales muy importantes. Está muy condicionado este proyecto por esa relación…No es cualquier cosa tener de vecino a un país que además está dando un viraje internacional hacia la derecha y está trabajando para la derechización del país.

A: ¿Cuáles son sus críticas o discrepancias con el proyecto de la 4T?

CLT: El problema es que el partido no se ha ido transformando para el ejercicio del poder…A mí me parece que el problema principal que tiene la Cuarta Transformación es formar un partido de nuevo tipo, en donde haya una verdadera participación de la gente, que no esté esperando que el partido haga esto o repartiendo. Una organización desde abajo, un partido nuevo que sirva a un proyecto de transformación como el que se pretende, donde la gente tenga mayor participación y no donde esté esperando la dádiva, el reconocimiento manifestado en algo tangible, sino un proyecto donde la gente se sienta que ella es también el partido, que tiene poder de decisión y que necesita involucrarse en el rumbo que tiene que seguir la transformación.

A: ¿Cuál es a su juicio el principal logro de este proyecto?

CLT: El principal logro es que, por un lado, ha estabilizado la situación política del país, sin necesidad de agravios, de venganzas hacia la vieja clase política que no tiene hoy más expectativas que estar buscando qué cosa sale mal, utilizando la violencia, que de eso tiene que cuidarse la 4T, de la provocación.

Arriba, a la izquierda, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo con diversos integrantes del Frente Amplio Opositor, entre ellos Juan Carlos Ruiz Guadalajara, Enrique Rivera Sierra y Lorena Gil; en medio, de pie, Carlos López Torres.

Habría que reconocer que la política social ha estado dando resultados, pero además ha ayudado a que México no entre en una crisis económica. Una buena parte de los trabajadores ha recibido de muy buen agrado los aumentos salariales más del 150 por ciento en estos siete años, que nunca creció el salario en los gobiernos priistas y panistas, al contrario se debilitó. Y ese aumento, combinado con la política social, está creando una nueva estructura nacional de las masas. Esa estructura siento que todavía es básicamente como un tipo de agradecimiento a lo que el gobierno está haciendo, tanto en el campo como en la ciudad.

A: A nivel local qué piensa de un personaje como el gobernador Ricardo Gallardo ¿lo ve como un cacique local?

CLT: Yo creo que tiene alguna aspiración, pero de eso a que lo logre va a estar complicado. Va a depender mucho, aquí cuenta mucho también el proyecto nacional. Es aliado, simplemente temporal, circunstancial y eso tiene que entenderlo Morena. Un gobernador que se ostenta como parte de la transformación, pues tiene que tener otro tipo de características.

A: El PRI fue derrotado en las urnas por la Cuarta Transformación, pareciera un partido en extinción, ¿la cultura priista también fue derrotada?

CLT: No, pienso que hay muchos elementos de la cultura priista que persisten. Uno de esos elementos es el clientelismo. Yo creo que no tiene por qué practicarlo el partido, Morena. Tienen que irse transformando, ser más activos, hacer que las masas sean más participativas; otro rasgo en algunos sectores es el amiguismo; otro es la corrupción y la impunidad, que serían también parte de esa cultura priista. Eso se tiene que combatir sin mayor temor si se quiere una auténtica transformación. 

La mañana avanza. La conversación es inagotable: vivencias, episodios y nombres que dan forma a una trayectoria marcada por la militancia y la lucha social. La memoria fresca. Le pido al profesor Carlos López Torres que me deje tomar algunas imágenes en exterior para la entrevista, asiente amable. Sugiere algunas con el brazo izquierdo y el puño en alto. Un gesto que resume su vida.