Astrolabio

Por Victoriano Martínez

Si la Comisión Ejecutiva Estatal de Atención a Víctimas (CEEAV) cumpliera a cabalidad con las funciones que le corresponden, no generaría tantos problemas como los que hoy se ventilan públicamente. Dicho con un refrán muy mexicano: lo que es parejo no es chipotudo.

Si en la CEEAV se enfocaran con una real convicción a la defensa de las víctimas, tal vez no habría necesidad de que un Ángel Sánchez tuviera que recurrir a un amparo para que finalmente se le reconociera como víctima.

Tampoco tendría que salir una agrupación civil como el Patronato de Renace Capítulo San Luis a dar acompañamiento jurídico a tres menores huérfanos de Rioverde porque no basta con que los incorporen al Registro Estatal de Víctimas, si no se atiende su derecho a una reparación integral del daño, con atención médica y psicológica que les garantice una calidad de vida.

El Poder Judicial de la Federación tampoco tendría que haber ordenado a la CEEAV determinar la reparación integral del daño a los familiares en el Caso Jair, joven asesinado en mayo de 2015 en Laguna de San Vicente, en 2018.

Si no fuera tan chipotuda, no se tendría un testimonio como el de José de Jesús Ortiz Cerda, víctima de despido injustificado como custodio del Consejo Tutelar para Menores: “El comisionado presidente (Jorge Vega Arroyo) prefiere litigar las resoluciones en tribunales que enfrentar el pago de la reparación del daño, a mí me lo dijo”.

Que hasta manos del presidente Andrés Manuel López Obrador llegara un expediente del caso de Noria de San José, entregado por Axel Acalli López Haro el pasado 24 de mayo, por una agresión en junio 2016 en la que personal de la CEEAV participó del lado de los victimarios es un chipote más.

Se trata de los chipotes de los que se tiene alguna noticia y que muestran que la CEEAV no es pareja, sino más bien chipotuda. ¿Cuántos casos más habrá en los que las víctimas mejor optan por no reclamar sus derechos y evitar ser re victimizadas por la institución que debería darles apoyo?

El plantón frente a las instalaciones de la CEEAV, con muchas o pocas víctimas que le reconozca la institución, no es más que el efecto de una Comisión chipotuda y, como tal, requiere de una solución de fondo.

Por eso sorprende que Jorge Vega Arroyo, titular de la CEEAV; Alejandro Leal Tovías, secretario general de gobierno, y hasta Jorge Andrés López Espinosa, presidente de la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH) coincidan en pretender minimizar el problema al atribuir el plantón a una sola de las víctimas.

El reclamo de más de medio centenar de víctimas que encabeza la agrupación Cambio por San Luis por la falta de atención ante el plantón no es más que un gran chipote colateral que resulta de los efectos de una Comisión chipotuda, cuyo defecto de no ser pareja es lo que necesariamente se tiene que atender.

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