Antonio González Vázquez

Originalidad, inteligencia, creatividad, inventiva, innovación e ingenio, son algunos de los atributos ausentes en las campañas a la gubernatura que cumplen un mes de haber arrancado.

Atestiguamos campañas que no hacen conexión con la gente, a la que se hacen ofrecimientos inverosímiles.

En un mes de campañas, ninguno de los candidatos ha mostrado claridad de pensamiento para comunicar cómo será su gobierno. 

No se percibe una movilidad social en torno a las campañas y a sus candidatos, porque carecen de algo sustancial: credibilidad y confianza.

Son treinta días de acciones de proselitismo con amargo sabor a algo viejo, un asomo a otros tiempos en los que las campañas eran eco de arengas insoportables. 

Se trepan en la tarima del escenario montado, toman el micrófono y empiezan a bombardear palabras y ya está, a lo que sigue.

Los anhelos de la población, sus problemas, necesidades, deseos, expectativas, sueños, emociones y sentimientos, se trivializan para simplificarlos al máximo.

Las campañas avanzan en el día a día sin agenda ni visión que sean del interés ciudadano; hay agenda del candidato pero solo en cuanto a qué lugar va, con quienes se reúne, qué les dirá. Solo lugares, fechas y horarios.

Preocupa que no exista visión de fondo acerca de lo que la ciudadanía espera del gobierno, sino que destaca lo irrelevante, la intrascendencia; no se abordan los problemas con responsabilidad y conocimiento, sí con frivolidad y torpeza.

Va un mes de campañas en las que no se ha mostrado el mínimo esbozo de un gobierno de calidad.

Hay generalidades al por mayor, de candidatos que no van más allá del producto de la mercadotecnia política.

Las demandas cotidianas de la gente sirven para rellenar líneas en el discurso pronunciado con cierta grandilocuencia. No toman en cuenta que el tamaño de la desconfianza ciudadana es monumental.

Brotan propuestas que en instantes se convierten en compromisos que a menudo tienen como destino la desmemoria. Se utilizan para escribir boletines de prensa con encabezados fantasiosos que luego los medios reproducen como si se tratase  de verdaderas noticias.

Se habla mucho y se escucha poco. A los candidatos no les interesa lo que piensa o dice la gente, se creen de otra estirpe, se sienten la última coca cola en el desierto. No piensan en el porvenir de la gente sino en el de ellos mismos.

La gente, que escuche, que tome lo que le regalan a cambio de la promesa de un paraíso desconocido. La gente no tiene derecho a decir nada, solo debe cumplir su papel de mudo testigo de las andanzas de las y los candidatos.

En el mes cumplido, las campañas del marasmo. A grito abierto sí, pero sin sustancia ni contenido; a voz alzada, pero de simples pronunciamientos dirigidos a auditorios cautivos.

Lo que no se ha mostrado en un mes, no vendrá en los dos que restan. Por promesas no hay problema, lo hay respecto de lo que sí es importante como es el buen gobierno. De ello, no hay referente alguno.

Desde las campañas se ve al ciudadano solo como un votante, un número que se vaya sumando en el día de las elecciones, olvidan que la gente vota no solo por el plan de gobierno y su plataforma programática, sino también por el grado de confianza y credibilidad que logren despertar.

En ese sentido, al cumplirse un mes de campañas, da la impresión que los candidatos no han logrado nada de lo anterior: ni han mostrado plan de gobierno del modo exhaustivo, preciso y transparente que se requiere, ni mucho menos han ganado la confianza y credibilidad de la gente.

Las campañas tendrían que ser cercanas a la ciudadanía, pero no lo han sido hasta el momento.

No sería extraño entonces, que las campañas por la presidencia municipal de la capital desborde en expectativa a las de gobernador.

En el municipio de San Luis Potosí, los perfiles políticos de los candidatos son de buen nivel. Habrá más combatividad y enjundia; se centrarán en la confrontación sí, pero presentarán el tipo de gobierno y la clase de ciudad que se proponen gobernar.

En la capital habrá más propuesta y también más ruido; la disputa entre Leonel Serrato y Xavier Nava, será álgida y muy interesante; de pronóstico reservado.