Antonio González Vázquez

“Estamos hechos de la misma materia que los sueños, y nuestra breve vida concluye con un sueño”, dice John Cheever en su novela Los Wapshot. La frase es parte de la lectura del epitafio de un miembro de esa familia, de nombre Leander, que había deseado que al morir, ya en el momento de ser sepultado en el cementerio, se leyera ese pensamiento.

Hoy más que nunca deberíamos reconocernos en esa vulnerabilidad de la humanidad; lo único seguro en la vida después de nacer, es la muerte.

Hoy, en momentos de máximo riesgo, la vida puede concluir súbitamente, pero desafortunadamente, no con la placidez de un hermoso y reconfortante sueño, sino hundidos en una pesadilla dantesca.

Algún trovador cubano cantó alguna vez que los hombres somos tan pequeños y tan efímeros que cabemos en un instante en los sueños de Dios.

Eso se nos olvida frecuentemente y sólo lo recordamos de modo pasajero cuando llegan las tragedias, pero a veces ni con la muerte enfrente aceptamos con humildad que la vida no es para siempre.

Lo que ocurre hoy es inaudito: todos los días se nos informa por todos los canales posibles que afuera hay gente muriendo, que hay gente sufriendo.

En estos momentos debe haber gente que agoniza en los hospitales; una agonía penosamente irremediable.

Como nunca en la historia, estamos expuestos a una cantidad ingente de información que nos da el parte de la realidad, pero parece que no la vemos ni la atendemos. A diario, nos dicen cuántas personas murieron en las últimas horas y cuántos se han contagiado y pese a eso, no hemos aceptado la tragedia que nos ha abrazado.

Para los que se niegan a entender que el virus esta aquí, un llamado más a la sensatez.

A los miles y miles que ni ven ni escuchan, otro llamado a la reflexión.

A las masas sociales que no atienden consejos, sugerencias ni recomendaciones, que rompen reglas y no respetan nada, una petición más a recapacitar.

Hace una semana, la doctora Mónica Liliana Rangel Martínez lanzó un llamado a la sociedad a sumarse contra la epidemia de COVID-19. La nula respuesta al mensaje, motivó un nuevo requerimiento a los inconcientes.

En la segunda semana de semáforo rojo epidemiológico en San Luis Potosí durante la nueva normalidad, la secretaria de Salud apeló con insistencia a la cordura en el comportamiento de los potosinos.

La doctora Rangel convocó a la ciudadanía a actuar con responsabilidad, lo cual pasa por quedarse en casa, mantener la sana distancia, utilizar cubrebocas y mantener la higiene personal.

Esas recomendaciones se han hecho una y otra vez desde el inicio de la epidemia a la que muchos peregrinamente se creen inmunes.

¿O es que somos unos brutos incivilizados o es que somos un puñado de irresponsables?

En sus respuestas a los reporteros que cubren todos los días la conferencia de prensa virtual de las autoridades sanitarias, la doctora Rangel dejó a la reflexión de la sociedad la posibilidad de que se recurra al aislamiento obligatorio en casa como ocurrió en diversos países del mundo.

El mensaje es claro: si no queremos llegar a eso, es necesaria la participación de la sociedad en el cumplimiento de las medidas preventivas que se han reiterado desde hace cinco meses.

Si es que queremos que las corporaciones policíacas, la Guardia Nacional, la Policía Federal, el Ejército y la Marina, en vez de atender el grave problema de inseguridad pública tomen las calles para vigilar que nadie salga a la calle, entonce sigamos siendo tan irresponsables como hasta ahora hemos sido.

No es posible que doctores y doctoras, enfermeros y enfermeras y demás personal en los hospitales sigan corriendo riesgos mientras que entre los ciudadanos se enseñorea la pachanga.

Algo del mensaje de la secretaria de Salud de San Luis Potosí: “Es importante de que en este momento ya tomemos conciencia, ayúdenos, ayúdenos. No hay nada que hacer en la calle, en la calle lo único que vas a encontrar es enfermarte de COVID-19; el enemigo público número uno está en la calle”.

“El enemigo público está en la calle y se llama SARSCOV2 y te mata, mata a tu familia, está matando a potosinos, a potosinas. No vale la pena dos horas de salir a pasear y exponer a la familia, la gente se está muriendo; no nos sorprendamos de que los hospitales están llegando a puntos máximos y que hemos tenido que estar escalando y escalando”.

“Las función que te toca a ti (ciudadano) es ayudarnos y ayudar a los demás”.

“En todo el país nuestro personal de salud está cayendo, se están enfermando, se están muriendo y lo único que están haciendo es atenderte y cuidarte”.

Ha sido otro mensaje desesperado, a ver si ahora sí lo atendemos.

Y si no es la fiesta, es la ambición y hasta el repudio y el odio.

En momentos de máximo riesgo, los aspirantes a la candidatura a gobernador del estado, desatados recorren municipios y colonias donde juntan gente para que atiendan su labia demagógica.

O bien, los que desde la comodidad de sus coches de lujo recorren las calles de la ciudad para exigir la renuncia del “dictador”.

Bien visto, si entre los ciudadanos hay muchos irresponsables que no hacen caso a las recomendaciones del sector salud y hacen los que entra en gana en este momento de emergencia, entre los políticos hay muchos más para los que la palabra irresponsables se queda muy corta.