Astrolabio

Antonio González Vázquez

La cuarta ola de contagios por Covid-19 y sus diversas variantes impacta fuertemente a San Luis Potosí.

De regreso a la incertidumbre que parecía haberse remontado tras la titánica labor de vacunación emprendida y aún no concluida.

Otra vez está latente el miedo a la muerte.

La nación y el estado reportan cifras máximas de contagio desde el inicio de la pandemia provocada por un virus capaz de mutarse asombrosamente.

Las autoridades sanitarias flexibilizaron las restricciones impuestas en el semáforo epidemiológico y la sociedad dejó atrás la endeble disciplina mostrada en las medidas de prevención e higiene.

De pronto, el país pasó a semáforo verde y devino la desgracia.

Se pensó que vacunados estaríamos a salvo y no ha sido así; la inmunidad de rebaño no se ha concretado y no toda la población se ha inoculado.

No podemos llamarnos a engaño o a que no lo sabíamos. Cada quien ha tomado sus decisiones, en lo personal y familiar, así como desde el gobierno.

En ese sentido, el lúgubre panorama del presente es responsabilidad de todos, aunque la de las autoridades es mayor.

Hace un mes, el gobierno de José Ricardo Gallardo Cardona emprendió una serie de actividades destinadas a “llevar alegría” a todas y todos los potosinos.

El Festival de Invierno diseñado por el gobierno estatal incluyó una serie de conciertos masivos que se celebraron en plazas y avenidas de distintos municipios. El Centro Histórico de la capital lució con una imagen nunca antes vista.

El árbol de navidad más grande de Latinoamérica, una pista de hielo en la Plaza Fundadores. En la Plaza de Armas, adornos y luces; en la Plaza El Carmen, un espectáculo de imágenes, luces y sonido para el asombro.

Miles y miles acudieron a invitación de las autoridades.

En las cabeceras municipales donde se realizaron los conciertos, los lugares fueron abarrotados de gente que, además de la música, recibieron juguetes y cobijas. Todo era gratis.

En el transcurso de las posadas navideñas, el gobernador Gallardo no dejaba de invitar a participar y él mismo estaba presente en los eventos. Llegó a lanzar el reto de a ver qué municipio reunía más gente.

La movilización social fue grandísima.

Al mismo tiempo, la actividad comercial y la movilidad propia de la temporada decembrina, multiplicó la presencia de gente en las calles, áreas, centros, mercados y plazas comerciales. Los empresarios y comerciantes, de plácemes.

La movilidad social y la derrama de aguinaldos reactivó la economía y todo parecía marchar en el mejor de los mundos.

Hoy estamos pagando las consecuencias.

A mediados de diciembre, la Secretaría de Salud llamó la atención en el sentido de que se observaba una movilidad preocupante y que la sociedad relajó las medidas sanitarias.

La variante Ómicron se extendía y provocaría una nueva oleada de contagios.

En una tibia respuesta, el gobernador Gallardo habló de la posibilidad de cancelar las posadas, pero no lo hizo.
Con semáforo verde, posadas navideñas y visto bueno del gobierno para gozar la fiesta, la pandemia quedó en segundo plano.

La responsabilidad de lo que ahora ocurre es de todos, pero de manera más acentuada, de las autoridades.

Hoy, en México, 19 estados tienen semáforo verde, 10 amarillo, 3 naranja y cero en rojo.

En San Luis Potosí el semáforo es verde, pero el gobierno afirmó que se seguirán las normas propias del amarillo.

Pero los gobiernos locales no pueden hacer lo que les plazca, sobre todo, si con ello pretenden tapar los hoyos que abrieron irresponsablemente.

El país ya rebasó los 300 mil decesos; San Luis Potosí alcanzó 6 mil 998 desde el inicio de la emergencia sanitaria.

Lamentablemente, es muy probable que se superen los 7 mil.

Vivimos momentos críticos y en buena medida, el antecedente son las posadas navideñas organizadas por el gobierno estatal.

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