Astrolabio

Antonio González Vázquez

El Partido Acción Nacional (PAN) será dirigido por una mujer, pero hay un gran peligro: que sea títere cuyos hilos controlen algunas manos masculinas.

Con la emisión de la convocatoria para renovar el Comité Directivo Estatal, el partido entró de lleno al proceso del que van a salir chispas sobre pasto seco.

El control del partido está en manos de una mancuerna de neo panistas de corte gradualista y pragmático: Juan Francisco Aguilar Hernández y Xavier Azuara Zúñiga. Ambos, tienen como mentor a Marko Cortés Mendoza, quién fue reelecto presidente nacional para el período 2021-2024.

La alfil de Aguilar y Azuara es la ex regidora capitalina, Verónica Rodríguez Hernández.

No debería asustar a nadie que la actual dirigencia estatal simpatice con alguna de las aspirantes, sin embargo, no resulta conveniente que esa natural empatía derive en acciones que desvirtúen el proceso.

El factor de riesgo es latente toda vez que el presidente saliente y el reelecto diputado federal, tienen bajo control buena parte de la estructura del partido a nivel estatal y en los municipios.

Encabezan una maquinaria poderosa y efectiva. Muestra de su capacidad de control, fue la elección del candidato a la gubernatura. Impulsaron a César Octavio Pedroza Gaitán y lo llevaron a ganar la interna en una contienda manchada por acusaciones de fraude.

Saben operar y no tienen rubor en las tácticas que sea necesario implementar para alcanzar su objetivo.

No importa si le abren un gran boquete al partido y lo dividen, para ellos, lo primero es ganar.

Les harán frente algunas panistas de reputación y trayectoria sólida, pero no tienen por el momento la fuerza necesaria para superar al grupo de Aguilar y Azuara.

Hace unos meses, cuando Sonia Mendoza Díaz y Juan Pablo Escobar Martínez abandonaron el partido, el grupo conocido como Círculo Azul prácticamente desapareció y con ello, la dirigencia se liberó de ese contrapeso.

El resultado: hicieron lo que quisieron, acapararon candidaturas, se aliaron al PRI y llevaron al partido al fracaso en los comicios locales y federales del 6 de junio.

Josefina Salazar Báez, Lidia Argüello Acosta, Wendy Guadalupe Rodríguez Galarza y Esther Pérez Martínez han trabajado un acuerdo para concretar una candidatura de unidad.

Todas unidas contra Aguilar y Azuara.

Pronto se pondrán de acuerdo y definirán a la candidata. No tienen otra alternativa porque en lo individual no les alcanza.

La candidatura se perfila para Josefina Salazar o Lidia Argüello.

El partido se jugará mucho en un contexto en el que San Luis Potosí requiere de una oposición unida y fuerte.

Convertida en la principal fuerza política del estado, “La Gallardía” se encuentra en pleno desarrollo y puede alcanzar tal solidez que se mantenga en el poder durante mucho tiempo.

El Partido Revolucionario Institucional está de capa caída y carece de la potencia suficiente como para hacerle sombra al gobierno de José Ricardo Gallardo Cardona.

Enrique Francisco Galindo Ceballos, recientemente reconocido en el tricolor como el “primer priísta” del estado, está convertido en auténtico aliado del mandatario, de modo que de ese partido no cabe esperar nada.

El Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) es oposición de papel, pues de facto es aliado del Partido Verde y la Gallardía.

No hay oposición, solo está el PAN.

En la dirigencia y cabezas de grupos del partido tendrá que imperar el sentido de responsabilidad para concretar una elección sin mácula, efectivamente democrática.

Hoy más que nunca se debe concretar la frase panista de “cancha pareja”.

Dar rienda suelta a la ambición para imponer a una dirigente a modo es inadmisible, sería una traición al partido, a sus militantes y a sus principios.

La campaña de las candidatas registradas será del 7 de noviembre al 10 de diciembre, la jornada electoral será el día 11.

El proceso ha iniciado y pronto la animosidad aumentará. Si se comportan bien y prevalece una voluntad democrática que propicie una contienda limpia, sin atisbo de conductas fraudulentas, todo irá bien.

Pero de imponerse la trampa, el partido descarrilará y la Gallardía podrá caminar libremente sin oposición que le haga frente.

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