Imagen tomada de internet

Antonio González Vázquez

Todos unidos contra Morena. Todos unidos contra Andrés Manuel López Obrador. Todos unidos contra la Cuarta Transformación.

Desde los sectores más retrógrados del capital de base conservadora, pero tan flexible que le permite, según la coyuntura, acercarse o distanciarse del poder público y de la partidocracia, se construyó Sí por México. Una “iniciativa ciudadana” ligada al sector empresarial que, desde el inicio del gobierno de López Obrador ha decidido derrocarlo a como dé lugar.

No les gusta como gobierna López Obrador, no les conviene, no les acomoda.

Es una oposición política al gobierno federal que tiene como propósito central derrotar electoralmente a la 4T, en los comicios del seis de junio del próximo año. Por eso, a los empresarios encabezados por Gustavo de Hoyos, se sumaron las dirigencias nacionales del PRI, PAN y PRD.

No los ha reunido la democracia sino la ambición y la repulsa al presidente de la república y a la cuarta transformación.

Unidos por su añoranza al México de Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña. Unidos por el principio inalterable de todo para los potentados y para la clase política. Unidos por la ambición.

Los empresarios como cabeza de proyecto y los partidos políticos como instrumentos de sus planes.

Se proponen ganar la mayoría en la cámara de diputados y 15 gubernaturas. Anhelan desaparecer del mapa a Morena y atar con camisa de fuerza al presidente López Obrador, para desbarrancar al gobierno federal en la segunda etapa del sexenio. El proyecto es simple: en las presidenciales del 2024 sacar a la 4T de palacio nacional.

En ese contexto nació la Coalición Sí por San Luis Potosí, integrada por PRI, PAN, PRD y PCP. Todos tan distintos en ideología, doctrina  principios, pero hermanados en la premisa Todos unidos contra Morena, Todos unidos contra López Obrador, Todos unidos contra la cuarta transformación.

A través de la prensa local, se ha pretendido hacer creer que para lograr la Coalición se tejió una compleja estrategia de negociaciones para convencer a los partidos a coaligarse, pero lo cierto es que los dirigentes locales sólo se plegaron a la orden de sus comités nacionales.

Las élites del poder hoy en desgracia, lo sabían desde que López Obrador ganó las elecciones presidenciales de 2018, con más de 30 millones de votos: separados no podremos recuperar el poder que, dicho sea de paso, esas élites consideran que solo les pertenece a ellos.

En San Luis Potosí Morena encabeza las preferencias, ya sea como partido único o en alianza. Con alianza, la delantera crece, así que o van todos juntos para poder competir o pierden de nuevo.

Sí por San Luis Potosí se sustenta entonces en ese principio o mejor dicho, en esa realidad política.

En las elecciones presidenciales de 2018, en la entidad, la suma de votos de los candidatos del PAN, PRD, MC, PRI, PNA y PVEM fue de  594 mil 332 votos. Juntos Haremos Historia obtuvo 526 mil 033 sufragios.

Se requiere sumar los votos de seis partidos para superar a la cuarta transformación.

Visto así, la coalición Sí por San Luis, parece tener cierto potencial para aspirar a ganar la gubernatura, aunque existe un pequeño problema, el Verde y Nueva alianza no irán con el PRI y Movimiento Ciudadano no va con el PAN.

Más aún, el PRD de hace tres años, no era la ruina que es hoy, su potencial electoral es mínimo al igual que el de Conciencia Popular. Ambos partidos, son más bien rémoras que se han colgado del monstruo.

Es decir que en términos de utilidad electoral, la Coalición se reduce al PAN y al PRI, en cuyas bases de militantes y simpatizantes no debió caer muy bien la alianza con el enemigo.

Los membretes de los partidos están en el acuerdo de registro de la Coalición y está la firma de sus dirigentes, así como el beneplácito de las élites, pero otra cosa es lo que está en la mente de los panistas que nunca han votado por el PRI o bien, de los priístas que sienten una genuina repulsa por Acción Nacional.

Ni siquiera la designación del candidato o candidata de esa Coalición (en caso de que se concrete en la boleta electoral) es problema. El problema es que lo acepten los que van a votar.

Imagine al panista que por años ha bregado en la colonia contra el jefe sectorial del PRI, al que ha acusado de todo lo que sea posible pensar y ahora, tendrá que ir de la mano para promover el voto contra el que siempre consideró un “corrupto”.

O piense en el aún existente líder sectorial del PRI pidiendo que voten por el candidato del PAN, que siempre ha tildado a los priístas de “hambreados y acarreados”.

O incluso, en el supuesto de que Xavier Nava Palacios sea el abanderado de la Coalición, cómo le hará una priísta para dejar en el olvido que el doctor Salvador Nava tumbó al gobernador Fausto Zapata Loredo.

La quema de palacio capitalino y la golpiza de un gobierno priísta a una multitud navistas y panistas en diciembre de 1985.

Y también, hordas de priístas golpean a mujeres navistas y panistas que mantenían el bloqueo a palacio de gobierno para impedir la entrada al gobernador electo al que llamaban espurio. Eso fue en 1991.

Para los cuadros dirigentes no habría problema, pero para las estructuras, los militantes y simpatizantes sí lo hay, y muy grande.

La historia de San Luis Potosí está plagada de desencuentros que han derivado en enfrentamientos entre panistas y priístas, entre navistas y priístas, sus posicionamientos políticos han sido tajantes e irreductibles, son adversarios en todos los sentidos.

Son enemigos, pues.

Venir a decir que se unen por la democracia, por el bien de la sociedad, por San Luis Potosí es descabellado.