Arriba del ring ha sostenido luchas épicas, pero en las calles ha encontrado a sus verdaderos enemigos: los delincuentes a los que ha aplicado sus mejores llaves.

Es luchador profesional desde hace 30 años y policía municipal de Ecatepec desde hace 21 años.

Se trata del comandante José Guillermo Arenas Pérez, elemento de la Policía Municipal, adscrito actualmente a la Coordinación de Prevención del Delito y Violencia Intrafamiliar.

“He pasado por todo, menos caballería, he sido pie a tierra, fui motociclista, comandante de motociclistas, jefe de turno de motociclistas, jefe de turno en un sector y jefe de sector, ascendí e inicié lo que es Escuela Segura, que es una continuación de lo que estamos haciendo en la Coordinación de Prevención del Delito y Atención a Víctimas de Violencia”, contó.

El comienzo. Tenía 21 años de edad y varias ilusiones en la cabeza. En su primera presentación creyó que iba a ganar sin ninguna dificultad al ver a su rival tan flaquito.

Traía puestas unas botas prestadas del número 7, aunque calzaba del 5, un traje de baño de pantaloncillo y una sudadera. Con ese atuendo subió al ring y el flaquito al que menospreció le propinó su primera tunda y derrota.

Por ese revés decidió dedicarse a ese deporte de manera seria y entrenó para convertirse en un profesional.

La disciplina, la determinación y el talento lo llevaron a luchar en varias arenas de México y en algunos países como Panamá y Puerto Rico.

Ahora es conocido como el Gran Cuchillo. Con ese mote y esa máscara realizó su más reciente combate. Aun cuando es un veterano de los encordados, a sus 51 años es respetado por sus oponentes más fuertes y jóvenes.

“Soy luchador profesional desde hace 30 años. El compromiso primordial es dar un buen espectáculo, de primera calidad y que la gente se vaya contenta por el dinero que pagó para ver las luchas. He portado las máscaras dePandillero, Black Shadow II, ya que soy sobrino del legendario luchador, Alejandro Cruz, Black Shadow, de Hot Killer,Espectrito y Gran Cuchillo”, relató.

En 1988 comenzó su carrera. Por los viajes y dinero que obtuvo no le fue posible continuar con sus estudios. Abandonó la licenciatura de Economía cuando cursaba el octavo semestre.

El que no dejó fue su empleo en la Secretaría de Relaciones Exteriores, donde el destino lo llevó a tener como jefe a El Coloso de Rodas, también luchador, quien lo apoyó cuando requirió permisos para un combate.

El llamado del deber. A los 35 años vistió por primera vez el uniforme de la policía de Ecatepec. Gorra, camisola y pantalón gris con franjas azules los portó con orgullo desde entonces.

“Unos meses antes hice mi solicitud para entrar a la corporación y fui aceptado, yo tenía y tengo mucho que aportar a la ciudadanía, a mis vecinos, porque yo vivo aquí en este municipio”, asevera José.

El comandante Arenas está certificado desde hace dos años por el gobierno del Estado de México, luego de que aprobó los exámenes de Control de Confianza, conformado por pruebas sicológicas, económicas, poligráficas, médicas y toxicológicas.

Le apasiona su trabajo, porque es integrante de un equipo que convive con los niños de kínder, de primaria, de secundaria e inclusive con jóvenes del nivel superior.

A los más pequeños los instruyen en educación vial, utilizan triciclos y carritos eléctricos para enseñarles las reglas básicas de tránsito. Los niños, a su vez, actúan como peatones, policías y conductores.

“A los alumnos de secundaria a universidad y a los padres de familia, impartimos el programa de Prevención del Delito y de la Drogadicción, con los sociodramas que escenificamos ante un grupo. El compromiso y la profesionalización de la policía municipal de Ecatepec es un factor muy importante en la responsabilidad de salvaguardar la vida y los bienes de la ciudadanía de la demarcación. Antes sólo se requería la primaria para entrar a la corporación y ahora es requisito la preparatoria como grado escolar mínimo”, comentó.

Guillermo Arenas es uno de los 2 mil policías que conforman la corporación local y desde hace unos años se desempeña en el área de Prevención del Delito, donde enseñan a niños y jóvenes a enfrentarse a distintos retos.

Les ha inculcado que si caen a la lona tienen que ponerse de pie otra vez, porque la lucha es a dos de tres caídas sin límite de tiempo, y la tienen que ganar.

El Universal

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