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Ciudad de México (18 de febrero de 2016).- Comer galletas, pan blanco, dulces, postres, bebidas azucaradas, carnes procesadas y papas fritas puede distorsionar los mecanismos del aparato digestivo y del cerebro que envían la señal de saciedad y controlan el apetito, lo que lleva a un consumo excesivo y, por ende, condiciona la obesidad, revela la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

“Dado que no son nutricionalmente equilibrados y tienen alto contenido calórico y atributos no nutricionales peculiares que promueven su consumo excesivo, los productos ultraprocesados muy probablemente son la principal causa alimentaria del aumento de peso y de las enfermedades crónicas”, plantea el organismo.

En el estudio Alimentos y bebidas ultraprocesados en América Latina: tendencias, efecto sobre la obesidad e implicaciones para las políticas públicas publicado el año pasado, destaca que entre el año 2000 y 2013, las ventas anuales per cápita de los productos ultraprocesados aumentaron de manera sostenida, en su mayor parte, en todos los países latinoamericanos, incluido México.

En el año 2000, según la OPS, el volumen más alto de ventas se registró en Argentina (194.1 kg), México (164.3 kg) y Chile (125.5 kg). Estas cifras fueron entre dos y cinco veces mayores que las de Uruguay (60.6 kg), Bolivia (44.6 kg) y Perú (40.2 kg).

Ahora, asegura que en términos comerciales, los mercados más atractivos para los alimentos y las bebidas ultraprocesados ya no son los países plenamente industrializados y de ingresos altos como América del Norte, Europa occidental y las regiones desarrolladas de Asia oriental, sino los países de ingresos medianos y bajos como África y los países en vías de desarrollo de Asia, Europa oriental y América Latina.

De acuerdo con el reporte, los productos ultraprocesados son extremadamente sabrosos, generadores de hábito y casi adictivos, hechos para saciar antojos.

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“El cambio más sorprendente en los sistemas alimentarios de los países de ingresos altos, y ahora también de los países de ingresos medianos y bajos, es el desplazamiento de los patrones de alimentación basados en comidas y platos preparados a partir de alimentos sin procesar o mínimamente procesados por otros que se basan cada vez más en productos ultraprocesados. La alimentación resultante se caracteriza por una densidad calórica excesiva y por ser rica en azúcares libres, grasas no saludables y sal, y baja en fibra alimentaria, lo que aumenta el riesgo de obesidad y enfermedades no transmisibles”.

Pone el ejemplo de que en Bolivia y Perú, donde las ventas de productos ultraprocesados son menores y prevalecen los patrones de alimentación tradicional se registran tasas de masa corporal media baja.

El sentido del gusto se acostumbra al exceso de sal y azúcar.

Los alimentos ultraprocesados actúan en tres mecanismos que condicionan la conducta de consumo: “secuestran” al paladar, estimulan los centros de recompensa del cerebro, e influyen en la hormona que regula el apetito y que se produce en la grasa corporal.

Así lo explicó Julieta Ponce Sánchez, directora del Centro de Orientación Alimentaria, quien destacó que lo que se ha estudiado hasta el momento es que en los alimentos ultraprocesados dos sustancias aparecen constantemente en conjunto: sodio y fructúosa.

Se sabe, detalló, que un paladar normal tolera altas concentraciones de azúcar que hay, por ejemplo, en bebidas azucaradas, debido a la combinación con el sodio.

“En una población que tiene cada vez más disponibles los alimentos procesados que tienen azúcar añadida, puede ser que sus paladares ya no perciban el empalagamiento y, al contrario, puede ser que una persona o un niño exijan más los sabores dulces, lo que llamamos un paladar secuestrado”, explicó.

El segundo mecanismo es la sobreestimulación a los centros de recompensa del cerebro. “Desde la lengua, el sistema nervioso tiene un receptor, cuando el sabor dulce empieza a ser muy permanente, los receptores llevan esta estimulación al lado del cerebro que se conoce como centro de recompensa (…) provocando una estimulación para la secreción de la dopamina, que hace sentir placer”.

Con la conducta de consumo excesivo de azúcar empieza a haber una sobreproducción de dopamina, y una sensación de querer repetir la experiencia.

“Es aquí donde los primeros estudios empiezan a sospechar que hay una relación con los procesos adictivos de querer seguir comiendo.”

Fuente: Excélsior. (Por: Laura Toribio)

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