¿Contra quién son las guerras?

Javier Maisterrena

Nuestra columna busca acercarnos a defender la democracia y la esperanza en el contexto y condiciones actuales. Por eso mismo es importante que no olvidemos que en el mundo nos encontramos en guerra. En el entorno y sentido de esas guerras en Medio Oriente hay un escenario con dos frentes que amenazan a las sociedades, a la democracia y a las esperanzas de la población que no se sitúa ni como los Estados-Nación ni como el Reinado o Califato que los ataca. Son sociedades de diversas étnias, religiones y culturas que viven amenazadas por la rivalidad y avaricia de las rivalidades de esas potencias (Israel-Estados Unidos contra Irán).

Sin embargo, cada uno por su lado justificados en la guerra que iniciaron, ambos atacacan, desconocen e invisibilizan a las pequeñas sociedades que se organizaron y manifestaron en enero 2026.

La jugada de esa guerra, que podemos imaginárnosla ajedrecística, la manejó el gobierno islamista de Irán. Espionajes mutuos y recíprocos (incluidos espias dobles) suponían, sabían y se enteron de las condiciones sobre posibles planes e intenciones de eliminación al Sha, bajo el antecedente de lo que ya habían realizado con Nicolás Maduro, en Venezuela. También sabián que el Sha estaba muy desperestigiado y rechazado por el pueblo y las sociedades de Iran.

Ambas potencias, con sus inteligencias, sabían dónde y en qué momento se reuniría el Sha con sus altos mandos, incluido el presunto hijo heredero del gobierno. Coyunturalmente unos y otros contemplan la posibilidad y conveniencia (cada uno a su favor) de la eliminación del Sha: ¿Cuál es la decisión? ¿Se le elimina, por unos (los invasores externos) y se le deja eliminar (por los supuestamente sorprendidos invadidos internos)? La decisión la tomaron los invasores (EU e Israel) pero podemos imaginarnos ajedrecísticamente que fue conocida, aceptada y de algún modo preparada por los invadidos (tanto por el Sha como por su posible heredero).

En el supuesto de que el Sha mismo se autoinmolara, consciente de su desprestigio y condición vulnerable ante el pueblo de Irán. Con su anuencia del Sha, al pasar a ser víctima de una acción injusta contra su sagrado encargo como autoridad sagrada, se transformaría en mártir. Con esa forma suicida, persistirá él mismo después de su muerte santificado en la memoria del ejército y el gobierno heredero de Irán y con ello fortalecería la subsecuente dinastía. Esa decisión es probable que el heredero tuviera conocimiento y conscentimiento de ello directa o indirectamente. En el caso de que el presumible heredero tomara la decisión, significa que estaría dispuesto a aceptar la muerte del Sha, con esa muerte honraría a su padre convirtiéndolo en mártir, fortalecería su gobierno en un cambio de las condiciones de prestigio y fuerza ante la injustificada amenaza externa que contribuiría a la cohesión de Irán en torno a su figura. Lo anterior ayudaría a borrar el despotismo de su padre sin que heredara ese estigma.

Me permito suponer lo siguiente: el que un aspirante a ser autoridad, que de una u otra manera asuma la muerte de su padre para llegar a ello, no será menos cruel con el pueblo y las sociedades respecto a como era el Sha victimizado.

Los externos, creyendo que tumbando al Sha (que ya había dejado de serlo) podrían ganar manipulando al pueblo y a las sociedades en su favor como lo intentó el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, al día siguiente del estallido de la guerra el primero de marzo, cuando publicó en video un mensaje dirigido a los grupos étnicos de Irán, instándolos a movilizarse contra el régimen: “Oh, ciudadanos de Irán: persas, kurdos, azeríes, ahwazíes y baluches, ahora es el momento de unir vuestras fuerzas para derrocar al régimen”. Como lo podemos constatar, esos externos de EU e Israel, se equivocaron.

No perdamos de vista que las guerras no son contra los Estados o Gobiernos (aunque así aparezca) sino contra el pueblo, contra las sociedades organizadas en movimiento. Lo que buscan desaparecer esas potencias con sus guerras son precizamente a esas sociedades que han dejado de creer en las falsas promesas de la modernidad capitalista, del consumismo, de la esclavitud y de las guerras; es a aquellas comunidades que se levantaron y movilizaron procurando y buscando la libertad de las mujeres: “Mujer, Vida, Libertad” y con ello la defensa de la tierra, la ecología y la naturaleza.

Recuerdo a los lectores de esta columna lo que escribí en el artículo “Defender Democracias y Esperanzas” en marzo de este año:

¿Acaso las potencias le tienen miedo y paradójicamente sienten impotencia frente a los pueblos organizados en esa forma de Confederalismo Democrático que no se rendirán ni claudicarán en la defensa del agua y la tierra que nos dan la vida a todos? De ser cierta esta hipótesis, entonces es importante y necesario que todos necesitemos conocer y aprender a profundidad y a detalle esa forma emergente de democracia que, al parecer, comparten y se asemejan con las democracias zapatistas, del Cauca colombiano y los Mapuches de Chile y Argentina, asimismo también con las diversas y ricas comunidades indígenas, campesinas y populares que como democrática epidemia que se transmite han estado apareciendo en Medio Oriente, en América Latina (Abya Yala) y el mundo. Eso es algo que en la medida de nuestras posibilidades iremos compartiendo en este espacio.

En ese contexto y coyuntura, la población iraní ha quedado atrapada entre los ataques ilegales de Estados Unidos e Israel y una represión interna letal. La sociedad iraní está siendo atacada entre dos máquinas de poder: la máquina de guerra exterior y el Estado de seguridad interior. La guerra exterior y la de la seguridad interna del estado iraní no son lo mismo, pero se refuerzan mutuamente.

Junto con el “No a la guerra”, con el que intentamos posicionarnos en este escrito, quiero añadir otros dos señalamientos a procesos que mantienen la esperanza por la paz y contribuyen en hacerla posible allá en Medio Oriente: uno es por el derecho a la Esperanza por la libertad de Abdullah Öcalan -encarcelado en la prisión de alta seguridad de Imrali en Turquía por 27 años, desde 1999-, para que el gobierno turco le reconozca como principal negociador y ejecutor político para la paz con el pueblo kurdo, al tiempo que se apunta hacia su libertad física. Abdullah Öcalan es el representante y líder del pueblo kurdo. Reconocer su estatus significa reconocer el estatus del pueblo kurdo.

El otro señalamiento, es el caso de las Unidades de Protección de las Mujeres (YPJ) que se defendieron y vencieron al ejército isamista de ISIS y son parte de la creación y conservación del sentido de la frase: “Mujer, Vida, Libertad”. El gobierno de transición sirio (GTS) les está obstaculizando el derecho a su autonomía y de ejercer la autodefensa de sus comunidades. Ellas están negociando actualmente con el GTS su continuidad como ejército autónomo de mujeres. No permitamos que les nieguen el derecho a existir ni que el gobierno provisional destruya el Confederalismo Democrático que han logrado y defendido hasta la fecha en Rojava, Sira.

Gracias por su atención. Javier Maisterrena.

Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Astrolabio.

Es doctor en Antropología por el Instituto de Antropología Social Universidad Nacional Autónoma de México. Actualmente es profesor investigador de El Colegio de San Luis.

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