Carlos Rubio

El pasado sábado, Esperanza Lucciotto acudió al panteón del Saucito a visitar a su hija Karla Pontigo y a recordarle que sigue en la búsqueda de aquella justicia que le ha sido negada desde el 28 de octubre de 2012, fecha en que fue asesinada mientras trabajaba en un antro; desde ese entonces han pasado siete años sin que se haya esclarecido el caso.

Rosa María Sánchez. 15 años. Presente.

Bajo un cielo nublado de mediodía, Esperanza, junto a su hermana y Fernando, su hijo, colocaron una placa sobre la tumba de Karla como un símbolo de que ahí yace su cuerpo, pero sus lagrimas reflejaban que el recuerdo es de mayor peso, y ellos lo cargan todos los días.

Adriana Martínez Campuzano. 13 años. Presente.

“Ayer estuviste con nosotros. Hoy estás con Dios y mañana esperamos volvernos a ver. Recuerdo de mamá y hermanos”, es el epitafio que se lee en letras doradas, sellado con una rosa blanca encima.    

Itzel Romany Castillo. 11 años. Presente.

Con una voz que se cortaba con el fluir de su llanto, Esperanza responde preguntas, pero ¿quién responde las preguntas de Esperanza? Nadie lo ha hecho durante siete años. “Ellos no matan a una persona, matan a una familia”.

Dulce Ximena Reyes Rodríguez. 9 años. Presente.

Alejados, su hermana y su hijo la esperan con un semblante serio. Fernando recuerda que aún conservan la habitación de Karla, donde no suelen entrar; no han movido ni una sola de sus pertenencias.

Eliehoenai Chávez Rivera. 32 años. Presente.

Un día después, el domingo 27 de octubre, se llevó a cabo un memorial para recordar y exigir justicia por la muerte de Karla y de todas las mujeres víctimas de feminicidios en el estado. Esperanza Lucciotto, acompañada de familiares, activistas y asociaciones civiles, se presentó en la plaza de Armas para exigir que no haya más muertes. 

Karla Pontigo Lucciotto. 22 años. ¡Presente!

En uno de los jardines de la plaza, justo frente al Palacio de Gobierno, se colgaron fotografías de lugares del estado donde han ocurrido feminicidios, un pequeño texto los acompañaba narrando lo acontecido.

Viviana Elizabeth Vázquez Gutiérrez. 24 años. Presente.

La madre de Karla portaba una playera blanca con la foto de su hija, y en la parte de atrás se podía leer: Tod@s somos Karla. De dos árboles se amarraron listones morados, uno por cada feminicidio del que las organizadoras tenían conocimiento hasta el momento.

Silvia Gómez Cervantes. 48 años. Presente.

Se cavó un agujero lo suficientemente profundo y resistente para albergar la semilla de una antigua lucha que tiene mucho camino por andar. Se plantó el símbolo que hace alusión al género femenino; está hecho de yeso y pintado de morado con algunas flores en blanco; de su centro emerge un puño dirigido hacia el cielo.

Ana Karina Alfaro Alemán. 14 años. Presente.

Este símbolo de un metro de alto servirá como un recuerdo de todas las mujeres que han muerto por el simple hecho de ser mujeres, de la ineficiencia del sistema de seguridad; es el grito de una sociedad herida. Rodeándolo se colocaron 61 velas que además formaban un cálido y rojizo camino.

María de Lourdes Cárdenas Galarza. 32 años. Presente.

Se leyeron los alarmantes datos que han resultado de la violencia hacia las mujeres: hasta 75 feminicidios en 2017. Además, se recordó la poca eficiencia que ha tenido la alerta de género declarada en algunos municipios de la entidad. “Ante un Estado que apuesta al olvido, nosotras, la ciudadanía, seguiremos manteniendo su memoria viva”.

Odalis Hipólito. 16 años. Presente.

Tres mujeres acompañadas de un ukelele dedicaron un par de canciones en contra de la violencia que sufren todos los días y el poco entendimiento que tienen por parte de las autoridades, e incluso de su familia. “Más de un hombre a mí me quiso tocar y callada yo me tuve que quedar, porque las quejas enojan a mi papá, porque las quejas matan a mi mamá”, decían los versos que cantaban enérgicamente.

Karla Bretherton. 30 años. Presente.

Luego llegó el momento de Esperanza Lucciotto de tomar el micrófono. “Nosotros tenemos dos mil 555 días sin tener a Karla”; así refleja una madre su dolor, contando los días que ha pasado sin ver a su hija, a sabiendas de que ese contador nunca dejará de subir. Ella sabe que su lucha ya no es sólo por Karla, sino por todas las que, como ella, han sufrido la perdida de una hija.

Paola Guerrero Meléndez. 20 años. Presente.

Como acto final, se realizó un pase de lista con algunos nombres de mujeres que han sido víctimas de feminicidios. Los mismos nombres que se han leído a lo largo de este texto. Luego de escuchar cada nombre, los asistentes unían su voz para decir: presente. Ese memorial era para todas ellas.

Berenice Tapia “Mitzi”. 24 años. Presente.

Poco antes de las siete de la noche, Esperanza, la madre de Karla, se dirigió a la iglesia de San Sebastián junto a sus familiares, para estar presente en la misa por el séptimo aniversario luctuoso de su hija. Hasta el frente, una fotografía de Karla; justo en la primera fila, su madre, orando por el descanso eterno de su hija.