Daños y delitos ambientales impactan a la salud pública, la seguridad, y gobernanza

Foto: Estela Ambriz Delgado

Estela Ambriz Delgado

El cuarto festival del Área de Protección de Flora y Fauna (APFF) Sierra de San Miguelito dio inicio con la ponencia Entendiendo daños y delitos ambientales desde la criminología verde, a cargo de la doctora Carla Monroy Ojeda, en la que destacó la urgente necesidad de observar las prácticas que dañan el medio ambiente, incluso las que no están tipificadas como crímenes, y que impactan en la salud pública, la seguridad nacional, y gobernanza.

La experta en el campo partió del establecimiento de la diferencia entre criminología y criminalística, para el abordaje de estos problemas. La criminología verde se centra en el estudio de las causas o el fenómeno criminal y se cuestiona por qué se generan estos daños y delitos, pues su objetivo es entender y prevenir estas conductas.

Mientras que la criminalística se enfoca en la escena del crimen, y la hipótesis de los hechos. Aunque también se aplican estudios de criminalística a delitos ambientales, en casos como incendios forestales, para determinar si fue intencional o accidental, o tráfico de especies.

Monroy Ojeda precisó que no todas las prácticas que causan daño están clasificadas como delitos, pero sí implican un grado de violencia y consecuencias negativas para el medio ambiente y la sociedad.

Para ejemplificar el porqué se habla de daños y delitos ambientales, mencionó la técnica de fracturación hidráulica para la extracción de hidrocarburos. Si bien actualmente no es un delito ambiental, debe ser observado y vigilado como si lo fuera debido a las consecuencias severas que puede tener sobre el ambiente y las personas, lo que ha llevado a su prohibición en algunos espacios.

La investigadora indicó que la criminología verde aborda una amplia gama de problemáticas que vinculan el daño ambiental con la violencia social, como el desplazamiento forzado por calentamiento global.

Al respecto, explicó que el clima obliga a poblaciones a menudo ya marginadas, a abandonar sus tierras; estas personas son víctimas dos veces: por el daño climático, y por la exclusión y victimización que sufren durante su tránsito.

Esto también se aplica en temas como el manejo de residuos y contaminación del aire y del suelo, que ya se aborda como una forma criminal; el maltrato animal a través de prácticas anteriormente normalizadas como la tauromaquia o el uso de animales en circos, que ahora se señalan como prácticas de abuso y tortura; así como la injusticia ambiental y el extractivismo. Este último, identificado como uno de los grandes temas que impactan directamente en áreas como la Sierra de San Miguelito.

La doctora Monroy Ojeda subrayó que los daños y delitos ambientales tienen un impacto mucho más amplio de lo que se percibe socialmente, pues inclusive existen redes criminales en torno a estos delitos que operan a nivel internacional.

Además de que el alto grado de corrupción asociado a estos crímenes impacta directamente en el estado de derecho y la gobernanza de una nación. Por ello, son un tema de seguridad nacional y seguridad pública, además de representar un riesgo latente para la salud pública.

“Los delitos, daños y delitos ambientales tienen una gran afectación, una esfera muy amplia. Sin embargo, como no nos asumimos como víctimas, entonces la conciencia social o el empuje (…) no es tanta como si fuera un homicidio”.

La experta concluyó que la baja percepción de victimización en estos casos exige un trabajo intensivo en la concienciación y sensibilización de la sociedad. Asimismo, se hizo llamado a la acción para generar redes estratégicas entre los diferentes actores y trabajar en proyectos concretos que aborden los daños y delitos ambientales evidentes en la Sierra de San Miguelito.