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Por: Maria Elva Téllez Rivera/ San Luis Potosí, México (6 de mayo de 2015).- K. Se nota un poco turbada, entre la bebé y sus juguetes, la bolsa y la radiografía que analizará el especialista cuando le toque pasar a consulta; tiene 20 años, es madre de dos, la más pequeña tuvo un accidente cuando tenía apenas siete meses, aún no saben sí se recuperará totalmente, o sí sus piernitas crecerán desiguales.

Es la segunda ocasión que acude al CREE, me comenta que en el Hospital General no la quisieron atender porque no había consultas con el ortopedista, por lo que se trasladó a la Unidad Básica de Rehabilitación a Soledad de Graciano Sánchez, donde tampoco había consulta; en el CREE sí la van a atender, solo que acaban de notar que la bebé tiene 38 grados de temperatura.

K. fue mamá por primera vez a los 17 años, como muchos de los embarazos a esa edad, no estaba planeado, pero decidieron enfrentarlo y acompañada de su entonces pareja, ahora su esposo, le informó a sus papás; un año después llegó el segundo bebé.

“No era lo que ellos querían para mí”.

Posa la mirada en la bebé y me asegura que fue un proceso muy difícil de entender, lo atribuye a que en ese entonces era muy joven, dice que ahora las cosas han mejorado.

Mientras ella lleva a la niña a consulta, sus papás cuidan a su otro hijo en casa y su esposo trabaja.

De acuerdo a estadísticas de la Estrategia Nacional Para la Prevención del Embarazo en Adolescentes, el 17.7 por ciento de las mujeres menores de 18 años y el 30.7% de las menores de 15 años que se embarazaron, dejaron de ir a la escuela al concluir la gestación. La mayoría de estos se dio por el desconocimiento de métodos anticonceptivos.

En San Luis Potosí, de acuerdo a un estudio realizado por esta estrategia, se encontró que tan solo el 50% de los adolescentes admitían haber usado anticonceptivos durante su última relación sexual, lo que ha derivado en un aumento en este tipo de embarazos.

Le agradezco su tiempo y miro a la pequeña que desde un principio robó mi atención, pese a que tiene fiebre está muy inquita, avienta sus juguetes, su mamá se apresura a levantarlos, después, acomoda la radiografía como estudiándola; dice que lo más probable es que la niña mejore, pero en sus ojos se delata la preocupación.