Defender Democracias y Esperanzas

Javier Maisterrena

Me permito fundamentar la elección del título de la columna: ¿Por qué “Defender Democracias y Esperanzas”? La pregunta tiene un doble sentido: ¿por qué denomino así el título de la colaboración? y el otro ¿por qué sugiero defender Democracias y Esperanzas?

Ambos requieren explicitar las “Democracias” y las “Esperanzas”, así como también aclarar los fundamentos de por qué y cómo sugiero defender ambas. Pongo a consideración de los lectores que guardo “esperanza” que las definiciones, análisis, interpretaciones y propuestas que comparta en los escritos, resulte en un diálogo sincero, abierto que contribuya precisamente a clarificar colectivamente sobre las mejores maneras (en plural porque puede haber varias) de hacer posible el defenderlas a ambas no solamente en las palabras sino en los haceres: que es ahí, donde se defienden tanto las “Democracias” como las “Esperanzas”.

En cuanto a la idea de la “Esperanza”, siguiendo a Gustavo Esteva, la considero aquella que con la participación y el hacer de cada uno, ese algo llegue a ser posible (por el que se abriga esperanza), porque tiene sentido que sea, aunque no la certeza de que efectivamente pueda llegar a serlo. La incertidumbre es debida a que: a pesar del sentido importante de su existencia, realidad y necesidad por hacerse, su realización efectiva depende de los sujetos que procuran hacerla posible en su contexto histórico social como es el caso de la verdad, la justicia y la libertad con autonomía de todas y todos. La libertad con autonomía es distinta de la libertad liberal consumista e individualista de “poder hacer lo que cada quien quiera”, consiste en la libertad con responsabilidad y autolimitación por las normas establecidas con y por la comunidad o sociedad en la que cada uno pertenecemos y participamos; y con la que colectivamente nos hacemos corresponsables para cuidar la tierra y la vida de todas y todos.

Por otro lado, considero importante diferenciar desde un principio la democracia electoral-procedimental de las Democracias otras de las sociedades en movimiento como son la otra política zapatista y el Confederalismo Democrático.

Las denominadas democracias electorales (dadas e instituidas) no llegan a ser realmente tales; solamente son una forma de subasta para adquirir mercancías aparentes que permiten la posibilidad de elegir al tirano en turno. Pareciera que la propaganda, las creencias y las instituciones las hacen creer como verdaderas, y así lo consideran los electores. Pero a pesar de su formalismo, no llegan a ser realmente democracias, se reducen a justificar y permitir la transferencia, mediante el voto, de las decisiones y del mandar mandando a aquellos a quienes salieron triunfadores en la subasta y por ésta mediación se les otorgó la capacidad y condición, legal, de decidir en supuesta representación de quienes participaron en su elección. Afirmo que ninguna democracia que sea verdadera y congruente consigo misma puede querer ni buscar la guerra para dominar a nadie, ni en su interior ni en su entorno.

Resulta algo muy diferente de aquellas democracias que desde abajo están en un permanente por hacer, las que los de abajo la van haciendo en el devenir, que se pueden modificar y lo hacen por la misma gente, que son parte de las emergentes sociedades en movimiento. Comunidades que están intrínseca e inevitablemente articuladas con los sujetos que conforman, hacen posible y dan vida a la existencia en movimiento y constante transformación de esas democracias. Democracias que existen porque están vivas y dan vida a las sociedades que las crean y las mantienen vivas. Ellos mismos, los sujetos que se conocen entre sí y a su entorno en su hacer cotidiano las defienden; porque de ellas, con ellas y por ellas depende su existencia junto con la tierra y el agua que les posibilitan la vida.

Precisamente debido a que el tema que estaré abordando en esta columna tratará sobre la defensa de las democracias y las esperanzas considero relevante y necesario reflexionar sobre su relación con la guerra. En específico en la coyuntura en la cual Israel y Estados Unidos atacaron a Irán, estrechamente relacionada con Gaza y con todo Medio Oriente. A primera vista pareciera que se trata de un asunto reducido al petróleo y las tierras raras para el asunto de la Pax Silica, que implica el desarrollo de cadenas globales de suministro de IA.

No obstante, creo que vale la pena preguntarnos si a largo plazo ese motivo resulta lo más relevante de esa guerra. ¿Es solamente eso? ¿Resulta ser el objetivo principal o final de la guerra y de esa guerra en particular? ¿Quién, cuál o qué es el enemigo a vencer con la amenaza de esa (o esas) guerra(s)? Podemos coincidir que no se reduce a países o ciudades como: Irán, Gaza, Palestina, Siria, Venezuela, Cuba… México.

Entonces nos preguntamos: ¿Qué es aquello a lo cual esas potencias tanto le temen? ¿Qué es lo que efectivamente les pueden impedir a esas potencias apropiarse de esos y otros territorios? ¿habrá sido el Sha que ya asesinaron o el ahora sucesor? ¿será el presidente de Venezuela que ya secuestraron o a la vicepresidenta que lo sucedió con quien ya negociaron? Parece que uno y otro son prescindibles e intercambiables en estos tiempos de alta tecnología. El secretario de Estado Marco Rubio, de origen cubano, comentó que lo que quieren es tener un Sha o un Rey dispuesto al servicio de esas potencias; perspectiva también confirmada por el secretario estadunidense de Guerra, Pete Hegseth, de que la guerra contra la república islámica no es “un ejercicio de construcción de democracia”.

Consideramos que ni los Shas ni los Reyes, ni los presidentes que gobiernan y dirigen los estados-nacionalistas, ni los organismos internacionales de esos mismos estados-nacionalistas han podido frenar ni estorbar la voracidad de esas potencias. El hacer énfasis en lo “nacionalista” de los estados (con minúscula) es para subrayar el carácter ideológico del nacionalismo fascista que se sustenta en y posibilita la democracia representativa en los regímenes impuestos en el mundo por la modernidad capitalista que nos encontramos. En otro momento abordaremos el tema con más detalle.

Reiteramos nuestra pregunta ¿A qué le temen los poderosos? ¿Qué es, entonces, lo que buscan y necesitan desaparecer de la faz de la tierra para poder dominar con la guerra? ¿Qué es aquello que no podrían someter? ¿Serán las democracias? Pero si la democracia occidental representativa la tienen plenamente controlada e incluso forma parte de sus alianzas estratégicas para seguir haciendo lo mismo: guerra. ¿Entonces, a qué o a cuáles democracias le temen esas potencias? ¿será acaso ese Confederalismo Democrático ejercido y experimentado por los pueblos kurdos (que planteó Öcalan, dirigente kurdo encarcelado hace 27 años) a lo que le temen en Medio Oriente esas potencias? Me permito citar parafraseando a Kalkan, miembro de la Academia de Ciencias Sociales Abdullah Öcalan:  “No estamos del lado de los ataques del sistema capitalista global ni del statu quo del Estado nación. Representamos la tercera vía. Defendemos soluciones democráticas y el compromiso democrático”. (…) el movimiento kurdo permanece fuera de ambos bandos y que en cambio está comprometido con una alternativa democrática: Estamos del lado de la República Democrática que es parte del Proceso para la Paz y una Sociedad Democrática”.

¿Será esa modalidad democrática confederalista en Medio Oriente la que temen no poder controlar, someter, corromper, ni seducir (como tampoco lo han podido hacer ni Turquía, ni Siria, ni Irak, ni Irán) aquella que en realidad buscan eliminar y desaparecer las potencias con la guerra para evitar que se expanda su ejemplo de resistencias, rebeldías y autonomías por todo el planeta?,   como ha sucedido con el ejemplo de los zapatistas en el caso de México y América Latina.

¿Acaso las potencias le tienen miedo y paradójicamente sienten impotencia frente a los pueblos organizados en esa forma de Confederalismo Democrático que no se rendirán ni claudicarán en la defensa del agua y la tierra que nos dan la vida a todos? De ser cierta esta hipótesis, entonces es importante y necesario que todos necesitemos conocer y aprender a profundidad y a detalle esa forma emergente de democracia que, al parecer, comparten y se asemejan con las democracias zapatistas, del Cauca colombiano y los Mapuches de Chile y Argentina, asimismo también con las diversas y ricas comunidades indígenas, campesinas y populares que como democrática epidemia que se transmite han estado apareciendo en Medio Oriente, en América Latina (Abya Yala) y el mundo. Eso es algo que en la medida de nuestras posibilidades iremos compartiendo en este espacio.

Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Astrolabio.

Es doctor en Antropología por el Instituto de Antropología Social Universidad Nacional Autónoma de México. Actualmente es profesor investigador de El Colegio de San Luis.

*Javier Maisterrena: Doctor en Antropología por el Instituto de Antropología Social, Universidad Nacional Autónoma de México.  Es profesor investigador de El Colegio de San Luis.

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