Por: Eduardo Delgado.

 

El pasado jueves 12 de noviembre, durante el segmento destinado a tratar asuntos generales en la décima asamblea ordinaria de la LXI Legislatura, el diputado local por el VIII Distrito, el perredista Sergio Enrique Desfassiux Cabello, solicitó el uso de la palabra para leer, con errores y dificultades un discurso.

Pero sobre todo con una evidente variación en su entonación, precisamente un minuto y medio antes de concluir su primera intervención, cuando la presidenta de la Directiva del Congreso, la panista Josefina Salazar Báez, le instó a concluir tras agotar el tiempo reglamentario: 10 minutos.

El legislador solicitó “otro tanto más” de tiempo, pero le fue negado. Minutos después el perredista solicitó una segunda intervención. Enseguida le ofrecemos la transcripción de ambas alocuciones.

 

PRIMERA INTERVENCIÓN

Con su permiso presidenta, compañeros.

Compañeros diputados, medios de comunicación y sociedad potosina:

En una entrevista de prensa con Jacobo Zabludovsky hace más de 40 años, el maestro Salvador Dalí fue interrogado sobre la posibilidad de visitar nuevamente México. Dalí dijo como respuesta: “No tolero estar en un país que resulta más surrealista que mis pinturas”.

Digo esto en torno a la polémica que por mis opiniones y réplicas, como diputado, cuya naturaleza es precisamente opinar y hablar, y para lo que fui electo legítimamente, ha generado rechazo en medios de comunicación y en algunos actos (sic) sociales.

Lo hago convencido de que debo precisar las razones por las que he externado mi pensamiento en forma pública y asumiendo los riesgos que política y mediáticamente esto conlleva.

Solo puede haber un buen gobierno cuando los periodistas tienen libertad para examinar, escrutar y criticar. Ha dicho el secretario de la ONU. Pero esa libertad puede ser coartada no solo por la represión, amenazas y los homicidios, que desde aquí condeno, exhortando a que este congreso designe a la comisión que de nuestra parte vigile y contribuya a la erradicación de la violencia contra periodistas.

La libertad de prensa también se auto reprime, sabe estar en una zona de confort, que le proporcionan los empresarios de la comunicación a su contentillo, interés y caprichos coyunturales en colusión con funcionarios que se gastan lo que no es de ellos para falsear, inventarse una imagen que no tienen y que no son.

Esa es la prensa que sancumbe (sucumbe) a la tentación de la complicidad, la prensa que consigna solamente lo que selecciona o le seleccionan, la prensa que vende paquetes publicitarios e incluye en un combo los aplausos, los silencios y hasta los ataques.

Esa es la prensa con la que no comulgo y que no debemos aceptar. Alguien ha dicho que para poder construir hay que destruir primero los modelos que perjudican la democracia y el ejercicio de la plena libertad. No pueden ser dependientes de los que aconsejan la corrección política y el buen decir o el no pelearse con nadie.

El pluralismo y la democracia, que tanta falta nos hacen, solo podrán derivar de una prensa verdadera y de políticos verdaderos. Un periódico local ha dicho y hecho suya una frase muy significativa: “Callar es mentir”.

El debate público de las ideas no puede tener mejor escenario que los medios de comunicación, siempre que el escenario sea imparcial y objetivo. Los medios no pueden ser los grandes juzgadores. Pueden tener su tendencia ideológica, económica, incluso partidista y hasta religiosa, pero en sus páginas, en sus blogs, también deben tener cabida a la verdad de los contrarios, de los que no piensan como ellos ni en función a sus intereses. No descubro el hilo negro ni digo lo que no sepan, algunos mejor que yo. No puede ser sano, no es saludable que los cadáveres permanezcan en el closet. Nuestra sociedad, nuestra comuna, pareciera aquella familia donde la hija se embaraza y le cuelgan el milagrito a la abuela. Propios y extraños saben lo que sucede, pero todos fingen creer que se trata del famoso pilón. A la larga esas complicidades terminan con graves problemas. La mentira que todos guardaron los enfermó a todos.

También resulta en nuestra sociedad que nos repitamos las mentiras y finjamos creerlas en complicidad para medrear (sic) (medrar) desde el poder mediático o político. El conocido artículo 19 de la declaración de los derechos humanos consagra como esencial la libertad de expresión para la emancipación de las personas y la construcción de sociedades libres y democráticas.

En el caso de México y de San Luis el principal obstáculo es la corrupción. No hablo sobre nada nuevo. Lo nuevo puede ser el hablarlo. Vamos a quitarnos las caretas y reconozcamos las cosas.

¿Cuánto se gasta en imagen de funcionarios, en directores y empleados de comunicación social? ¿Cuántas revistas, cuantos periódicos, panfletos y blogs noticiosos circulan en un ámbito también de fantasía? ¿Cuánto pagan los potosinos por ello?

Alguien pensará que con este discurso firmó mi suicidio político; que no solo soy políticamente incorrecto sino que rayo en lo impertinente y protagónico. No soy yo quien haya buscado medios de comunicación ni seré quien los rechace. Solo pido que toleren mi forma de pensar y consignen con objetividad mis opiniones. Jamás he reñido ni protestado, y hoy no será la excepción contra columnistas, locutores o periodista alguno. No se equivoquen. Si a alguien le debo una disculpa la ofrezco con humildad y convicción, pero nunca renunciaré al sagrado derecho de la réplica.

Menos siendo diputado, menos cuando se trate de intereses colectivos, ofendidos por detallitos de nuestro sistema. Menos cuando significa renunciar a la libertad. La clase política toda esta señalada como la peor de cualquier época del país. ¿De qué ha servido entonces gastar tanto dinero que no es nuestro? ¿Cuál es la duración y el costo de cada protección mediática?

Nuestras imágenes comparadas (compradas) son muy efímeras. Por otro lado: ¿A quién puede asustar que haya debate y desencuentros con actores políticos y personajes públicos? El que no quiera ver fantasmas que no salga de noche. No solo puedo sino debo replicar…se me ha dicho llorón y hasta llorona. Si me quieren llamar así por causas de los que pagan sueldos de hambre a sus trabajadores acepto un apodo más con mucho gusto.

Si quieren platicar en corto o en público lo haré con toda disposición, escuchando a cualquier persona como cualquier persona lo merece. (en ese momento cambió de tono), esta tribuna pública es para ventilar asuntos público y así lo hago.

Me propongo promover y hacer respetar la libertad de expresión de los potosinos como mejor le parezca ejercerla (sic). Los ciudadanos pueden tener palabras propias, impropias o palabrotas. Equivocadas o no merecen ser escuchadas.

La próxima semana presentaré una iniciativa por la cual en el Congreso incentivará la consulta pública cibernética de forma permanente y organizada. También habré de revisar el plebiscito, que existe solo en lo imaginario desde 1996 y nunca se ha materializado.

Legislador terminaron los diez minutos. Le pido concluya su intervención.

Solicito…un tanto más en la siguiente, por favor.

 

 

SEGUNDA INTERVENCIÓN

Voy a regresar a una parte que no quise tocar antes de subir y creo que es necesario tocar ante todos ustedes.

Decía que no hablo sobre nada nuevo. Lo nuevo puede ser el hablarlo. Vamos a quitarnos las caretas y reconozcamos las cosas. ¿Cuánto se gasta en imagen de funcionarios, de directores y empleados de comunicación social? ¿Cuántas revistas, cuantos periódicos, panfletos, blogs noticiosos circulan en un ámbito también de fantasía?

¿Cuánto pagan los potosinos por ello? Alguien pensará que con este discurso firmó mi suicidio político y que no solo soy políticamente incorrecto, sino que rayo en lo impertinente y protagónico.

No soy yo quien ha buscado a los medios de comunicación ni seré quien los rechace. Solo pido que toleren mi forma de pensar y consignen con objetividad mis opiniones. Nadie puede asustarse que un diputado opine. Sería el colmo, después de todo lo que se ha criticado a los que callan y fingen vehemencia. Yo trabajo sin complejos ni compromisos.

¿Cuánto tiempo tiene Armando Acosta de criticarme hasta por lo que imagina que puedo hacer? ¿Cuántos insultos, calificativos, podrá encontrar aun sobre mí? Cuando parece que ya todos los han agotado.

¿Cuántos aliados maneja Armando a su contentillo? Y por enésima vez le pregunto a Armando Acosta desde esta tribuna: ¿Qué le hice en nuestros años de estudiante que ni me enteré?

La ética periodística le permite golpearme porque le caigo mal. Esa es una realidad. Jamás he reñido ni protestado, ni hoy será la excepción, contra columnistas, locutores o periodista alguno. No se equivoquen, si hay que darle una disculpa a alguien la ofrezco con humildad, convicción, pero nunca renunciaré al sagrado derecho de replicar; menos siendo diputado y cuando se trate de intereses colectivos, ofendidos por detallitos de nuestro sistema, menos cuando significa renunciar a la libertad.

La clase política, toda ella, señalada como la peor de cualquier época del país. ¿De qué ha servido entonces gastar tanto dinero en nuestra imagen?

¿Cuál es la duración y el costo de cada protección mediática? Nuestras imágenes, comparadas son muy efímeras compañero. Por otro lado, a quien puede asustar que haya debate, desencuentro con actores políticos y personajes públicos. Esta tribuna pública es precisamente para ventilar asuntos públicos y así lo hago. Me propongo promover y hacer respetar la libertad de expresión de los potosinos y su derecho a ejercerla; los ciudadanos pueden tener palabras propias, impropias o palabrotas; equivocadas o no todos los potosinos merecen ser escuchados. Compañeros diputados si firmó hoy una carta, en el sentido de que mi carrera política termine aquí, por decir la verdad, señores quiero decirles que la firmo. Buenas tardes.