Frater Ignatius
La Inteligencia Artificial llegó para trastocar casi todo lo humano. Estamos en medio de un mar de información y no tenemos en este momento brújula ni sabemos de las implicaciones de esta revolución. Hasta apenas unos dos o tres años todo estaba estancado hasta que estudios en la empresa Google y concretamente “El transformer” dieron la pauta para que todo diera un vuelco y cobrara sentido. Sam Altman tuvo el ojo para ver el potencial de ese documento de unas cuantas hojas pero que equilibraba el lenguaje humano con los números, en especial, la probabilidad.
Hasta cierto punto es absolutamente lógico que exista una equidad por decirlo de algún modo entre la matemática y el lenguaje. No olvidemos que todo esto debe funcionar con ingentes cantidades de datos ordenados y potenciados por enormes centros de cómputo con procesadores muy veloces. Al principio, en teoría, todo suena muy bien. No obstante, el talento que debe invertirse combinado con un enorme capital podría llevar a un fracaso mayúsculo. Afortunadamente, todo salió bien y ahora gozamos de esta fuente de información prácticamente infinita y que promete mucho en el futuro.
Ocho de las diez empresas más poderosas del mundo están directamente relacionadas con la Inteligencia Artificial y no es casualidad. Las aplicaciones son variadas y se despliegan en casi todos los campos del saber humano. En pocos años harán cosas extraordinarias. Es posible pensar en los robots que contengan en sus cerebros de silicio a Grok, Claude, Chatgpt, Perplexity o algún otro para dimensionar el tremendo potencial del campo en cuestión.
Por otro lado, también debemos reflexionar sobre los contras de esta revolución tecnológica. Los componentes absorben grandes cantidades de agua y requieren refrigeración y recursos que alteran el ecosistema. Se están buscando alternativas en el espacio y ahora Gates intenta que le aprueben un reactor nuclear innovador.
Tal aparato está refrigerado por sodio líquido, el cual quema mejor el combustible y genera menos residuos. En pocas palabras, más ecológico y barato. En otro orden de ideas, el trabajo como lo conocemos ahora, cambiará drásticamente, alterando gran parte de las actividades de toda vida humana.
El reto para el futuro no es trivial. Nos enfrentamos a todo el poder de una herramienta que ya no lo es. Ahora se convierte en agente con poder de creación y en muchos sentidos, más capaz e inteligente que nosotros mismos. El horizonte se ve pletórico de retos de toda índole. Esperemos que haya cordura y sensatez en el actuar humano.
Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Astrolabio.
Es Licenciado en Administración y Maestro con especialidad en Educación por el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey. Amante de la cultura, la filosofía, la literatura, el cine y las matemáticas. Gusta de leer y escribir sobre historia, psicología y filosofía.






