Fernanda Durán
En año y medio de ejercicio legislativo, el Congreso del Estado ha acumulado 161 horas con 55 minutos de trabajo efectivo en el Pleno, de acuerdo con registros oficiales de la Coordinación de Servicios Parlamentarios, mismo que corresponde a 154 sesiones realizadas entre septiembre de 2024 y marzo de 2026, y arroja un promedio de poco más de una hora por sesión.
La cifra reportada en la página 622 del registro parlamentario equivale a aproximadamente nueve horas de trabajo al mes o cerca de dos horas semanales, un volumen que, en términos comparativos, equivale a apenas un mes de jornada laboral estándar de 40 horas semanales.
El registro incluye sesiones ordinarias, extraordinarias, solemnes, privadas y de diputación permanente, varias de las cuales presentan duraciones mínimas. En la relación oficial se documentan reuniones de cinco, diez o hasta 20 minutos, particularmente en sesiones solemnes o privadas, lo que incide directamente en la reducción del promedio general.
Aunque algunas sesiones ordinarias alcanzan duraciones superiores a las dos horas, estas no son la constante en la actividad legislativa. La dispersión en los tiempos y la frecuencia de sesiones breves configuran un patrón en el que el tiempo efectivo de deliberación pública resulta limitado.
En el actual periodo ordinario, el Congreso acumula poco más de 21 horas de trabajo en el Pleno, este tiempo equivale a menos de una semana de una jornada laboral de 40 horas, concentrado en cerca de dos meses de actividad legislativa.
Si bien una parte del trabajo legislativo se desarrolla en comisiones, la dinámica observada en el Congreso del Estado muestra que estas reuniones suelen concentrarse al cierre de mes, con agendas saturadas que derivan en sesiones simultáneas, participación a distancia y dificultades para integrar quórum presencial.
A diferencia de las sesiones del Pleno, no existe un registro público sistemático sobre la duración efectiva ni los resultados concretos de estos encuentros, lo que limita la evaluación integral de la actividad legislativa. Durante una de estas jornadas, por ejemplo, se registraron complicaciones técnicas en la Comisión de Educación que retrasaron el análisis de dictámenes, mientras que otros legisladores participaron de manera simultánea en más de una comisión sin presencia física en el recinto.
El propio Reglamento Interno permite la modalidad virtual en casos específicos; sin embargo, no establece mecanismos claros de verificación sobre la participación efectiva ni consecuencias ante incumplimientos, lo que amplía los márgenes de flexibilidad en el desarrollo de las sesiones.
Además de las comisiones, la agenda legislativa incluye ruedas de prensa, foros y eventos institucionales que, si bien forman parte de la actividad política del Congreso, no necesariamente se traducen en avances legislativos inmediatos ni en dictaminación de iniciativas.
Mientras el Congreso acumula poco más de 161 horas de trabajo en el Pleno en año y medio, las y los 27 diputados perciben una dieta mensual neta de 97 mil 046.60 pesos, con ingresos brutos superiores a los 132 mil pesos, de acuerdo con el propio tabulador legislativo.
Si se toma como referencia únicamente el tiempo documentado en el Pleno, el costo por cada hora de sesión legislativa asciende a aproximadamente 291 mil pesos en dietas, sin considerar otras prestaciones ni el trabajo no registrado en comisiones.





