Astrolabio

Francisco X. Salazar S.

El necio nunca rectifica, nunca reconoce sus errores, nunca pide perdón, no le importa el precio ni el dolor que pueda causar su necedad.

¿Hasta cuándo va a entender que a los delincuentes y criminales no se les puede tratar como buenas personas que por pobres, matan, roban, extorsionan, aterrorizan, secuestran, y además se burlan de las fuerzas armadas y de los policías? En primer lugar porque no son pobres, ¡algunos hasta son multimillonarios!

¿Y cuántas vidas, inversiones y empleos se van a perder, o cuántas viudas, huérfanos y mexicanos forzados a migrar se van a seguir acumulando hasta que se dé cuenta de que su “ingeniosa” frasesita de abrazos, no balazos es una tontería que no funciona?

Ya vamos para cuatro años escuchando que son seres humanos que merecen respeto, que también hay que protegerlos; cuatro años de seguir culpando al pasado: a Calderón, a los neoliberales, a Victoriano Huerta, a Maximiliano, a los españoles, a Hernán Cortés y a la Malinche, sin asumir su obligación de garantizar seguridad a todos los mexicanos.

Pero lo que sucedió esta semana en la Tarahumara con el asesinato de dos sacerdotes jesuitas que habían dedicado su vida a servir a los más pobres y un guía de turistas –¡dentro de una iglesia!– por pedirle calma a un asesino drogado, tiene que ser un límite que la sociedad demande y exija.

El asesino, José Moriel Portillo alias “El Chueco”, es el jefe de una de las ramas del Cártel de Sinaloa, tan gentilmente tratado por AMLO y al que puso como ejemplo cuando dijo que si un grupo controla una región, disminuyen los asesinatos. La región a la que se refería es el Triángulo Dorado, rebautizado por AMLO como el Triángulo de la Gente Trabajadora; es donde vive la familia del Chapo, como su mamá, a quien el presidente pasó a saludar en Badiguarato, y su hijo Ovidio a quien autorizó liberar cuando lo habían capturado.

Es donde los que controlan quién pasa y quién no pasa son los sicarios, que se burlan del ejército. En esa zona donde no ha funcionado acusar a los narcos con su mamacita o decirles “fuchi-caca” cuando matan a alguien.

Y no solo en esa zona, en esta misma semana los asesinatos, impunes, también ocurrieron en Zamora, Mich.; en Chilapa, Gro.; en Cerritos, SLP; en Edomex y en Guanajuato…

Las cifras oficiales señalan que el pasado mes de mayo fue en el que más asesinatos hubo y que ya llevamos más muertos en tres años y medio que en todo el sexenio de su odiado Calderón.

Dice Catón que AMLO ha entregado el país a los que tienen las armas: al crimen organizado y a las fuerzas armadas. La mitad del país a los militares y la otra mitad los narcos. Mientras que en esta última se vive con miedo, zozobra y se pagan extorsiones además de impuestos, en la otra se ha instruido a los militares y marinos para no enfrentar a los narcos; se les usó para ceder a las exigencias de Trump, reteniendo a los migrantes centroamericanos, distribuyendo medicinas y vacunas que nunca llegan a los que las necesitan y escasean hasta en los hospitales públicos

Los militares administrando puertos y aduanas, construyendo sus faraónicas obras inútiles como la casi inaccesible Central Avionera de Pachuca, la carísima Refinería de Dos Bocas o el Tren Maya, a marchas forzadas, otorgando cuantiosos contratos sin licitación, eludiendo los trámites y permisos ambientales, y sin importarle los daños al patrimonio cultural y arqueológica, pensando que pasará a la historia como un prócer, cuando lo más seguro es que pase a la ignominia.

Con un agravante: dice un sabio refrán que “en arca abierta, hasta el justo peca”. ¿Qué pasa cuando a los militares se les permite contratar sin licitaciones, se le pone a manejar cantidades muy importantes de dinero, sin tener que informar, por ser “actividades de Seguridad Nacional”? Pues sencillamente, muchos de ellos caerán en el arca abierta.

AMLO prometió acabar con la violencia al día siguiente y no ha cumplido; prometió acabar con la corrupción, sigue rampante; prometió inversiones, empleo, salud, crecimiento, educación y no ha cumplido; prometió unificar al país, lo ha polarizado más.

Ofreció que su gobierno defendería a los pobres, pero con la inflación y el desempleo, muchos ya se acabaron sus ahorros y Afores por tener que recurrir a médicos particulares. Y ya sabemos que la inflación a quien más le pega es al que menos tiene.

Cree que con regalar dinero se puede salir de la pobreza. Está equivocado. Para salir de la pobreza hay que dar Educación, Salud, Seguridad y Empleo. Atraer Inversiones que generen empleos y paguen impuestos. Y mientras tanto ¿quién gobierna? Las Corcholatas andan en campaña haciendo el ridículo por TikTok.

A+