Por Victoriano Martínez

Las condiciones que permitieron que operara la ecuación corrupta como se reveló en junio de 2017 no han cambiado.

Podrá argumentarse que no están los mismos personajes que la operaban con lujo de cinismo y que los actuales diputados tienen otro modo de trabajar, pero los actos de voracidad por echar mano del erario y otras actitudes no los han diferenciado mucho de sus antecesores.

Sí, son personas distintas las que ocupan los puestos claves que los Enrique Flores, Oscar Bautista, Manuel Barrera y José Guadalupe Torres tal vez estén distribuidos de manera diferente en la estructura del Poder Legislativo.

Podrá decirse que la nonata Unidad de Evaluación y Control (UEC) de la Comisión de Vigilancia del Congreso del Estado constituye un elemento que también cambia la situación. El hecho es que su existencia legal pero no real mantiene las cosas como estaban hace dos años.

Precisamente es el artificial retraso en la conformación total de la UEC, a pesar de que se diga que los nombramientos ya están autorizados, el que abre la sospecha sobre la continuidad en la operación de una variante de la ecuación corrupta, con resultados seguramente similares.

El nombramiento de Jorge Ovidio Robledo Gómez como titular de la UEC se dio con al menos dos meses de retraso para que pudiera dar seguimiento a todo el proceso de fiscalización de las cuentas públicas de 2018, lo que al día de hoy vuelve a los responsables de su no integración altamente sospechosos de ser los nuevos operadores de la ecuación corrupta versión LXII Legislatura.

Retrasar la integración de la UEC como se ha hecho hasta ahora no parece tener otra finalidad que mantener la red de protección sobre las posibles irregularidades en las cuentas públicas de 2018, con todos los compromisos y complicidades que pudiera haber.

No hay que olvidar que entre los fiscalizados se encuentran los últimos nueve meses de ejercicio del ex alcalde Ricardo Gallardo Juárez, quien, con la ecuación corrupta de 2017, resultó ser el mejor alcalde del mundo, versión Enrique Flores, con cero observaciones en la cuenta revisada ese año, la de 2016.

No es que la UEC sea, en automático, la vara mágica que elimine cualquier posibilidad de continuidad de la ecuación corrupta, pero no integrarla es mantener el proceso de fiscalización sin la vigilancia de otro ente que tiene que reportar a la Comisión de Vigilancia, donde parece haber integrantes que incomodan a quienes retrasan la integración de ese órgano. Una razón más para la sospecha.

Y es que la no integración total de la UEC ha dejado hasta ahora sin vigilancia y observación las notificaciones y requerimientos de información a los entes auditados que se dio entre el 27 y el 29 de marzo y el levantamiento de las actas de inicio de las autidorías del 11 al 15 de abril

También ya no hubo vigilancia directa sobre la realización de las auditorias de campo para verificar físicamente el estado de obras, bienes y recursos que son necesariamente presenciales, del 12 de abril al 14 de junio.

Durante los meses de mayo, junio y julio, la Auditoría Superior del Estado revisó la documentación de fondos y recursos autorizados sin posibilidades de observación directa del proceso por parte de la UEC.

Esta semana, la ASE comenzó a citar a los entes fiscalizados para darles a conocer los resultados y observaciones preliminares antes del 30 de agosto, y la UEC sigue en su condición de nonata.

Con el antecedente de la revelación de Enrique Flores en 2017, tanto interés en que la fiscalización se desarrolle sin que haya un observador que tendría que rendir un informe sobre la actuación del órgano fiscalizador hace pensar que la ecuación corrupta sigue vigente, aunque con operadores colocados en distintas posiciones dentro de la estructura del Poder Legislativo.