Arely Torres-Miranda

Mujeres: ¿Recuerdan la primera vez que alguien les dijo “eres una puta”? Bueno, yo sí, fue mi hermano, yo tendría unos 18 años y me dijo “tus amigas no se quieren juntar contigo porque piensan que eres una puta”.  Me quedé parada en la cocina, tratando de entender todo lo que eso significaba, no recuerdo bien que le contesté, seguramente le grité que no me hablara así o que qué le importaba. Pero no ha sido la última vez que alguien se me ha referido a mí con ese adjetivo y sé también que no soy la única.

Nunca me he tomado en serio a la gente que llama a las mujeres “putas”, afortunadamente tuve el privilegio de crecer con una educación que me ha permitido cuestionar la cultura, la sociedad, las costumbres, la ley y el entorno en el que hemos crecido en un lugar como México y específicamente, San Luis Potosí.

¿Qué es ser una puta? En diccionarios y la Real Academia de la Lengua, se define como “mujer que presta servicios sexuales por dinero” o también “mujer que se acuesta con muchos hombres, una promiscua” y también como adjetivo de “mujer de moral cuestionable o reprensible”. Efectivamente, todas esas definiciones están íntimamente ligadas con la necesidad  de una sociedad patriarcal de señalar, juzgar y clasificar a las mujeres por nuestro comportamiento sexual.

Hoy en la mañana, camino a la oficina, en la estación que tenía el radio pasaban fragmentos de “la mañanera” del presidente y la verdad, no tenía ganas de escucharle, así que busqué algo más que escuchar y me encontré con un locutor que hablaba sobre la relación entre la cantante Belinda y el cantante Christian Nodal, el espíritu del chisme se apoderó de mí y me quedé escuchando mientras esperaba que el semáforo cambiara a rojo. El locutor comenzó a decir algo así de que seguramente Nodal iba a terminar con el corazón roto porque “ya sabemos que Belinda tiene un amplio historial amoroso”, exclamándolo con un tono burlón e insistió, que Belinda tenía en su “historial” a un cantante, un futbolista, un mago y hasta a un cirujano plástico, todo eso, acompañado de carcajadas y señaló que por “ese historial” seguramente iba a “romperle el corazón” a “la nueva conquista”. Siguió emitiendo comentarios burlones y procedió a poner la canción de Límite “te aprovechas”, una que fue muy famosa allá por los 90´s.

Mientras escuchaba la canción pensaba en porqué los hombres, o bueno, esta sociedad patriarcal está tan obsesionada con la sexualidad ajena, en vez de ocuparse en el placer y goce de la propia. No entiendo cómo es que aún en pleno 2020 hay personas que insisten en catalogar a las mujeres como “putas”, “fáciles” o “malas” por ejercer nuestra sexualidad. Toda esa prohibición y aleccionamiento comienza desde chiquitas cuando nos dicen que “nos tenemos que dar a respetar”, con todo y el mensaje terrible en esa frase que implica que las mujeres no somos dignas de respeto por el simple hecho de ser personas y aparte, que si alguien trasgrede nuestra libertad, nuestra seguridad, nuestra dignidad o nos violenta, siempre quedará ahí la duda si nosotras propiciamos o provocamos esa situación por no “comportarnos” o por que nosotras, a veces con nuestra sola existencia “provocamos” esas conductas. Como si los hombres no son quienes deciden trasgredir o violentarnos.

Después viene el mito de la virginidad, uno de los mitos que más ha servido para dominar a las mujeres. Bueno, cuenta la leyenda que hay toda una generación de mujeres que no aprendió a andar en bicicleta porque al usarla,  podría “perder la virginidad”, claro, quienes consideran que la virginidad es esa ruptura del himen. (Aclaro para quien necesite: el himen no forzosamente se rompe en un intercambio sexual). Pero más allá de la conservación del himen (como si fuera un “sello de garantía” ¡qué horror!). El tema de la virginidad como virtud en la sociedad, está totalmente ligada al control sobre nuestros cuerpos y con invisibilizar y borrar nuestro placer.

Cuando estaba en la primaria que tuvimos clase de “educación sexual”, jamás mencionaron el clítoris y por supuesto que no nos hablaron del placer sexual, solamente se enfocaron en destacar el papel de dichos órganos en el proceso de reproducción. Claro, eso obedeció a que la existencia del clítoris estuvo relegada de los tratados y estudios médicos durante años, que en esta visión médica androcentrista, se pensaba que era solo un “botón” sin ningún propósito, siendo que su única función es el placer, independientemente de la reproducción y un patrón heteronormado de relaciones centradas en el coito. Aún ahora, no se nos educa para el placer y una libertad de goce sexual, al contrario, se sigue estigmatizando y señalando de prohibitivo su ejercicio. La estrategia para la prevención del embarazo adolescente seguirá fracasando mientras no se decidan a replantearla y atreverse a pasar de educar desde el miedo, con sus terribles métodos ridículos que van desde cuidar un huevo y un muñeco, (como si eso fuera equiparable a cuidar a un ser humano) y enfocarse en el placer, la autonomía y la toma de decisiones.

También esto se refleja en el discurso cargado de misoginia tan usado en la discusión sobre la interrupción legal del embarazo, es muy usual escuchar “aborto sí cuando es violación, pero cuando andan de putas no, que se hagan responsables”, dejando claro que lo que “defienden” no es “la vida” como argumentan, sino que lo que les preocupa o quieren que se castigue es la práctica sexual, la libertad sexual o el ejercicio de esa sexualidad. Lo que les interesa es fiscalizar los cuerpos de las mujeres, no se a ustedes, pero a mí me parece muy perverso eso de imponer una maternidad como castigo. Piénsenlo tantito en ese contexto.

El burlarse, cuestionar la sexualidad de las mujeres y llamarnos putas, es el burdo reflejo de una masculinidad quebrada por la pérdida del control sobre la libertad de las mujeres y un miedo a la comparación en el desempeño sexual de esos hombres.

Despojémonos de la culpa, sanemos nuestra sexualidad, abracemos el goce y la libertad de nuestros cuerpos.