Abelardo Medellín

Andrés Cadena tiene cinco años y está por pasar a tercer grado en el preescolar Adolfo Ruíz Cortínez ubicado en la comunidad de El Milagro en Guadalcázar, San Luis Potosí; aunque no recuerda exactamente qué tareas le dejaron durante el ciclo escolar 2020-2021, sabe bien que quiere regresar a su escuela para “jugar en el pasamanos” y ver a su maestra.

“Me gusta la escuela cuando juego en el pasamanos”, dice Andrés mientras al mismo tiempo se distrae de la entrevista y comienza a jugar como si estuviera de nuevo en el patio del recreo.

En palabras del estudiante, el regreso parece tan sencillo como volver a jugar en el pasamanos, pero para Nalleli Anahid Puente, madre de Andrés, el proceso ha sido más difícil que eso.

“Es muy pesado para ellos”, dice Nalleli refiriéndose a las clases a distancia.

Según la madre de Andrés, los materiales con los que las y los niños trabajaron a distancia durante el último año, son poco útiles pues se pasan mucho tiempo “dando explicaciones muy largas” y esto provoca que los alumnos “pierdan el interés muy rápido”.

Nalleli Anahid no habla desde lo superficial; ella además de ser madre de familia de dos estudiantes de educación básica, es docente del preescolar donde estudia Andrés; como maestra, Nalleli asegura que los niños que aprendieron algo fue gracias al compromiso de los padres, y como ejemplo menciona el avance de su hijo:

 “Pasó de no poder sostener el lápiz a ya escribir su número, identifica números, colecciones, identifica nombres de los animales, lateralidad, a lo mejor el programa le daba una idea de la actividad, pero la actividad era lo que necesitaba”.

Nalleli habla entonces de un aprendizaje que depende del trabajo y dedicación de los padres hacia las necesidades educativas de sus hijos; durante la entrevista también habló al respecto de que su escuela sufre un problema de acceso al agua y otros recursos, así como del desconocimiento general sobre las condiciones y requisitos en los que regresará sus actividades presenciales.

Las respuestas de la educadora y madre coinciden con muchas de las opiniones que dieron para este trabajo otros 11 actores de la educación pública, entre padres de familia, maestros, directores, supervisores y los protagonistas, las y los alumnos.

Hoy, 30 de agosto, podrán regresar a clases presenciales más de 846 mil alumnos, quienes volverán a alguna de las 8 mil 839 escuelas entre las que se reparten los 48 mil 431 docentes contabilizados hasta el año pasado por la autoridad educativa federal; en este contexto, vale la pena repasar las condiciones en que vuelven alumnos como Andrés, qué condiciones encontrarán maestros como Nalleli y los retos que ambos tendrán que enfrentar en este nuevo ciclo escolar que empieza.

Hay que irse para poder regresar

El 16 de marzo del 2020, el entonces secretario de Educación Pública (SEP), Esteban Moctezuma Barragán, publicó el acuerdo secretarial 02/03/20 en el Diario Oficial de la Federación (DOF) mismo que decreta la “suspensión de clases en las escuelas de educación preescolar, primaria, secundaria, normal y demás para la formación de maestros de educación básica del Sistema Educativo Nacional, así como aquellas de los tipos medio superior y superior dependientes de la Secretaría de Educación Pública”, como una medida para evitar posibles contagios de COVID-19 dentro de las aulas.

En el acuerdo del 16 de marzo, se consideró cancelar clases por un periodo de menos de una semana, entre el 17 y el 23 de marzo.

Sin embargo, dos semanas después la SEP emitió el acuerdo número 06/03/20 por el que se amplió el periodo suspensivo de clases del 27 de marzo al 30 de abril del mismo año.

El plazo de suspensión fue ampliado una vez más a finales de abril del 2020 cuando se determinó que el regreso a las aulas sería hasta el 30 de mayo de ese año.

Luego de aplazar tres veces el regreso a clases en 2020, la SEP emitió el acuerdo 14/07/20 en el cual se enunció, en el título segundo, que:

“El servicio educativo del ciclo escolar 2020-2021 se brindará utilizando fundamentalmente la televisión, con el apoyo también del avance de las tecnologías de la información, comunicación, (…) lo que permitirá dar cabal cumplimiento a los planes y programas de estudio de preescolar, primaria y secundaria determinados por la Secretaría”.

El acuerdo era bien intencionado en el papel, pero complicado de aplicar en la práctica y los profesores pronto se dieron cuenta de ello.

Un ejemplo de las complicaciones del regreso es el caso de María del Carmen Beltrán Castillo, directora técnica en educación primaria en una escuela de El Jaralito, Villa de Pozos, quien comentó que pese a que la comunidad de la localidad ha crecido, los padres no estaban listos para adaptarse a un modelo completamente en línea, razón por la que algunos tuvieron que comprar equipos para este fin.

“En la comunidad tenemos dificultades de conectividad, entonces la manera en que estuvimos trabajando a distancia fue un reto y fue complicado, debido a que una parte de la población es de escasos recursos”, señaló.

María afirmó que, por dichas dificultades, hubo profesores que tuvieron que asistir presencialmente a la comunidad para entregar trabajos y tareas a los alumnos y padres de familia.

Según la directora la educación a distancia se quedó “corta” en su comunidad, y todo debido a las condiciones materiales de conexión que padecían algunos alumnos.

“Tratamos de contactarnos vía Zoom con los alumnos, pero hubo poca respuesta, porque los niños se conectaban con teléfonos celulares y eso les absorbía todos los datos que los papás podían adquirir, entonces realmente consideramos que en mí contexto, la educación a distancia pudo ser mejor si hubiera conectividad, pero no la hubo”, comentó.

El caso de María del Carmen Beltrán es una constante entre muchas otras comunidades escolares en todo el estado.

Otro ejemplo de este problema de conexión es el de la escuela primaria Leona Vicario del municipio de Tierra Nueva, cuyo director, José Luis Hernández Aguilera, afirmó que los resultados del programa Aprende en Casa “no fueron muy favorables” para los alumnos.

Aunque es un poco más optimista y aseguró que no hay culpables, pues simplemente las escuelas “no estaban listas para una situación como esta”, pero esta falta de previsión significó un problema de comunicación que dividió los alumnos entre los que se conectan y los que no:

“No todos los alumnos se lograron comunicar, los que se lograron comunicar, no todos estuvieron atentos a las actividades virtuales (…) en algunos casos, acudimos a la comunidad a recoger trabajos, pero me atrevo a decir que los resultados no fueron muy favorables”, explicó.

José Luis Hernández, al igual que muchos de sus homólogos, vio en algunos de sus alumnos un avance importante en su aprendizaje el cual dependió en gran medida de la atención de los padres de familia.

Sin embargo, también prevé una brecha de aprendizaje entre “los alumnos cuyos padres los apoyaron, que hicieron su trabajo, y contra los alumnos cuyos papás trabajan, no tienen el tiempo suficiente o no tienen la escolaridad necesaria (…) no tenemos el dato técnico, pero esperamos encontrar una variación increíble”.

La baja efectividad del sistema de educación a distancia no solo ha sido identificada por los profesores, sino que ya la comienzan a notar los alumnos.

Carlos Yahir Castillo Barrios es un estudiante de la escuela Nezahualcóyotl en el municipio de Coxcatlán, quien pasó a quinto de primaria en este año; para él lo único difícil de este ciclo escolar fue que todos los materiales se le hacían llegar por WhatsApp y por este medio “no podían responder mis dudas”.

Carlos comentó que la materia que le hubiera gustado aprender con más detenimiento fue la de historia, pues le “faltó un poco más” por ver.

Esta situación no solo pasa en educación básica; Ana Martha Garay, estudiante de la Escuela Preparatoria de Matehuala de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP), explicó que, pese a las capacidades materiales de su escuela, había problemas de internet y esto provocaba que algunos maestros, cuando fallaba el internet, cancelaban las clases y no se daba el tema o no se entendía del todo”.

Un año de pandemia y clases en línea no ayudaron mucho a los profesores, ya que según Ana Martha, “las fallas siguen y hay algunos maestros que no comprenden del todo a la plataforma”, lo que ha provocado que se pierdan conocimientos en el proceso de aprendizaje.

16/06: el acuerdo en discordia

Un año después del inicio de la pandemia de COVID-19 en México, la nueva titular de la SEP, Delfina Gómez Álvarez, emitió el martes 22 de junio de este año el acuerdo secretarial 16/06/21 por el que se regulan las acciones específicas y extraordinarias relativas a la conclusión del ciclo escolar 2020-2021.

En este acuerdo la intención es simple y queda perfectamente explicada en el tercer párrafo del numeral cuarto, donde se describe que se busca “garantizar la permanencia y tránsito de las alumnas y alumnos”, a través de un plan de atención enfocado en los estudiantes.

Antes de proponer un plan conciso, el acuerdo señala que los profesores no podrán retener a los educandos en el grado escolar en el cual se encuentran inscritos, ya que se considera que están dentro de un proceso de “valoración extraordinaria”.

En el acuerdo, la SEP distingue tres tipos de alumnos: los que estuvieron en comunicación y en participación sostenida con sus profesores, durante los tres periodos de evaluación; los que estuvieron en comunicación y participación intermitente con sus maestros en uno, dos o los tres periodos de evaluación; y los que tuvieron una comunicación prácticamente inexistente.

Los jóvenes con comunicación constante, según el acuerdo, serán acreditados y promovidos según las normas de evaluación, exceptuando solo criterios de asistencia; sin embargo, pese a que estos alumnos podrían ser evaluados como constantes en su asistencia a clases virtuales, sin importar sus créditos, “la calificación mínima a señalarse en la boleta de calificaciones será de 6”.

Para el caso de jóvenes con asistencia intermitente a las sesiones virtuales del ciclo escolar 2021, a estos se les generarán calificaciones globales que determinarán la calificación de final de grado, pero también tendrán el beneficio de que la calificación mínima que podrán darles los profesores es de 6.

El beneficio de la duda solo se hace más grande para los alumnos que no se hayan comunicado o no tengan pruebas para acreditar su aprendizaje; de acuerdo con el inciso “C” del numeral tercero de este acuerdo, para el caso de estos alumnos, el profesor solo podrá poner en la boleta una leyenda que diga “Sin información” y deberá esperar a que concluyan los procesos de regularización del “periodo extraordinario de recuperación”, que acabaría hasta el término del primer periodo de evaluación del ciclo escolar 2021–2022.

El acuerdo prácticamente obliga a los profesores a permitir el tránsito de los alumnos de un grado a otro, de un nivel a otro, sin ofrecer opciones específicas para resolver los aprendizajes faltantes antes de que inicien clases, sino hasta después de iniciadas; por lo que tanto alumnos rezagados y maestros, tendrán un primer momento del ciclo escolar en el que abordarán nuevos aprendizajes y al mismo tiempo aprendizajes del grado o nivel anterior.

Este acuerdo elaborado para el beneficio de los alumnos, no tardó en generar controversia entre los profesores.

“Fue como una desvalorización al trabajo que estábamos haciendo”, dijo Nalleli Anahid, quien agregó:

“Al principio nos presionaron para que buscáramos a los niños, identifiquen que estén trabajando y querían resultados, evidencias y todo y luego nos salen con esto (…) ¿Para qué nos están presionando si de alguna forma se va a pasar?”.

Nalleli narró como los profesores tuvieron la problemática de alumnos que no se presentaron ni se comunicaron con sus maestros durante el ciclo escolar, y que no tenían información para ser calificados.

“Antes de salir nos dijeron que la boleta no podía ir en blanco (…) pero dijimos: ‘se va a ir sin información’, pero nos decían que no se podía ir en blanco, ¿pero qué íbamos a poner?, ¿mentiras?, esa fue la indicación”, comentó.

Nalleli no es la única que muestra una negativa ante está decisión secretarial, Rosa Isela Padrón Palomo, maestra de la Escuela General Carlos Osuna perteneciente a la zona 077 del municipio de El Naranjo, contó que en su escuela el “cien por ciento” de los profesores se mostraron inconformes con esta modalidad de evaluación que promueve a todas las y los niños.

Para Rosa Isela lo establecido en el acuerdo 06/16, es una forma oficial de “regalar la calificación” a un alumno que pudo no haber aprendido nada.

“En mi caso que era sexto grado se trataba de pasarlos, porque ya iban para la secundaria, pero hubo alumnos que no se comunicaron (…) uno se expone y, a pesar de todas las opciones que se les dieron a los padres, aun así, no quisieron trabajar, no quisieron colaborar, no quisieron tomar sus clases, por eso estábamos inconformes con que se les regalaba una calificación que quizá no merecían”, sentenció la docente de El Naranjo.

Lo contenido en el acuerdo también genera un avance desigual e inequitativo entre los estudiantes, o al menos así lo explicó Luis David Zúñiga Mendoza, director de la escuela primaria Tipo 21 de Agosto en la capital potosina, quien comentó sobre la nueva forma de evaluación que:

“Primero no es equitativa, porque se ha promovido a un niño que no se presentó en todo el ciclo escolar y deja en desventaja, por ejemplo, a quienes estuvieron mandando las actividades constantemente”.

El director de la escuela Tipo 21, dijo que este nuevo esquema de evaluación contempla un periodo que se va a alargar hasta el primer trimestre, en donde se desarrollarán algunas acciones para diagnosticar a los alumnos y generar planes de intervención que ayuden a nivelar a los alumnos rezagados.

La frase final del comentario del director Luis David Zúñiga representa fielmente la mayoría de los comentarios de profesores y directores respecto a este acuerdo: “debemos entender que, si la secretaría da una indicación, debemos acatarla”.

Regresar pese a todo

El 12 de agosto del 2021, la secretaria Delfina Gómez ofreció un “Informe sobre el regreso a clases” durante la conferencia matutina en Palacio Nacional.

En esta reunión, la titular de la SEP afirmó que las y los niños deben regresar a las escuelas porque necesitan socializar, aminorar el estrés del confinamiento, regresar al juego y ser atendidos en aspectos socioemocionales.

“Este 30 de agosto, regresamos a las escuelas”, dijo Delfina Gómez, quien luego de decretarlo reveló una lista de 10 acciones que se diseñaron para el regreso presencial a las aulas; este decálogo de acciones se compone de la siguiente forma:

1.- La creación de un Comité Participante de Salud, el cual coordinará los protocolos de regreso a clases.

2.- Establecer los filtros sanitarios en casa, en la entrada de la escuela y en el salón de clases.

3.- Lavarse las manos con agua y jabón.

4.- Usar el cubrebocas sobre nariz y boca en todo momento.

5.- Mantener la medida de sana distancia.

6.- Dar prioridad al uso de espacios abiertos.

7.- Evitar las reuniones generales y evitar aglomeraciones.

8.- Avisar la presencia o sospecha de la presencia de un caso de COVID-19 en la escuela.

9.- Que los profesores y directivos se inscriban a los cursos de apoyo socioemocional en línea de SEP-Salud “Retorno Seguro”.

10.- Al salir de casa, lleva a la escuela la Carta Compromiso de Corresponsabilidad.

Un día después de que se revelara esta lista de acciones, en la conferencia de prensa matutina del 13 de agosto, el presidente Andrés Manuel López Obrador dijo que era “optimista” sobre el regreso a clases presenciales.

Afirmó que se debían correr “ciertos riesgos, como todo en la vida”, en referencia a que habría que regresar a clases, pese al riesgo de contagio que esto podía significar.

En esta rueda de prensa, el presidente dijo que el regreso a las aulas no era obligatorio para las y los niños, pero sí para los profesores.

A su dicho, el presidente comentó que los maestros volverán a las clases presenciales, porque “son muy responsables en México, no es el tiempo en que se acusaba las maestras a los maestros, de que eran flojos e irresponsables”.

Pese a los dichos y desdichos de la autoridad federal, —también local cuando se pronuncia— los problemas reales detrás del regreso presencial a las aulas son el cómo y con qué.

María Estela González Hernández, jefa de la supervisión escolar nivel primaria número 58 de Tierra Nueva, entiende bien que el regreso presencial es inevitable si se atiende a lo dicho por la autoridad, pero también sabe que de las 11 escuelas que dirige, solo el 60 por ciento de ellas tienen condiciones para dicho regreso.

“Sí hay las condiciones, en relación de que cuando abrieron los espacios para que regresara, pues regresaron 4 escuelas de las multigrados; algunas más querían regresar, pero el problema era el agua potable (…) no era viable para los papás, y en otra escuela tenían un adeudo provocado por su medidor”, dijo.

La falta de agua es una problemática que se repite entre las escuelas más alejadas de zonas urbanas.

Nalleli Anahid Puente señaló que el preescolar donde ella labora en Guadalcázar adolece por falta de agua, ya que en general el municipio tiene un problema con la distribución del vital líquido.

De igual forma, comentó que ya en una ocasión les suspendieron el servicio a su escuela y esta complicación provocaría que no estuvieran “cien por ciento” listos para regresar.

La situación mencionada por la supervisora y la docente, se convierte en una opinión compartida entre los maestros cuando se les pregunta si sus escuelas están listas para el regreso presencial:

-Rosa Isela Padrón Palomo (El Naranjo): “hacen falta más materiales (…) sobre todo en infraestructura. Se nos pide la ventilación de las aulas, los materiales para revisar temperaturas, geles, todo eso, y con eso no se cuenta”.

-Erika Barrios Morales (Coxcatlán): “ya lo vivimos en junio, y no, mi escuela no tiene las condiciones para recibir a los niños con las medidas sanitarias debidas”.

-Luis David Zúñiga Mendoza (San Luis Potosí): “honestamente no, no son las condiciones para que regresaran”.

Las necesidades mencionadas por los maestros como las mínimas y a la vez de las que se adolece más son: insumos de limpieza, gel antibacterial, jabón para manos, termómetros para los filtros sanitarios e incluso infraestructura formal como lavamanos, baños y zonas ventiladas.

Un sector que conoce mejor el tema de las necesidades de una escuela son los padres de familia, quienes a través de las cuotas voluntarias y los comités que integran, suelen atender las necesidades materiales que el gobierno no alcanza a cubrir.

Para hablar más del tema de las condiciones en que regresarán las escuelas potosinas, se entrevistó al presidente de la Asociación Potosina de Padres de Familia, Mario Gabriel Rosales Bueno, quien en un tenor similar al de los profesores, opinó que no todas las escuelas tienen condiciones materiales para el regreso a clases presenciales.

Según Rosales Bueno, el primer obstáculo económico que deberán sortear algunas escuelas, es el de los adeudos por no haber pagado los servicios básicos de las escuelas:

“Hay escuelas que tienen adeudos en comisión federal e Interapas, es lo que estamos gestionando, ver quién lo va pagar, porque no son cientos de pesos, son miles”, dijo el presidente de la asociación, quien agregó que las escuelas de todos los municipios requerirán el apoyo de los tres órdenes de gobierno.

La situación no es tan sencilla como solo recibir apoyos y pedir insumos.

El martes primero de julio del 2020, la SEP anunció que durante el ciclo 2020–2021 las escuelas mexicanas no podrían cobrar las cuotas o “aportaciones voluntarias”.

El prohibir la entrega de este recurso voluntario a los comités de padres de familia y escuelas, evitó que las instituciones pudieran ahorrar y tener un respaldo económico por si se requiriera limpiar las aulas en un escenario de regreso a clases; escenario que inicia este 30 de agosto.

“Todo el peso de este gasto caería en padres de familia”, apuntó Mario Gabriel Rosales.

Las carencias materiales preocupan a los profesores y padres, pero lo que inquieta a los alumnos es la enfermedad y la pandemia.

Ana Martha, estudiante de Matehuala, dijo que aún no se sentía del todo segura como para regresar a las aulas de la Escuela Preparatoria de la UASLP, no porque no haya insumos, sino porque “la mayoría de nosotros no estamos vacunados, tienen su filtro y medidas, pero nosotros como jóvenes no estamos vacunados”.

Carlos Yahir, estudiante de primeria de Coxcatlán, dijo que está listo para regresar a su escuela, “pero con un poquito de miedo a contagiarme de esta enfermedad”.

Regreso, riesgo y rezago

De cara a que el regreso a las escuelas es hoy una realidad, los profesores han tenido que ser instruidos sobre cómo asegurar un retorno seguro a las aulas; lamentablemente, el material y protocolos que ha dispuesto la SEP para esto va de “insuficiente” a inexistente.

“Me mandan documentos, me manda guías y acuerdo y escritos y todo con su mayor esfuerzo, pero capacitación no, que me digan ‘los vamos a capacitar’, no. Me atrevería a decir que tampoco las autoridades inmediatas han recibido capacitación”, dijo en entrevista José Luis Hernández.

El director en Tierra Nueva agregó que la actitud de la autoridad federal, al enviar documentos se asemeja a “que le diéramos al alumno un libro y le dijéramos ‘ahí contesta’ (…) nosotros somos adultos y lo podemos hacer, por eso tenemos carrera, podemos con esto y con más, pero, por ejemplo, cuando nos invitaron a un taller de capacitación en Facebook, y me pregunté ‘¿esto es una capacitación?’, y no, mejor tuve que empaparme con los documentos”.

Esta situación que empuja a los profesores a ser autodidactas con los manuales fue confirmada por Rosa Isela, quien comentó:

“Se nos brindan los materiales para que nosotros mismos nos capacitemos de manera interna, pero es demasiada información y no hay nada específico, solo es muy general (…). Me quedan demasiadas dudas, a todos, inclusive a veces tenemos pláticas con profesores que son docentes, porque a pesar de que se nos da la información no se nos da tan específica como debería de ser”.

Según María del Carmen Beltrán, directora en El Jaralito, Villa de Pozos, no se ha dado una conferencia o instrucción específica para conocer las condiciones que debe cumplir una escuela como la suya para el regreso a clases. En cambio, han recibido las decenas de documentos que la SEP ha enviado a todos los profesores.

Pese a la cantidad de manuales y protocolos, la directora comparte la opinión de que son insuficientes, debido a que: “surgen dudas, porque las condiciones de cada escuela son diferentes. Uno intenta suponer mediante al documento lo que podría resolver la duda, pero son documentos generales; se necesita un buen análisis y una buena asesoría, porque tenemos dudas, como cuántos niños vamos a recibir”.

María del Carmen agregó que falta mucha información en lo que respecta a cuánto del protocolo de una escuela podrá decidir con autonomía cada dirección y cuánto de ese protocolo deberá reflejar fielmente lo que se contiene en documentos como: Estrategia Nacional para el Regreso Seguro a las Escuelas de Educación Básica.

Dicho documento ha significado un deslinde de la autoridad y al mismo tiempo una controversia. En su punto 3.2.2, “Diseño del programa local de regreso a la escuela”, las autoridades locales de educación tendrán el deber de:

“Prever la instalación de estaciones de lavado de manos, así como la distribución regular de implementos de limpieza para la escuela y el aseo personal, incluidos insumos de higiene menstrual, o en su defecto, la entrega de recursos para que el personal directivo de la escuela adquiera los mismos”.

Esta instrucción ya la conocen directores como Luis David Zúñiga, quien, confrontado con su realidad, comentó que “el documento nacional dice que la autoridad educativa proveerá de los insumos necesarios para el regreso a clases, pero reitero, todo queda en el discurso, porque no tenemos ninguna información sobre que en algún momento vaya a llegar ese tipo de apoyo”.

Para el director quien tiene a su cargo una de las escuelas más grandes de la capital potosina, las carencias de la escuela han estado desde antes, pero nunca fueron subsanadas, por lo que ahora deben pedir más cosas a una autoridad que no les ha respondido.

“No tenemos los elementos necesarios ni suficientes como para que en el ciclo escolar alcance”, auguró Luis David Zúñiga.

La información poco útil que han recibido los maestros tampoco les ha explicado qué hacer en el caso de compañeros docentes que son considerados población vulnerable.

Sobre esto, David Zúñiga señaló que “en los lineamientos dejan de lado a la población vulnerable. Tenemos personal con problemas diabetes, con problemas de hipertensión, con problemas de asma (…), los pone en un riesgo enrome”.

El director de la Escuela Tipo 21 de Agosto no especulaba al opinar sobre los riesgos a los que se exponen los trabajadores de la educación, pues ya en 2020 tuvo a uno de sus maestros enfermos de COVID-19 y muy grave, así como él mismo pasó por la enfermedad en noviembre pasado.

Entre lo obligado, lo material, lo protocolar y lo preocupante, el sistema educativo en San Luis Potosí y en gran parte del país, perdió de vista otro de los grandes problemas que podría emerger durante el regreso a clases este ciclo escolar: el rezago educativo.

El rezago en San Luis Potosí no ha sido un tema prioritario en la agenda de atención de las autoridades, sobre todo porque nuestro estado mostró una reducción en el rezago educativo que pasó de un 23 por ciento a un 16.9 por ciento, del 2008 al 2018.

Lo anterior, de acuerdo con el Informe de Pobreza y Evaluación 2020–San Luis Potosí, realizado por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).

Según este informe, en términos más precisos, se pasó de casi 588 mil 900 personas con rezago en 2008, a alrededor de 479 mil 500 en 2018.

La metodología que utiliza el Coneval considera como población con rezago educativo a aquellas personas que pasen por alguna de estas situaciones:

• Tiene de 3 a 15 años, no cuenta con la educación básica obligatoria y no asiste a un centro de educación formal.

• Nació antes de 1982 y no tiene el nivel de educación obligatoria vigente en el momento en que debía haberla cursado (primaria completa).

• Nació a partir de 1982 y no cuenta con el nivel de educación obligatoria (secundaria completa).

Pese a que los indicadores son preciso en términos de medir, por ejemplo, la inasistencia escolar (sin consideración cualitativa) o último grado de estudios de una persona, estos indicadores no miden el rezago en términos de aprendizajes básicos o cobertura del servicio.

En palabras de quien decide

Para conocer mejor las implicaciones y soluciones ante los problemas mencionados, Joel Ramírez Díaz, secretario de Educación de Gobierno del Estado (SEGE), dijo que la secretaría tiene el dato preciso de cuántas escuelas volverán a clases presenciales, pero no lo revelará hasta que pase la jornada del día 30 de agosto y las escuelas confirmen la asistencia del día.

Sobre las necesidades que podrían tener las distintas escuelas, el secretario Joel Ramírez afirmó que se han registrado 303 planteles de educación básica que han sido vandalizados, de los cuales ya se atendieron a 78 de ellas; lo cual significaría que la autoridad aún no ha atendido a tres cuartas partes que registraron daños.

El secretario reveló además que las escuelas vandalizadas no recibieron un apoyo de la autoridad, sino que, para subsanar las afectaciones, se hizo efectivo el seguro de bienes patrimoniales.

De acuerdo con Joel Ramírez, en San Luis Potosí aún hay 111 escuelas que tienen necesidad de rehabilitación de sanitarios y requerimientos de medidas de protección civil, por lo que no están en condiciones para recibir a los alumnos.

Asimismo, reveló que 494 escuelas carecen de servicios básicos, de las cuales 126 no tienen agua y 368 tienen problemas de energía eléctrica.

Al preguntar sobre las posibles soluciones que podría aportar la secretaría en materia económica, el secretario mencionó que se han contemplado cuatro posibles vías de entrega de recurso: el programa La escuela es nuestra (LEEN), de Gobierno Federal, que ahora sería entregado directo a la escuela para atender sus necesidades materiales; el Fondo de Aportaciones Múltiples, que tiene como principales objetivos la asistencia social y la infraestructura educativa; una acción del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) en la que donaría insumos y recursos a un grupo indefinido de escuelas; y finalmente, existe el compromiso del Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe), que dotaría a mil 500 escuelas con un kit básico de insumos para la higiene.

Pese a lo dicho, el secretario Ramírez Díaz aceptó que hasta ahora no se ha comenzado a ejercerse ninguno de estos apoyos mencionados y que estos se harán llegar a las escuelas “gradualmente”.

En San Luis Potosí, hay 8 mil 839 escuelas entre públicas y privadas de acuerdo con el documento “Principales Cifras del Sistema Educativo Nacional 2019-2020” publicado por la SEP.

Si se compara esta cifra con el número de escuelas que se reportan con necesidades —830 según la suma de los datos ofrecidos por el secretario—, significaría que solo se ha registrado un 9.3 por ciento de escuelas con necesidad de ser atendidas.

Sobre el posible rezago educativo que podrían presentar las y los alumnos potosinos luego de un año de aislamiento, pandemia y clases a distancia, el secretario Joel Ramírez afirmó:

“Está contemplado en el calendario escolar que, en el periodo del 30 de agosto al 10 de septiembre, se realice una evaluación diagnóstica de los alumnos, para identificar las áreas de oportunidad cuando no hubo el aprovechamiento deseado”.

Joel Ramírez explicó que luego de este periodo de diagnóstico, se realizará una etapa de remediación que iría del 15 de septiembre al 23 de noviembre para actualizar a los alumnos que no lograron los aprovechamientos deseados.

“Es una pregunta recurrente sobre qué sucedió con los aprovechamientos y bueno, hay distintos estudios (…). Sí se habla que tenemos un atraso importante en una media nacional”, comentó.

Pese a que el secretario mencionó una situación a nivel nacional, hay datos más recientes sobre la educación en San Luis Potosí que podrían revelar una parte de lo que tendrán que enfrentar los estudiantes en el estado.

De acuerdo con las “Principales Cifras del Sistema Educativo Nacional 2019-2020”, aunque el abandono escolar se ha mantenido relativamente bajo en todos los niveles de educación básica en San Luis Potosí, la tasa neta de escolarización se redujo del 95.3 por ciento en 2018 al 94.5 por ciento en 2020.

También se nota que la cobertura educativa se redujo del 2018 al 2020 un punto porcentual, pasando del 96.4 por ciento hace 3 años, a un 95.4 por ciento el año pasado. 

Las dificultades que trajo la pandemia con las clases a distancia y la baja en la cobertura escolar, se suma a todos los días que las y los alumnos mexicanos pasaron sin asistir a la escuela.

De acuerdo con una nota técnica del Banco Mundial (BM), generada con datos del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), México fue el séptimo país con más días de clausura total de clases presenciales, solo por debajo de Panamá, El Salvador, Bangladesh, Bolivia, Brasil y Costa Rica.

Según lo publicado por el BM en marzo del 2021, nuestro país tuvo un total de 180 días de clases con cierre total, 0 días de apertura parcial y 8 días de apertura total.

Para el Banco Mundial, la pérdida de clases no es solo un indicador de la falta de estrategias para un regreso ordenado, sino un dato que puede revelar como afectará la pérdida de aprendizajes a la generación en edad escolar.

De acuerdo con el BM, el porcentaje de niños que no saben leer a los 10 años —grupo que representa un indicador de pobreza de aprendizajes para el Banco Mundial— podría aumentar del 53 al 63 por ciento después de la pandemia en países en vías de desarrollo.

La organización explica que la pérdida de aprendizajes “se produce tras sólo unos meses de cierre de las escuelas inclusive en países desarrollados en donde la mayoría de los estudiantes tienen acceso a un dispositivo con conexión a internet”.

Las estimaciones del Banco Mundial ya habían sido reveladas por la organización en diciembre del año pasado, cuando a través de un comunicado de prensa señaló que: “debido a los cierres de escuelas relacionados con la COVID-19 (coronavirus), otros 72 millones de niños en edad de asistir a la escuela primaria podrían verse afectados por la pobreza de aprendizajes”, esto en todo el mundo.

En este comunicado, la organización advierte que los grupos marginados y vulnerables son propensos a sufrir un rezago mayor.

El BM señala que durante la pandemia las niñas y jóvenes son más propensas quedar embarazadas. Mientras que los refugiados, minorías étnicas, poblaciones desplazadas y personas con discapacidad, tienen “menos probabilidades de acceder a materiales de aprendizaje remoto adecuados y de regresar a la escuela después de la crisis”.

El dato del BM alcanza un nivel preocupante para la economía mundial cuando revela que, derivado de la pérdida de aprendizajes, los estudiantes de esta generación podrían perder alrededor de 10 billones de dólares en ingresos generados a lo largo de su vida; monto que se acerca al 10 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) mundial, y que significaría el empobrecimiento de la economía en casi todos los países.