Astrolabio

Por Antonio González Vázquez

Foto: Eduardo Delgado

La imagen es del viernes seis de octubre pasado. Era como la una de la tarde y al gobernador se le veía compungido, tenso, agobiado avasallado por los hechos; apenas unas horas antes, había sido localizado el cuerpo del fotógrafo Edgar Daniel Esqueda Castro.

Es Palacio de gobierno, es el Salón de Gobernadores, hoy hace un mes. Juan Manuel Carreras López tiene en sus manos unas hojas donde había algunas palabras que diría a la prensa sobre el crimen del periodista. Ojeroso, cansado, abrumado por la brutalidad del crimen ocurrido.

La blancura de la camisa contrasta con el moño en negro de luto que se posa sobre la fotografía del periodista asesinado. Ahí, junto al gobernador que aprieta la mandíbula como quien traga sapos, la imagen de Edgar Daniel con el lacónico mensaje: “descansa en paz amigo”.

Es el día seis de octubre y hoy es seis de noviembre. El gobernador con la mirada puesta en los reporteros que estaban frente a él escuchó aquella vez las exigencias de justicia y él, el gobernador que está aquí en la foto, dijo que sí, que sí habría justicia, que no habría impunidad.

Juan Manuel Carreras López con su impecable camisa blanca con el logotipo y lema de la administración, Prosperemos juntos; es el uniforme oficial de Gobierno del Estado. La blancura es la antítesis del rojo sangre en que se ha teñido el Estado.

Las bolsas de las ojeras, los labios apretados, el gobernador buscando respuestas convincentes que dar. Los surcos en la piel de la frente de un gobernador asustado sin saber qué hacer ante la barbarie. Es la imagen del gobernador en uno de sus peores días en el gobierno, en el que parece estar solo, rodeado de muchos, pero tan solitario como en la imagen.

El gobernador encanecido, está dejando de ser “el güero” y pese a sus 57 se le ve cansado y vencido. Es el seis de octubre, hoy hace apenas un mes y Carreras parece sufrir ya los estragos del sexenio entero.

Quién sabe si habría logrado dormir la madrugada de ese seis de octubre. Sabía que un periodista había desaparecido y que se presumía que era obra de unos agentes Ministeriales. Tal vez esa madrugada no pudo conciliar el sueño, estaba en curso el primer asesinato de un periodista en su Estado, en su gobierno.

Por eso en la imagen las ojeras y el rostro cansino del gobernador. Pero eso pasó hace un mes y hoy, eso ya es historia. La Procuraduría General de la República “atrajo” las investigaciones y no hay resultados. La Procuraduría General de Justicia ya es Fiscalía e igual, no hay nada.

La muerte del periodista está impune y el gobernador muy probablemente ya no trae ese rostro desencajado; lo pasado, pasado.

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