El lamentable circo que llamamos Congreso

Abelardo Medellín Pérez

Lo que se vivió ayer en la sede del Congreso del Estado de San Luis Potosí fue uno de los episodios más penosos para una Legislatura que, equivocadamente, creímos que no podía caer más bajo. Justo cuando la credibilidad e imagen de los diputados del Partido Verde ya estaba por los suelos, los legisladores Héctor Serrano Cortés y Luis Fernando Gámez Macías se pusieron a escarbar.

Este jueves, el Congreso del Estado agendó una reunión a la que convocó al rector de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP), Alejandro Zermeño Guerra, la cual tenía el propósito de discutir las necesidades presupuestales de la universidad y evitar que la institución vuelva a padecer la problemática de recursos incompletos a la que la han sometido durante los últimos cuatro años la actual administración estatal.

El problema con la mesa de trabajo que se convocó es que no fue la primera y tenía detrás suyo una breve historia de invitaciones pasivo-agresivas de ambas partes.

El intercambio de convocatorias derivó en que nadie se presentara a la casa del otro, todo porque al parecer nadie quería dar el brazo a torcer. El rector realizó una mesa de trabajo en territorio de la universidad el miércoles 26 y los diputados lo dejaron plantado; los diputados se presentaron para su mesa de trabajo en el edificio de Vallejo 200 este jueves 27 y, en agradecimiento al desaire previo, Zermeño no asistió.

Ante la desatención de los diputados, el rector se limitó a calificarlo como un “malentendido” entre las instituciones; en contraste, los legisladores asumieron la ausencia del rector como una afrenta personal y dejaron ver que son diputados con las tres B’s: bilis, berrinches y barbaridades.

Gámez Macías, diputado del distrito IX local, fue el primero en revelar las verdaderas intenciones de la “mesa de trabajo”.

“Pues a lo mejor el rector creyó que íbamos a hacer preguntas inadecuadas, como preguntarle ¿por qué tiene una burocracia dorada que gana más de 200 mil pesos al mes cuando a los maestros les paga 80 pesos la hora apenas? O quizás otros temas como el tema que ocurrió en Derecho”.

Lo que Gámez Macías dejó ver es que a los diputados del bloque oficial les ardían las ansias por tener al rector en una simple y llana comparecencia. La invitación al rector era esencialmente una trampa para perpetuar la campaña contra las autoridades universitarias, estrategia que se ha orquestado desde las huestes Gallardistas más radicales y a la que ahora se suma el eslabón más sumiso: el legislativo.

El comentario del Gámez Macías deja ver qué los diputados ya tenían incluso un guion bien estudiado de qué temas debían usarse para poner al rector en el banquillo del acusado. Esta no era una reunión institucional, era un linchamiento público que nadie pidió.

Hace casi dos semanas, cuando el gobernador pagó parte de la deuda que el gobierno tiene con la universidad, el propio mandatario confirmó que los impagos a la UASLP se debieron a un problema que provocaron los diputados al aprobar un proyecto presupuestal que no contemplaba recursos suficientes.

Tanto les ardió a los legisladores el reclamo que llegaron a esto: ponerle una trampa al rector de la universidad Autónoma para intentar deslegitimar su trabajo desde la sede legislativa.

Tan desvergonzados son los legisladores, que aquello que no pueden hacer con los funcionarios de gobierno en las comparecencias, quisieron hacerlo con el rector, motivados por la venganza más infantil y penosa: cuestionar, señalar, denunciar y reprobar.

No lo hicieron con Finanzas, ni la Seduvop, ni la Secretaría de Educación, pero cuando se trata de aportar a la campaña oficial en contra de la universidad, no necesitaron ni siquiera la presencia del rector para sacar a relucir sus ensayados reclamos y críticas ingenuas.

Luego vino la siempre dramática, pero nunca congruente, intervención del diputado Héctor Serrano, presidente de la Junta Coordinación Política y prueba viviente de que para hacer política no se ocupa ni sinceridad ni buenas intenciones.

Tal como lo hace la servidumbre Gallardista, se llenó la boca con el discurso de combatir la autonomía, rendición de cuentas, apertura, transparencia y poco le faltó para gritar desesperado: “¡¿ALGUIEN QUIERE PENSAR EN LA INSTITUCIONALIDAD?!”.

La institucionalidad, eso que todos presumen como el valor máximo de una autoridad, pero que en términos prácticos solo sirve para excusarse cuando no quieren o no pueden hacer algo más por la población que representas.

Así como lo hizo su menos influyente compañero, Hector Serrano reveló que también llevó a la mesa de trabajo un guión bien preparado de tópicos con los que buscaba convertir la reunión en comparecencia:

“Pero si ustedes lo saben, ojalá y me lo puedan decir. ¿Cuánto paga un alumno a la universidad por estudiar?, ¿cuánto se paga por cursos?, ¿cuáles son los ingresos autogenerados?, ¿cómo se aplica?, ¿qué tiene que ver con la autonomía el sentarse en una tribuna de cara al pueblo de San Luis Potosí y decirlo?, ¿hasta cuánto se gasta en comunicación social, ya me preocupa porque a lo mejor se gastan recursos verdaderamente importantes que ni conocemos?”.

Serrano, incapaz de soltar el delirio, llegó al grado de afirmar que la universidad habría generado sus grupos de porros para invadir el Congreso:

“Pareciera que ya van a querer generar también su bloque de estudiantes que en la Universidad Nacional Autónoma de México los conocemos como poros, para tratar, en aras de la autonomía, tomar las instalaciones del Congreso. Tiene nombre y apellido, eh, para que no haya sospecha ni duda”.

No, diputado, no se confunda, el único ente público que paga por mantener porros es el Congreso del Estado, y los apellidos de dichos bravucones son Serrano Cortés y Gámez Macías.

Pese a todo, una de las pifias y sin sentidos más grandes que ofreció el diputado fue:

“No somos nosotros enemigos de nadie, pero es muy grave que alguien que dirige una institución hoy, se coloque de lado como si fuera un adverso al orden gubernamental”.

Diputado, por supuesto que son enemigos, pero no de la universidad, sino en general de la ciudadanía en San Luis Potosí.

Ahora se muestra en todo su esplendor como un porro más que el Gobierno del Estado usa contra la universidad y quiere que la población se arrodille frente a su oficina y le rinda pleitesías por “defender los recursos del pueblo”.

Diputado, claro que le queremos dar las gracias… pero de esas que vienen con finiquito. Por supuesto que queremos que se revise a profundidad cómo se gasta el dinero del Estado, porque el hecho de que usted siga en un cargo y cobre por hacer cosas como las de este jueves, es claro ejemplo de que en San Luis Potosí el dinero se mal gasta.

La campaña jurada que la Gallardía tiene contra la universidad no se va a detener con el obsceno circo que realizaron los diputados, y justo por expresiones como las de ayer es necesario que estemos prevenidos de las acciones que el Congreso emprenda contra la UASLP de cara a la definición del presupuesto.

Si por una ausencia se pusieron así, no descartemos que le busquen meter tijera a los recursos de la universidad por el simple hecho de que no les dejaron montar su numerito como ellos querían.

De ese tamaño lo que está en juego y la sed de revancha de quienes se dicen ofendidos.

Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Astrolabio.

Es Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Maestrando en Estudios sobre la Democracia y Procesos Electorales en el posgrado de Derecho de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Ha trabajado como reportero y columnista en los medios digitales La Orquesta y Arco Informativo; actualmente es jefe de información de Astrolabio Diario Digital. Ha sido acreedor de dos premios estatales de periodismo en las categorías de Artículo de Fondo y Periodismo Regional.