Astrolabio

Por Victoriano Martínez

Los meses de abril y mayo de este año que está por terminar fueron una temporada en la que, desde la Sierra de San Miguelito, salieron infinidad de columnas de humo que inundaron gran parte de la ciudad, cual llamado de alerta a una sociedad a la que pasaba inadvertido no sólo el valor paisajístico del macizo montañoso, sino también los servicios ambientales que le presta a la ciudad.

Entonces se generó un ambiente social de preocupación y alarma que desembocó en una postura efectista del gobernador Juan Manuel Carreras López y una repuesta del presidente Andrés Manuel López Obrador, durante el evento público realizado durante la visita presidencial del 24 de mayo en la Plaza de los Fundadores.

“Le pedimos que nos eche la mano”, le dijo Carreras López a López Obrador tras mencionar los incendios en la Sierra y la urgencia de proteger esa área. Fue cuando, como respuesta, el presidente de la República lanzó la advertencia de que “la Sierra de San Miguelito no se toca”.

A partir de ahí, la atención se centró en la Alianza por la Ciudad y los trabajos de elaboración del Programa Municipal de Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano (PMOTDU), los cinco talleres realizados en el Instituto Municipal de Planeación (IMPLAN), y la convocatoria a consulta pública publicada el 23 de diciembre con el documento sometido a la opinión de los habitantes de la ciudad.

Un periodo en el que quedó registro de un intento de Carreras López, aún latente, de tocar la Sierra con la prolongación de Avenida Juárez al Eje 140 de la Zona Industrial, más de 10 kilómetros de carretera, con una Manifestación de Impacto Ambiental que reconoce daños ecológicos irreversibles.

También se conocieron los proyectos inmobiliarios por parte de distintos desarrolladores, entre los que destaca Las Cañadas, sobre dos mil 68 hectáreas sobre las que se pretenden vender 9 millones de metros cuadrados en lotes y pavimentar tres millones de metros cuadrados, que representan un recubrimiento que aceleraría las avenidas de agua sobre la ciudad.

No es gratuito que en el PMOTDU, hoy puesto a consulta pública, se declare la Sierra de San Miguelito como no urbanizable, pues si en el Atlas de Riesgos 2018 ya se reconoce que el 27 por ciento de la ciudad presenta peligro de inundaciones, con la urbanización de la Sierra ese riesgo se incrementaría considerablemente.

Sólo se trata de uno de los servicios ambientales que la Sierra le presta a la ciudad, definidos en el PMOTDU como retención de agua de lluvia, infiltración de agua al subsuelo y recarga de mantos acuíferos y disminución de la erosión al reducir la velocidad del agua de escorrentía. Hay que agregar los servicios sobre la calidad del aire, preservación de flora y fauna y su valor paisajístico.

Los primeros 38 días de 2020 –tras la consulta abierta desde el 24 de diciembre, en plenas fiestas decembrinas– se convertirán en el momento en el que aquella preocupación y alarma provocada por los incendios de abril y mayo puede tener un cauce para que los habitantes de la ciudad manifiesten su verdadera intención de exigir la protección a la Sierra.

Hoy ya no es el humo de los incendios lo que llama a los habitantes de la ciudad a defender la Sierra de San Miguelito, hoy se trata de convertir aquella preocupación y alarma en participación en la consulta pública sobre el PMOTDU y manifestar por escrito el apoyo a que la Sierra de San Miguelito no se toca.

A siete meses de los incendios, está a prueba la convicción de los habitantes sobre la protección a la Sierra de San Miguelito, porque hoy no se trata de ayudar a apagar el fuego, sino de contribuir a que se establezcan las bases para que el fuego –y otras amenazas como la depredación inmobiliaria– no la vuelvan a afectar… por el bien de la ciudad.

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