Por: Elva Téllez

En el libro La Grieta, escrito por la ganadora del nobel de la literatura en 2007, Doris Lessing, se plantea un matriarcado apegado al mar, las mujeres nacían, crecían, se convertían en madres y morían siempre cerca de la costa; eran fecundadas por la luna y todo lo que necesitaban para vivir lo obtenían del agua.

Existen unas mujeres que con algunos matices bien podrían ser las protagonistas de la historia de Lessing, se les denomina las “Mujeres Haenyeo”.

La historia de Lessing se desarrolla en una isla en alguna parte del mar mediterráneo, donde trascurre la vida de las féminas, realizan sus rituales y pasan la mayor parte de su vida sumergidas.

Las Haenyeo también habitan una isla en Corea del Sur, llamada Jeju, que es la única provincia autónoma en Corea del Sur, de origen volcánico y peculiar geografía, su vida también transcurre dentro del agua, inician a los 15 años y abandonan su oficio cerca de los70 años o más.

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Existen registros literarios de las también llamadas “sirenas” desde el año 1105,  esta actividad derivó en la forma de organización social de la isla, se rigen mediante un matriarcado, donde las Haenyeo se ayudan unas a otras, incluso ha construido un refugio para las mujeres víctimas de la violencia.

Son entrenadas en las técnicas de buceo cuando aún están aprendiendo a caminar, también en aprenden “muljil”, que es la técnica de recolección debajo del agua; su equipo es solo un visor y una bolsa para guardar los caracoles, algas y mariscos que recogen de la superficie marítima, la única condición es “solo llevarse lo necesario para comer ellas y su familia”.

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La historia de Doris Lessing habla de bebés recién llegados al mundo, colocados en pequeñas cestas que se movían en la costa, arrullados por las pequeñas olas, que en sus primeros gateos iban a dar al mar, así las mujeres Haenyeo no se alejan del mar ni cuando están embarazadas.

Ellas son quienes llevan el alimento y sustento a sus hogares, los hombres se dedican al cuidado de los hijos; pero las hay también quienes arrastradas por el fuerte oleaje nunca vuelven a la superficie.

En las últimas décadas la tradición ha disminuido, las mejoras en la economía de las familias permite a las jóvenes estudiar una profesión; en 1950 había casi 50, 000 “sirenas” en Jeju, para 2014 solo había cerca de 4, 500, la mayoría pasaban los 50 años.

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