Por Victoriano Martínez
El de la calidad del aire en la ciudad es un tema de los que más exhibe la indolencia y el poco compromiso de las autoridades para hacer frente a las amenazas que enfrenta la salud de la población y los convierte en tejedores de historias de acciones con las que pretenden proyectar una eficiencia que al final sólo quedan en el aire.
Una historia de acciones que ni siquiera alcanzan a llegar al punto principal para que se definan medidas preventivas y correctivas para revertir los riesgos de una mala calidad del aire: conocer el grado de contaminación del aire.
De la Secretaría de Ecología y Gestión Ambiental (SEGAM) es claro que no se puede esperar más que posturas de su titular, Sonia Mendoza Díaz, y inútiles estimaciones a ojo de buen cubero sobre lo que para cualquiera que se encuentre en la ciudad resulta evidente: los días comienzan con una visible contaminación.
¿De qué sirve que exprese que ella también se da cuenta si no se tiene un diagnóstico preciso y la determinación de las medidas más apropiadas para la protección de la salud, especialmente las personas más vulnerables?
Del ayuntamiento de la Capital es claro que sólo se prolonga el relato con el que pretenden hacerse ver como servidores públicos preocupados por el tema, pero que desafortunadamente no dan una. ¿No se darán cuenta?
Así, un día el alcalde Enrique Galindo Ceballos reconoce que sólo cuentan con entre seis y siete sensores para medir los niveles de contaminación en la capital, cuando se requieren cuando menos 50… y para colmo, las “entre seis y siete” están instaladas en la Unidad Administrativa Municipal.
Otro día se les ocurre hablar de que se contará con tres nuevas estaciones de monitoreo del aire itinerantes, las cuales ya fueron adquiridas y están en proceso de calibración para terminar con que siempre no porque “al moverlos de un lado a otro se perdió la eficiencia y calidad de los datos que generaban”.
Ahora resulta que los monitores de calidad del aire adquiridos por durante la pasada administración 2021-2024 que también encabezó Galindo Ceballos enfrentan serias limitaciones técnicas y operativas, porque “los monitores que la norma mexicana establece para medir la calidad del aire son sumamente complejos de dar mantenimiento y sumamente costosos”.
Ah, pero sólo se trata de un ingrediente del relato construido en el aire sobre la calidad del aire que tiene una salida para que el cuento no pare ahí: el Ayuntamiento trabaja actualmente en un proyecto para implementar monitores de calidad del aire más pequeños, modernos y con validación internacional, específicamente de la Unión Europea.
“La idea es brindarle a la ciudadanía una hoja clara de cómo se encuentra la calidad del aire y que esto permita decidir si las actividades se realizan al aire libre o no”, dijo Jaime Mendieta Rivera. El director de Gestión Ecológica y Manejo de Residuos.
Si la SEGAM descarga la posibilidad de conocer la calidad del aire en que sea consultada en la página del Sistema Nacional de Información de la Calidad del Aire (SINAICA) por contar con un apartado en su sitio Web que no funciona, el Ayuntamiento lleva años con el cuento de su imposibilidad (¿negligencia?) para siquiera poder medirlo.
Claro, Galindo Ceballos no duda en declararse consiente sobre lo alarmante y lo riesgosos que son las emisiones contaminantes, pero a lo más que llega es a presumir adquisiciones de equipos que al final no sirven, y anunciar nuevas adquisiciones hasta con tecnología europea que ¿llegarán a servir para algo más que hacer como que sí atiende el tema?




