El nulo compromiso gallardista con la protección a la Ruta Wixárika

Por Victoriano Martínez

Cuando en julio de este año se inscribió la Ruta Wixárika por los sitios sagrados hasta Wirikuta en la lista del Patrimonio Mundial de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) se estableció la necesidad de crear una Unidad de Gestión para aplicar medidas urgentes, y de corto, mediano y largo plazo.

“Nos motiva para seguir trabajando en la conservación, preservación, protección de nuestras raíces, cultural y de nuestros pueblos indígenas”, aseguró el gobernador Ricardo Gallardo Cardona, al comentar la inscripción de la Ruta Wixárika por la UNESCO.

Han pasado más de cinco meses, y todo indica que la motivación de la que habló Gallardo Cardona no resultó suficiente para que ya se hubiera movido para integrar la Unidad de la que se habla en el Plan de Gestión Integrada, Conservación y Salvaguardia 2024 – 2030 para la Ruta Wixárika por los sitios sagrados hasta Wirikuta.

En ese Plan se establecen como urgentes “acciones de conservación ambiental relacionadas con el saneamiento de cuerpos de agua y la recolección de residuos sólidos” en la Ruta Wixárika.

Una urgencia que tiene que ver con la sobreexplotación del acuífero Vanegas-Catorce y las consecuencias de la extracción de más agua para la agroindustria que provocan el deterioro de una relación simbólica milenaria entre el agua, la tierra y la espiritualidad que sostiene la cosmovisión Wixárika.

“El acuífero Vanegas–Catorce, clasificado oficialmente por la Comisión Nacional del Agua como sobreexplotado, presenta un déficit promedio anual de 7.9 millones de metros cúbicos, una cifra que excede su recarga natural y evidencia un desequilibrio estructural entre extracción y reposición”, advirtieron los investigadores José Luis Silván Cárdenas y Tunuari Roberto Chávez González.

En el documento Cuando la noche vuelve al desierto: el camino al colapso hidrológico en Wirikuta, los investigadores proponen una moratoria efectiva de concesiones y en el reconocimiento de Wirikuta como zona de salvaguarda hidro-cultural, así como el reconocimiento del acuífero como sujeto de derecho.

De acuerdo con el Plan de Gestión de la Ruta Wixárika, los gobiernos estatales y municipales deben considerar en sus instrumentos de planificación las necesidades y responsabilidades en torno a la Ruta.

Si ni siquiera se ha considerado la integración de la Unidad de Gestión, ¿el presupuesto estatal y los presupuestos de los municipios involucrados para 2026 contemplarán recursos para avanzar en la atención a los cuatro puntos señalados como urgentes desde julio pasado?

Después del 12 de julio, cuando –fiel a su oportunismo propagandístico– Gallardo Cardona publicó su afirmación de sentirse realmente motivado para “seguir trabajando en la conservación, preservación, protección de nuestras raíces”, el mandatario no ha hecho referencia alguna al tema. Seguro ni se enteró de la urgente necesidad de integrar la Unidad de Gestión.

Sin las medidas necesarias para encausar las medidas urgentes para salvaguardar la Ruta Wixárika en territorio potosino, mucho menos las de corto, mediano y largo plazo, poco se puede esperar de Gallardo Cardona para que promueva que la Ruta sea declarada Área Natural Protegida de carácter federal.

Una más sobre el nulo compromiso del gobierno verde-ecologista con la protección del medio ambiente, incluso vinculado a la preservación de patrimonio cultural.

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