El Realito: ¿Solución hídrica o un espejismo de 20 años?

Dr. Edgar Piña Hernández

A lo largo de las últimas décadas, los habitantes de la Zona Metropolitana de San Luis Potosí hemos escuchado un nombre de forma casi constante: “El Realito”. Se nos vendió como la gran obra de ingeniería que salvaría a la ciudad de la sed, esa fuente de agua superficial que finalmente nos permitiría dejar de “minar” nuestros acuíferos y daría un respiro al subsuelo potosino. Sin embargo, a 21 años de sus primeros estudios técnicos y a una década de haber entrado en operación, la realidad es otra: el acuífero sigue abatiéndose, las fallas en el suministro son el pan de cada día y la gestión del agua parece haberse convertido en un “mercado gris” que pocos entienden y capitalizan, mientras que la mayoría la padecen.

Una promesa que se quedó en el papel

El objetivo central del proyecto, plasmado en el Programa de Modernización del Manejo del Agua (PROMMA) de 2004, era ambicioso: asegurar el agua para el desarrollo socioeconómico, mejorar la calidad de vida y, sobre todo, revertir el deterioro de los recursos hídricos en la zona centro de San Luis Potosí. Se buscaba una “integración física” donde el agua de la presa sustituyera a la de los pozos.

Pero los datos fríos de la CONAGUA cuentan una historia diferente. En lugar de disminuir, la extracción en los tres acuíferos clave (Villa de Arista, San Luis Potosí y Jaral de Berrios-Villa de Reyes) se ha incrementado en más de 37 millones de metros cúbicos anuales entre 2004 y 2023. Es decir, El Realito no vino a sustituir la extracción del subsuelo, sino que se sumó a un sistema que sigue devorando agua a profundidades que ya superan los 800 metros, donde, en algunos casos, el líquido llega cargado de metales pesados como arsénico y flúor.

El “Mercado Gris” y la veda que nadie respeta

Lo más preocupante que revela el estudio del Dr. Edgar Hilario Piña Hernández es la existencia de un “mercado gris” de derechos de agua. A pesar de que nuestros acuíferos están en veda —algunos desde los años 60—, esto no ha impedido que se sigan otorgando y transfiriendo concesionesy generando nuevos acaparamientos en los acuíferos sobre explotados.

Parece haber un dinamismo sospechoso en el rubro denominado como “otros usos” o usos no clasificados (sin datos acerca del pago o no de derechos de agua). Por ejemplo, en el acuífero Jaral de Berrios-Villa de Reyes, este rubro creció un escandaloso 1,186% durante el periodo de operación de ‘El Realito’. Mientras tanto, la medición de los volúmenes de agua extraída en las concesiones es casi nula: se estima que solo el 15% de las concesiones en el estado cuentan con medidores reales según datos de CONAGUA. Sin medición, la veda es una línea pintada en el agua que nadie respeta, facilitando un mercado negro que capitaliza las crisis hídricas para beneficio de unos cuantos que lucran con la venta ilegal de agua.

El costo de la desorganización

¿Por qué falla tanto el sistema? La respuesta es una mezcla de mala calidad en la infraestructura y una gestión fragmentada. El Realito ha operado de forma irregular con fallas constantes en su acueducto; solo en 2023 se registraron al menos 19 fallas que dejaron sin agua a más de 280,000 habitantes.

A esto se suma el abandono del tratamiento de aguas residuales. De las 116 plantas tratadoras en el estado, ¡menos de la mitad funcionan! Sin tratamiento, es imposible hablar de un ciclo sustentable en la gestión hídrica del estado.

El agua se usa una vez y se desperdicia o contamina, mientras dependemos cada vez más del agua del subsuelo, misma que puede tardar miles de años en llegar al subsuelo. Es decir, dependemos de agua fósil que debería ser gestionada como un recurso no renovable por los largos periodos de tiempo necesarios para su infiltración y almacenamiento en el subsuelo y de la cual dependemos 80-90% de la población en la zona centro del estado.

¿Hacia dónde vamos?

El agua no es solo una mercancía; es el soporte de nuestra vida y nuestra industria. El crecimiento inmobiliario desenfrenado, que incluso ha invadido las zonas de recarga en la Sierra de San Miguelito, pone en riesgo el futuro de las próximas generaciones.

Es urgente que El Realito deje de ser visto como una “fuente extra de agua” para nuevos negocios inmobiliarios y se convierta realmente en la herramienta para estabilizar el acuífero del cual dependemos tanto ciudadanos, industria y servicios.

Necesitamos:

  1. Auditorías reales a las concesiones y medición obligatoria.
  2. Fortalecer a los organismos operadores, alejándolos de los caprichos políticosque buscan fragmentarlos para obtener un control aún más discrecional de la gestión del recurso.
  3. Inversión seria en tratamiento de aguas para dejar de depender exclusivamente de la extracción profunda.

Si no tomamos estas medidas, el “espejismo” de El Realito terminará por evaporarse, dejándonos con una deuda millonaria y una ciudad sin futuro hídrico.

Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Astrolabio.